Menú Buscar
Javier Blanco, asesor turístico, exviceconsejero de Turismo del Gobierno Vasco / JB

Javier Blanco: “El turismo en España es resiliente, pero deberá recuperar el equilibrio social”

Exviceconsejero de Turismo del Gobierno Vasco, Blanco reclama cambios estructurales que aseguren un sector "inclusivo" tras la crisis por la pandemia

13 min

Javier Blanco (San Sebastián, 1952) lo sabe todo sobre el sector turístico. Se expresa con modestia, no quiere herir a nadie y mide sus palabras. Lo que señala, en esta entrevista con Crónica Global, es que la industria turística española cuenta con “mucho talento” y que saldrá adelante, pero pide cambios, reclama más “asesores y planificadores y menos especialistas en marketing”, que son los que han alentado un turismo que se ha vanagloriado en los últimos años por el aumento constante del número de turistas que llegaban a España. Blanco fue viceconsejero de Turismo del Gobierno Vasco, y participó en la exitosa campaña Ven y cuéntalo. Fue gerente del Patronato de Turismo de Huelva y directivo de la Organización Mundial del Turismo. Y acaba de publicar Antes de pulsar el botón de reinicio. Retos de la reconstrucción del turismo global tras la Covid-19 (Conciencia-Ecodes). Con serenidad, pero con contundencia señala que “El turismo en España es resiliente, pero deberá recuperar el equilibrio social”.

--Pregunta: El libro le cogió a medio camino, con la pandemia del Covid. El sector turístico en España, ¿ya estaba en una situación límite antes de la pandemia y ahora se agravan los problemas?

--Respuesta: El libro estaba orientado para comprender bien el sector, para que yo mismo lo acaba de interiorizar, con cuestiones que ya eran visibles: ha habido un exceso turístico, que ha generado conflictos, con vecinos, con viviendas turísticas, con afectaciones medioambientales. Creo que no había que ser muy despierto para ver esos impactos sobre el edificio turístico. Y llegó el Covid, que puede provocar un momento propicio para organizar respuestas y analizar nuestras posibilidades.

--¿Estábamos en el límite, con más de 80 millones de turistas alcanzados el pasado año?

--No sé si al límite, pero entiendo que se acercaba, que sí, que estábamos en la frontera. Sin embargo, no se entendía de esa forma, no era la visión mayoritaria que se tenía. Había cierta inercia y una especie de mirada complaciente con la situación, con todo lleno, con los negocios funcionando. Ahora, claro, eso resulta incomprensible.

--El sector, ¿depende en exceso de touroperadores, como los británicos?

--Eso se estaba corrigiendo, ya no era mayoritario. Existe todavía, pero el llamado turismo independiente también tiene un gran peso.

--¿Se estaban haciendo los deberes, por tanto?

--Si, se iba corrigiendo, como decía antes, aunque hay un determinado turismo en determinados destinos, como las islas.

El sector del turismo reclama al Gobierno que actúe para recuperar la confianza en el mercado / EP
El sector del turismo reclama al Gobierno que actúe para recuperar la confianza en el mercado / EP

--España está entre los tres grandes países turísticos más potentes del mundo. ¿Lo puede seguir siendo en los próximos años, aunque debamos considerar también qué se entiende por países potentes?

--El estar en los rankings en la llegada de turistas internacionales es un punto de vista que no digo que sea malo, pero es insuficiente para analizar las fortalezas. He participado en la Organización Mundial del Turismo, y he visto cómo muchos países se volvían locos por salir entre los diez primeros, y cómo era una desgracia dejar de aparecer en ese ranking. Pero yo creo que la fortaleza está en saber qué dirección correcta se debe seguir, en cómo se puede gobernar el sector, y cómo puede responder a crisis profundas. Y es potente cuando es capaz de conducir el sector hacia el equilibrio con sus ciudadanos, cuando sabe cómo manejar los cascos históricos de sus ciudades, y cuando logra beneficios sociales e inclusión social, y cuando se preocupa de verdad por los impactos ambientales. Y todo eso hay que afrontarlo sin maquillajes. Por eso, el turismo en España es resiliente, pero deberá recuperar el equilibrio social y también ambiental”.

--¿Cree que al turismo español le falta seguridad cuando quiere competir por precios, cuando vende, por reducirlo, como apunta el economista Miquel Puig, un gin tonic barato, en comparación con los precios altos de otros países por el mismo gin tonic?

--Es un debate que se debe tener y afrontar, pero yo no sería fundamentalista sobre eso. El sector está muy atomizado, y la idea de la calidad, sobre los turistas que más gastan o la calidad de los destinos, esconde muchos significados. Siguiendo con el ejemplo, no sé qué precio debe tener el gin tonic, pero al haber participado en la gestión pública, estoy interesado en modelos equilibrados que puedan crear beneficios para todos, con políticas asentadas y con una colaboración público-privada. El problema central, para mí, es que no se queden descolgados muchos ciudadanos del sector, que puedan pensar que el turismo sólo precariza o expulsa ciudadanos de los casos históricos. Los precios tienen su importancia, claro, pero estoy convencido en que cada empresa sabrá actuar, y que no se trata de un problema español, como si fuera algo genérico.

