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El economista Daniel Lacalle, autor de 'Libertad o Igualdad' en la entrevista con 'Crónica Global'

Daniel Lacalle: “En España hay poquísimos ricos”

El economista, autor de 'Libertad o Igualdad', señala que en España la tributación ya es "alta" con las clases medias y altas y que un impuesto a los ricos "no tiene ningún sentido"

22 min

Daniel Lacalle (Madrid, 1967) habla con precisión, baja la voz y la levanta a continuación cuando encuentra el dato que estaba buscando en su cabeza. Es economista jefe de Tressis y profesor del IE Business School y del IEB. Está en Madrid, pero buena parte de su trabajo profesional lo desarrolla en Londres. Asesora al PP, pero Lacalle, uno de los economistas con más ascendencia en España, muestra con toda su libertad sus postulados. Acaba de publicar Libertad o Igualdad (Deusto), donde deja constancia de su total confianza en el sistema capitalista, que diferencia del capitalismo de “amiguetes”. En esa entrevista con Crónica Global ataca al “populismo de ultraizquierda”, y señala con contundencia: “En España hay poquísimos ricos”. Lo sustancia con claridad con datos: en toda España el número total de contribuyentes que ganan más de 150.000 euros al año asciende a 99.582 personas, que equivale al 0,5% del total; con menos de 9.500 contribuyentes que ganan más de 600.000 euros al año y con menos de 7.000 ciudadanos considerados “grandes patrimonios”. Después hay unas 600.000 personas que ganan más de 60.000 euros, y a esos “les llaman ricos”. Son los números de la Agencia Tributaria, y con ello Lacalle considera que el impuesto a los ricos que quiere implementar Pablo Iglesias “no tiene ningún sentido”.

--Pregunta: La batalla política en España se centra en el debate sobre la desigualdad, con el Gobierno de coalición que preside Pedro Sánchez. El argumento central es que la desigualdad ha crecido en España. Usted sostiene que no, que la realidad es otra y lo defiende en su último libro Libertad o Igualdad.

--Respuesta: La desigualdad en sí misma no es el objetivo o el problema central. La igualdad es una consecuencia del crecimiento del empleo y del progreso. Si te obsesionas en la consecuencia, no consigues nada, ni la igualdad ni el crecimiento ni el progreso. Por lo que se debe luchar es por la igualdad de oportunidades, y el capitalismo busca eso y por ello lo defiendo en el libro. El igualitarismo es el odio al mérito y a la recompensa. En el socialismo lo que se consigue es la igualdad en la miseria. Lo importante es centrarse en el crecimiento, en la prosperidad y el empleo y luchar contra los cantos de sirena de los que prometen igualdad y lo que hacen es igualar a la baja.

--Por tanto, a su juicio, quien busque esa igualdad ¿no promueve el progreso?

--No sólo eso. Lo que promueves es la indolencia y la falta de interés en mejorar.

Daniel Lacalle da su visión para 'Crónica Global' / CG
Daniel Lacalle da su visión para 'Crónica Global' / CG

--¿Es un mal de España, esa falta de promoción de la riqueza, a su juicio?

--No, en España la gente lucha por conseguir sus objetivos, por sacar adelante sus proyectos, a pesar de los escollos del Gobierno. Nos debemos fijar en cómo salió España de la crisis de 2008, a través de las exportaciones. Eso demuestra el esfuerzo de la sociedad española.

--¿A pesar del Gobierno?

--Totalmente

--¿Por tanto, hay en España igualdad de oportunidades?

--Yo soy un ejemplo de ello, con una carrera universitaria en una universidad pública y una carrera profesional exitosa. He buscado lo que deseaba y he tenido una paleta de oportunidades a mi disposición.

--¿Entones, si se quiere en España se puede lograr?

--España es un país en el que mucha gente piensa que no hay oportunidades, porque se considera que éstas deben aparecer por ciencia infusa. Se considera que, por tener una carrera universitaria o unos estudios, ello debe llevar a una remuneración y a un empleo. Pero hace falta esfuerzo. España ofrece estupendas oportunidades, pero es que Europa y el mundo están abiertas también para los españoles. Y eso es lo que a veces no se tiene en cuenta.

