Elvis Costello, en una actuación / VÍCTOR DÍAZ LAMICH (WIKIMEDIA COMMONS)

Elvis Costello, en una actuación / VÍCTOR DÍAZ LAMICH (WIKIMEDIA COMMONS)

Músicas

Elvis Costello

Sus tres primeros álbumes son sensacionales, llegué a rayarlos de tanto que los escuché y me alegraron los últimos años 70

15 marzo, 2021 00:00

Mi primera visita a Londres, en el verano de 1977, coincidió, musicalmente hablando, con el breve resplandor del punk y los primeros pasos de lo que se denominó new wave (nueva ola). Elvis Costello acababa de publicar su primer disco, My aim is true, y yo me lo compré en el HMV de Oxford Street obedeciendo a dos razones de peso: una crítica positiva leída en el semanario New Musical Express y la portada del álbum, en la que se veía a un mequetrefe con chaqueta, corbata, vaqueros y gafas a lo Buddy Holly que era lo menos agresivo y rockero que uno hubiese visto nunca. El nombre del artista, inevitablemente, debía ser un seudónimo para el que hacía falta mucho cuajo: usar el nombre del rey del rock teniendo esa pinta de tirillas burocrático lo interpreté como algo que no estaba al alcance de cualquiera. Cuando volví a Barcelona y puse el vinilo en el tocadiscos, comprobé que el New Musical Express tenía razón y que mi corazonada había sido generosamente recompensada: todas las canciones de My aim is true me parecieron buenísimas entonces y me lo siguen pareciendo a día de hoy, aunque ahora ya no me propulse hacia las pocas tiendas de discos que quedan para hacerme con el nuevo álbum del señor Costello: un buen día tuve la impresión de que el segundo Elvis producía a un ritmo exagerado y que las canciones se resentían por ese motivo.

Eso sí, le fui fiel entre 1977, gracias a temas de My aim is true como Alison o Less than zero (cuyo título tomaría prestado Bret Easton Ellis para su primera novela), hasta 1986, cuando publicó el que me sigue pareciendo su último gran disco, King of America. Tuve una recaída en 1993 con The Juliet letters, pop de cámara grabado con el Brodsky Quartet, pero ya no le seguí en su colaboración con Burt Bacharach porque nunca he podido soportar al azucarado compositor norteamericano por mucho que lo reivindiquen los moderniquis (aún no le he perdonado la canción de Dos hombres y un destino, Raindrops keep fallin´on my head: llámenme rencoroso).

Sus tres primeros álbumes me siguen pareciendo sensacionales: My aim is true, This year´s model y Armed forces llegué a rayarlos a base de escucharlos sin parar y habitualmente pasado de copas. El señor Declan Patrick MacManus (Londres, 1954), pues ese es su auténtico nombre, me alegró los últimos años 70 y eso es algo que le agradeceré siempre. Aunque puede que lo que más le agradezca es haberme descubierto la música country & western con su disco de 1981 Almost blue. Como tantos otros badulaques de mi generación, yo me había dedicado a denigrar el country, que me parecía una especie de tango para palurdos del medio oeste, y tuvo que venir un inglés a demostrarme, con sus versiones de Hank Williams, Merle Haggard o Gram Parsons, que ese género estaba lleno de joyas. Gracias a Elvis Costello descubrí a Patsy Cline, Faron Young o los Louvin Brothers, así como al gran Hank, pese a que la versión de Why don´t you love me like you used to do que aparecía en Almost blue era casi punk en su aceleración y volumen.

También le agradezco al señor Costello haber producido el segundo disco de los Pogues, Rum, sodomy and the lash, y siempre pensé que hacía muy buena pareja con la bajista del grupo, Cait O´Riordan (el matrimonio duró entre 1986 y 2002). Su actual unión con la sinsustancia de Diana Krall me la tomo como su disco con Bacharach: incluso los mejores de entre nosotros pueden cometer errores de apreciación.

Elvis Costello coincidió en sus inicios con los Sex Pistols, pero se dio cuenta en seguida de que el punk solo era una explosión necesaria, pero sin futuro, como reconocía el propio Johnny Rotten en God save the queen. Melodista privilegiado, el señor MacManus supo ver que la gente se cansaría rápidamente de berridos y escupitajos y desearía escuchar nuevas formas de las canciones de toda la vida, pues en eso consiste el repertorio de nuestro hombre. Mientras regreso obsesivamente a This year´s model o King of America, veo salir sus nuevos discos sin demasiadas ganas de escucharlo. A veces pico, siguiendo el consejo de un amigo o una reseña en el mensual inglés Mojo, y con suerte detecto un par de temas aprovechables que no justifican el desembolso. Lo hago también cediendo a la nostalgia, pero solo para comprobar una vez más que el pop es un arte juvenil que no se adecúa muy bien al paso del tiempo. Sé que hay excepciones, pero Elvis Costello no es una de ellas.

Orson Welles le dijo a Peter Bogdanovich que bastaba con una buena película para que se te respetara como director. Elvis Costello me dio cinco o seis discos formidables; así pues, ¿qué más le puedo pedir?