--¿El problema es el peso enorme del sector turístico en el PIB, de casi un 14%?

--Es cierto que eso es un peso muy alto. La aportación es enorme, de las más altas en los países de la OCDE. Está bien cuando se viven situaciones buenas, pero ahora es dramático. Y eso nos sirve como lección para aprender. La crisis nos va a hacer mirar en el espejo y yo no soy pesimista. Repito que el sector es resiliente, y hay mucho talento y gente preparada. Sin embargo, tenemos que demostrar que hacemos las cosas bien y que se puede mejorar.

Las Ramblas de Barcelona con escaso turismo / EP
Las Ramblas de Barcelona con escaso turismo / EP

--Se podrá mejorar, pero ahora ese sector es el 14% del PIB y pide un rescate. ¿Cómo actuar a corto plazo?

--Es evidente que hay muchas personas incluidas en ERTE, y que no sabemos cómo van a salir. Hay que intentar que el tejido productivo, basado en pimes, no salga dañado y confío en que esa colaboración público-privada ayude y se pueda colgar todo el sector de ese plan nacional de transformación del que ha hablado el presidente Pedro Sánchez.

--Usted habla en el libro de que hay planes, de que se han elaborado, pero que luego no se cumplen. ¿Es ese el problema?

--Sí, no se cumplen, porque no hay gusto por la planificación, por los proyectos. Lo bonito es decir el número de visitantes, o cómo hemos triunfado en una determinada feria. Los planes exigen mirar hacia dentro, y al turismo le gusta mirar hacia fuera. He sido gestor en el País Vasco y en Huelva y recuerdo la distancia que se creaba respecto a los planes estratégicos. Necesitamos más promoción, me decían, y menos planes. Pero hacen falta más analistas y no tantos especialistas en marketing. Todo eso se debe reformular ahora, de forma urgente, y repito que sin maquillajes.

--¿Tenía razón, entonces, el ministro Garzón, aunque pudo ser poco oportuno?

--No soy portavoz de ningún ministro y no me toca enjuiciar a nadie. No estuvo oportuno, en todo caso, en un momento de ansiedad colectiva, con muchos menos turistas, aunque puedo entender lo que intentaba explicar.

--¿Puede realmente retroceder el turismo en España hasta niveles de los ochenta o noventa?

--Habrá que ver las cifras en diciembre, de cómo se cierra el año, pero confío en el saber hacer del sector turístico español, de muchas personas con talento. Tenemos a muy buenos profesionales, y se ha avanzado mucho en tecnología, aunque quede todavía un buen trecho. La prueba de que se han hecho cosas bien, y constata por qué llevamos tantos años liderando a nivel mundial, es lo que señalaba Mario Gaviria sobre Benidorm. Lo defendió sin disimulo, pese a las críticas, y luego se ha visto que es un modelo de éxito mundial. ¿Cuándo vamos a reconocer el sector?, se preguntaba. Todo eso sin orillar los problemas estructurales que también existen.

--¿Habrá un cambio en la conciencia social sobre el viaje, el retroceso de las largas distancias, o volveremos en poco tiempo a la situación anterior, cuando tengamos una vacuna para el Covid?

---Creo en la recuperación, pero entiendo que habrá más sensibilidad, y también en el conjunto de los sectores públicos, con 17 autonomías que tienen la competencia exclusiva. Esa fragmentación no ha sido un lastre para el crecimiento, pero creo que debe haber una reformulación de objetivos, de herramientas, que llegará con la transición ecológica y digital, pese al avance realizado en los últimos años.

--¿Es el País Vasco un modelo, con un peso menor del turismo en el conjunto de la economía vasca?

--El turismo no es nuevo en el País Vasco. Las primeras corrientes turísticas hablan de San Sebastián y de la costa y de Cantabria. Pero se apagó bastante con el franquismo y con la violencia terrorista. El turismo sin seguridad es complicado. Afortunadamente se ha superado y, pese a problemas de hacinamiento, de subida de precios en los centros de las ciudades, es cierto que la economía vasca está más diversificada y eso permite una mejor gestión. Ahora hay que ver cómo se mitiga la pandemia.

--¿Deberá haber un replanteamiento también de los pisos turísticos, con empresas como Airbnb?

--Cambios habrá, claro. Airbnb dice que aporta beneficios sociales, que el turismo llega a barrios distintos y más diversos. Es un discurso de rentas sociales. Pero el modelo ha quedado tocado. Según Hacienda hay 120.000 pisos turísticos. Yo soy partidario de que existan, pero haciendo los deberes: contribuir a la riqueza, pero contribuir también fiscalmente. No veo que se produzca nada nuevo. Habrá una transición difícil, pero los pisos turísticos seguirán existiendo.