--Usted defiende un capitalismo “social”, es decir, que sea la sociedad la que tire del carro.

--Claro, porque muchos de los fallos del capitalismo que se repiten en los medios de comunicación o en el debate político son características del estatismo, de algo que no es meritocrático, que depende del poder político. Y por lo que yo abogo es por recuperar el capitalismo que se basa en la meritocracia y que genera mayores niveles de prosperidad y de crecimiento.

--¿El modelo que se debe seguir es el de los países nórdicos? ¿Se equivoca la izquierda interpretando lo que han implementado esos países?

--En la mayoría del debate político se habla de ellos desde el desconocimiento. No tienen nada que ver con el socialismo. Y todo tiene que ver con la iniciativa privada, con un sistema capitalista claro. Tienen cosas buenas y otras que no son ideales, pero cuando el socialismo habla de ellos es porque sabe que, desde el propio socialismo, no hay nada que ofrecer.

--¿Está pensando en un mercado de trabajo muy flexible en comparación con España?

--Sí, y porque no se cuestiona la propiedad privada. Hay una fuerte desigualdad de la riqueza, porque entienden que es importante que haya riqueza para poder distribuir después, y porque se cree que no se debe imponer por parte del poder político, y sí por parte de la sociedad.

--¿Está a favor del Ingreso Mínimo Vital, aprobado con la abstención del PP?

--No es que esté a favor o en contra, es que me parece una utilización demagógica del término. Se muestra como un invento de Podemos cuando ya existe en las comunidades autónomas. Pero lo que hay que decir es que tiene una incidencia muy baja entre los más desfavorecidos. Hemos visto experiencias que no han sido satisfactorias, como el PER o la renta mínima de inserción.

 

 

Daniel Lacalle responde a las preguntas de' Crónica Global' / CG

--¿Mejor si fuera temporal?

--El problema es que las medidas temporales se acaban transformando en perennes. En cualquier caso, no es de lo que deberíamos estar hablando ahora. Deberíamos ver cómo lograr el mayor crecimiento tras la crisis del Covid, no en cómo repartir una ayuda que ya existía.

--Porque, ¿se abre una oportunidad para España, a partir de esa crisis, para destinar bien los recursos que se reciban de la Unión Europea?

--Se debe aprovechar esas ayudas para mejorar uno de los grandes problemas de España: la bajísima digitalización de las empresas y su propia modernización. Y eso se puede conseguir con el fondo de la Comisión Europea.

--¿Para dimensionar esas empresas, que en su mayoría son medianas y pequeñas empresas?

--Eso es difícil, porque las ayudas van a llegar a empresas que podrían ser absorbidas por otras.

--Una de las cuestiones que se debaten es que es injusto que Alemania aproveche su mayor capacidad fiscal para ayudar masivamente a sus propias empresas.

--Bueno, creo que no nos podemos quejar por ello. Si un país que lleva dos décadas con fuertes ajustes ayuda ahora a sus empresas, ¿por qué es injusto? No, al contrario. A lo mejor un ciudadano alemán piensa que España lleva dos décadas tirando de deuda y no fortalece a sus propias empresas. Es un debate falso. Nadie puede negar el trasvase de solidaridad de los países del Norte de Europa al Sur. Y no podemos criticar que la hormiga que ahorra para el invierno ayude ahora que tiene más recursos a los suyos.

--Porque, a su juicio, ¿Qué principal reforma debería abordar ahora España, con la crisis que se viene encima tras la Covid?

--La principal es hacer más eficiente y más procíclico el gasto público.

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El economista Daniel Lacalle

--Eso enlaza con lo que defienden algunos economistas situados en el campo de la izquierda, como el Nobel Jean Tirole.

--Sí, pero Tirole parte de una equivalencia falsa. El objetivo de los políticos es maximizar el presupuesto. Cuando Tirole dice que ese gasto público sea más eficaz, lo que deja de lado es el propio objetivo del poder público: no quiere ahorrar, lo que quiere es maximizar el presupuesto. Si tiene 1.000 millones de euros para políticas sociales, intentará gastar 1.100 millones, no 600. El argumentario de Tirole es interesante, pero es utópico. La única forma de forzar al sector público para que sea eficiente es a través del control presupuestario. Y no se trata de una cuestión relacionada con la maldad, sino porque sus baremos de control y de gestión no pueden ser los mismos. Repito que el objetivo del poder político es maximizar el presupuesto.

