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Los catalanes se libran de una sanguijuela

Gonzalo Baratech
8 min

El gigante madrileño de construcción y servicios Acciona, feudo del clan Entrecanales, no atraviesa su mejor momento. En apenas diez días, ha sufrido dos mazazos. Por orden cronológico, el primero es el revolcón del Tribunal Supremo en el caso Aigües Ter-Llobregat (ATLL), la empresa de agua en alta que abastece a más de media Cataluña. El segundo, el fuerte desplome del beneficio de la propia Acciona en 2017, acompañado de un festival de mamandurrias por parte de los dos primeros ejecutivos. 

Vayamos por partes. El escándalo ATLL se remonta al año 2012, cuando Artur Mas privatiza el negocio del agua potable. Es la operación de más bulto en su género que haya acaecido nunca en Cataluña.

A la sazón, Mas anda agobiado. La Generalitat sufre graves estrecheces de tesorería. Encuentra una válvula de escape con la adjudicación de ATLL a Acciona, que le proporciona pingües ingresos. Pero en el proceso de la puja, los acólitos de Mas incurren en groseras irregularidades. Interviene el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y sentencia que la concesión es nula de raíz. El Tribunal Supremo ratifica ahora la resolución en todos sus puntos.

Tras el doble fallo, la Generalitat viene obligada a resarcir a los de la meseta con 308 millones. Luego irán cayendo otras reclamaciones. De modo que el entuerto va a costar un auténtico dineral a los contribuyentes catalanes.

Además, la funesta privatización ya ha surtido efectos directos en la misma línea. Ocurre que el coste del metro cúbico de agua se ha disparado como un cohete desde las martingalas de 2012. En este intervalo ha pasado de 0,62 a 0,79 euros, es decir un 27% más. De tal calibre es el “regalo” de las huestes de don Artur a los abonados indígenas.

Los beneficios de Acciona en 2017 experimentaron un desplome del 37%, lo que va a impactar de lleno en el bolsillo de la masa de los inversores, pues acarreará un recorte irremediable del dividendo

En cuanto a los beneficios de Acciona, se ha hecho público que en 2017 experimentaron un desplome del 37%. Tal descenso va a impactar de lleno en el bolsillo de la masa de los inversores, pues acarreará un recorte irremediable del dividendo.

Los resultados del coloso son malos sin paliativos. Pero todavía pueden empeorar, pues la entidad ha de eliminar de sus activos los más de 1.100 millones en que ATLL está valorada. Pese al derrumbe de las ganancias, el presidente de la casa José Manuel Entrecanales Domecq tuvo la jeta de meterse en la cartera una paga estratosférica de 14,7 millones, el triple que el año anterior.

Su primo hermano y vicepresidente Juan Ignacio Entrecanales Franco se asignó 6,9 millones, con una subida también cercana al triple.

En el consejo ocupa plaza desde 2009 el barcelonés Fernando Rodés Vilá, quien a la vez preside tan campante el diario independentista Ara, regado a destajo con subvenciones públicas y publicidad institucional del Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona, la Generalitat catalana, la valenciana y el gobierno balear. Rodés ingresó 140.000 euros por asistir a las nueve reuniones del consejo del consorcio madrileño.

Por lo demás, no es intempestivo recordar que la saga de los Entrecanales ocupa un lugar muy relevante en la historia de los grandes pelotazos nacionales. No en vano, protagonizó los de Airtel y Endesa, que en su día fueron los más cuantiosos de los anales hispanos.

Airtel nació para optar a una licencia de telefonía celular que sacó a concurso el ministro de Transportes de la época, Josep Borrell. Los principales socios fundadores de la compañía fueron Vodafone y British Telecom, los bancos Central Hispano y Santander, y las eléctricas Fecsa y Unión Fenosa. A ellos se sumaron Acciona; Corporación Alba, de los hermanos March; la holding Torreal, del financiero y terrateniente Juan Abelló; más varias cajas de ahorro.

Menos mal que la Justicia ha arrebatado la presa a los codiciosos agiotistas. Ha frustrado así su pretensión de sangrar a modo a los catalanes un servicio tan básico como el agua

La licencia entrañaba por vez primera la ruptura del férreo monopolio de Telefónica. Se adjudicó a Airtel a finales de 1994, contra pago de un canon de 510 millones de euros y el compromiso de invertir otros 900 millones en los años siguientes. 

Airtel echó a andar justo cuando el globo de la tecnología y las telecomunicaciones se inflaba a escala mundial hasta límites insospechados. El mercado llegó a atribuir a Airtel entera un precio de 24.000 millones. Sobre la base de dicho valor, la multinacional británica Vodafone fue comprando los lotes de los demás accionistas y tomó el control completo a comienzos de 2000. Acciona le cedió su paquete por la fruslería de 2.650 millones.

Semejante petardazo palidece ante el que la misma empresa dio en Endesa. Lo ultimó en febrero de 2009, tras una larga batalla de opas sobre la eléctrica. En ellas hubo de todo, y nada bueno. Los Entrecanales transfirieron su 25% a la italiana Enel. Se llevaron al zurrón, entre efectivo y en especie, la friolera de 11.100 millones.

El objetivo de los prebostes de la Villa y Corte en ATLL no consistía en propinar un rápido “pase” a terceros y embolsarse la plusvalía pertinente. Simplemente se proponían exprimir a los cautivos abonados, como si fueran un limón, hasta la última gota de su pulpeja, durante el medio siglo de la concesión. A las pruebas me remito: en sus cinco años de mando, han encarecido las tarifas un 27%.

Menos mal que la Justicia ha arrebatado la presa a los codiciosos agiotistas. Ha frustrado así su pretensión de sangrar a modo a los catalanes un servicio tan básico como el agua. La moraleja es obvia. Todo parecido de los Entrecanales con las hermanitas de la caridad semeja mera coincidencia.

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¿Quién es... Gonzalo Baratech?
Gonzalo Baratech

Baratech forma parte de una estirpe periodística catalana de larga tradición. Licenciado en Administración de Empresas por la European University y máster en Social Media Branding & Digital Strategy por La Salle-Universidad Ramón Llull, es coautor del libro Mas-Colell, el ‘minessoto’ que fracasó en política, de reciente publicación. Ha colaborado en Economía Digital y con anterioridad en La Vanguardia Digital y el diario Avui.