--¿Entonces el problema es político?

--Si al político le dices que no tiene límite para el gasto, no incorporará ningún límite. Si le dices que no priorice, que se olvide del presupuesto, el gobernante deja de ser administrador y gestor del presupuesto.

--Por tanto, no hay una demanda para que se gaste menos.

--Claro que sí la hay. Si pides a las personas qué problemas tienen, te dirán que uno principal son los políticos, que no paran de gastar y gastar. No es cierto que no haya una demanda. Otra cosa es que se ignore esa demanda. En España ganó las elecciones el PP por mayoría absoluta con una petición de control del gasto. Los partidos de izquierda, cuando hay elecciones, se callan ante la idea de subir los impuestos a los ricos, porque saben que no se hace nada con eso. Nadie se presenta en las elecciones diciendo que quiere subir los impuestos y tener más burocracia. El problema es que la izquierda dice que subirá los impuestos, pero no dice que los pagarán los miembros de la clase media.

--El problema fiscal en España, entonces, ¿cuál es? ¿Una base pequeña que debería ampliarse?

--Los números son indicativos. No debería existir un debate sobre el modelo fiscal. En España hay poquísimos ricos y poquísimas empresas grandes, y eso hace que los populistas sólo se puedan centrar en dos o tres casos de ricos. Y, luego, la mayoría de ingresos tributarios, llegan desde las grandes empresas y de la clase media-alta. Son datos. Y luego te puedes inventar el argumentario populista de la ultraizquierda, pero lo datos son claros: pocas empresas grandes y las que hay son pequeñas a nivel global, y con muy pocas rentas altas. Cuando se habla de cobrar a los ricos, lo que se debería decir es que se cobrará a las clases medias. Y lo increíble es que se caiga en la trampa. Cuando escucho a gente que se queja por ello, de que “siempre pagamos los mismos”, pienso que prima la ignorancia o la falta de responsabilidad.

 

 

Daniel Lacalle durante la entrevista con 'Crónica Global' / CG

--Por tanto, ¿hay que ampliar esa base tributaria, que es muy pequeña?

--Es una evidencia. Una base pequeña, con beneficios empresariales pequeños. Estamos cayendo en la llamada paradoja argentina: obsesionarse en subir impuestos, con lo que cada vez se recauda menos, y tirar, de nuevo, de los ingresos de la clase media.

--¿Se doblega en España la curva de Laffer?

--No, nunca ha sido el problema de España la curva de Laffer. Y se lo he dicho muchas veces a los totalitarios arrogantes. El problema es de tamaño empresarial, de economía sumergida y de alto paro. La curva de Laffer está orientada a economías que, en equilibrio, al añadir más o menos impuestos, generan más o menos ingresos. El propio Laffer lo ha dicho. No es ese el problema en España, que se centra en el altísimo paro estructural.

--¿Hay impuestos confiscatorios en España? ¿Una familia con 100.000 euros de ingresos que pague más del 30% en impuestos es confiscatorio?

--Una pareja con 100.000 euros de ingresos paga mucho más que el 30%. Llega casi al 50% entre todos los impuestos, con cuotas sociales, impuestos indirectos, impuestos al ahorro o al patrimonio. Una familia con esos ingresos se pasa pagando impuestos prácticamente la mitad del año. Es confiscatorio.

--Entonces, siguiendo su esquema, ¿el problema en España se centrará, de nuevo, como en la anterior crisis, en las clases medias?

--Sin duda, pero se cae continuamente en el timo de la historia de la tributación. Viene un señor y dice que va a cobrar mucho a alguien que no eres tú, y te lo crees. Casi te mereces lo que te pase. Cuando se dice que la factura la pagará Amancio Ortega eso quiere decir que la pagarás tú. España ya tiene una fiscalidad progresiva, y una alta tributación para rentas altas y empresas. Y no va a mejorar con el argumentario extractivo que nos vende el populismo ahora.

--Pero hay margen en los impuestos indirectos.

--Bueno, esa es la clara diferencia con los países nórdicos, que tienen un altísimo IVA. Los impuestos indirectos son mucho más altos que aquí.

--Pero hay una convención que señala que los indirectos son impuestos de derechas.

--No son ni de derechas ni de izquierdas. Todos deben ser el reflejo del pago de unos servicios. Si acordamos unos servicios excelentes y los queremos mantener y que la administración es excelente y competitiva, a lo mejor aceptamos más impuestos directos e indirectos. Pero la mayoría de la izquierda no quiere eso. Lo que propone es un cuento de la lechera basado en la envidia que señala que unos pocos y unas pocas empresas servirán para mantener todos los chiringuitos.

--¿Entonces el impuesto que propone Pablo Iglesias a los ricos?

--No tiene ningún sentido. Ya está el del Patrimonio, con poca capacidad recaudatoria y efecto negativo sobre la inversión, el empleo y la atracción de capital.

--Pablo Casado abogaba, antes de la crisis del Covid, por la bajada de impuestos. ¿Debe ser ese el camino?

--Claro, es que hay una fiscalidad no competitiva. A menos de dos horas tenemos a Portugal, con una fiscalidad mayor, y con un gobierno de izquierdas. Es mucho más atractivo para una empresa y para un particular. Curiosamente, ahora, la izquierda española no mira a Portugal, después de ponerlo como modelo, con su gobierno de izquierdas. No se habla de ello. Tampoco de otros países como Grecia, que, con la pandemia, lo han hecho mejor.

--Casado, entonces, ¿debe oponerse al Gobierno español, en un momento tan delicado como éste?

--Para mí lo que hace es lo que tiene que hacer: situarse radicalmente en la oposición en contra de las medidas del Gobierno, que no coordina nada con los agentes económicos. Hay que ponerse en el polo opuesto, porque van a fracasar. La lealtad se tiene con un país, no con un partido.

--Usted representa la apuesta por la economía de la oferta. Pero la llamada revolución que llevó a cabo Reagan fracasó: menos impuestos supuso más déficit y más deuda. Lo señaló David Stockman, uno de los apóstoles de la revolución de la oferta, junto con Laffer.

--No fracasó, para nada. Lo que ocurrió es que el gasto no se redujo por una decisión administrativa, porque había un objetivo político, que era aumentar el gasto en Defensa para poner en un brete a la Unión Soviética. Y, además, Estados Unidos sabía que había una demanda global de dólares. No existe otra moneda fiduciaria que le haga sombra. Y lo pudo hacer porque tiene varios pilares fundamentales: la defensa de la propiedad privada y la seguridad jurídica inversora. Lo digo porque, después, todos los presidentes de Estados Unidos han adoptado las mismas políticas económicas, con Clinton, que tiene mejores resultados porque reduce el gasto en Defensa, y porque ingresa mucho más a causa de la burbuja tecnológica. Sí creo, en todo caso, que es un error de la Administración Trump que aumente los gastos y baje los impuestos. Pasó en España, con los gobiernos de Mariano Rajoy. Se bajaron impuestos, tras la recuperación de la crisis, pero las comunidades autónomas no redujeron el gasto, al revés.

--¿Puede llegar en Europa un ‘momento Hamilton’ –un Tesoro único-- tras el acuerdo del fondo de la Comisión Europea?

--Lo veo lejos. El gran déficit de la Unión Europea es que tiene como pilar fundamental el gasto público. Todo lo demás es secundario. Mi crítica a los distintos planes, como el plan Juncker, que fracasó, es que son estímulos dirigidos políticamente, con objetivos políticos, que terminan generando más endeudamiento. Y Europa ni tan sólo se ha presentado en la batalla por el liderazgo tecnológico.

 

 

Daniel Lacalle comenta su opinión con 'Crónica Global' / CG

--¿Juega a la defensiva?

--Sí, es eso. No toma una posición de liderazgo. El problema es que está en medio de dos potencias, Estados Unidos y China, que tienen dos estrategias: la demanda global de dólares y la atracción para invertir; y, en el caso de China, la posibilidad de tener sujeta a la población para garantizarse el control de costes. Europa está atrapada entre esos dos polos.