Alegoría futurista de un mundo gobernado por la inteligencia artificial

Alegoría futurista de un mundo gobernado por la inteligencia artificial

Ciencia

La inteligencia artificial, luces y sombras

Nuestro mundo camina hacia una era en la que la productividad se incrementará pero conviviremos con monopolios, desempleo masivo y crisis sociales

15 julio, 2021 00:00

Cada día se habla más de ella, pero no es una novedad. El concepto de inteligencia artificial cuenta con más de sesenta años. En 1959, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) presentó un proyecto con este nombre. Marvin Minsky, uno de sus fundadores, la definía como la capacidad de adaptarse y entendía que tanto la inteligencia natural como la artificial contribuyen para la evolución humana. En aquellos tiempos acababa de fundarse en Washington la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio), bajo la conmoción producida en octubre de 1957 tras la puesta en órbita por los soviéticos del Sputnik 1, el primer satélite artificial.

La carrera espacial arrancó de ese modo. Mientras tanto, la inteligencia artificial progresaba de forma lenta y constante, hasta que acumuló logros sustanciales. Hoy, por ejemplo, un smartphone tiene millones de veces más capacidad de procesamiento que los ordenadores que la NASA empleó para ir a la Luna, en 1969. Estamos inmersos en la carrera internacional de la inteligencia artificial. Los dos grandes contendientes son los chinos y los estadounidenses. Cabe saber que, en 1998, sólo el 0,2% de aquellos tenían acceso a Internet; ahora son más de 900 millones (de los 1.400 que tiene el Imperio del Centro). Hace cinco años otra conmoción social, en cierto modo equivalente a la del Sputnik 1, motivó que China lanzase un plan de desarrollo de inteligencia artificial con un presupuesto que en 2025 ascenderá a 60.000 millones de dólares. El suceso fue la victoria de la máquina Deep Mind sobre Lee Sedol, formidable campeón coreano del milenario juego de mesa Go

El resto del mundo sigue teniendo el reto de convertirse en sociedades digitalizadas; no en vano, la inteligencia artificial es una tecnología considerada de utilidad general. Supone una revolución mayor y más rápida que la que ocasionaron la máquina de vapor y la energía eléctrica. Hay que considerar que “los algoritmos digitales se pueden distribuir prácticamente sin coste y se pueden actualizar y mejorar de forma gratuita”, explica el informático y empresario taiwanés Kai-Fu Lee, investigador puntero en este campo del conocimiento

Lee ha trabajado para Apple, Microsoft y Google, fundó Sinovation Ventures, un fondo de capital de riesgo orientado al desarrollo de la próxima generación de compañías chinas de alta tecnología. Es autor de libros de divulgación, como Superpotencias de la inteligencia artificial. Para competir con eficacia, las empresas deben tratar cada mercado con la flexibilidad y paciencia que requieren. Para innovar, es conveniente que adquieran el hábito de autocorregir sus análisis y aplicaciones; adecuarse a las circunstancias, calibrar matices y coger impulso. No pueden ser feudos.

Algoritmos en una pantalla

Algoritmos en una pantalla

Cuenta Lee que China está desarrollando desde 2013 productos y servicios de un universo alternativo en Internet. Han construido una lista de gigantes de la tecnología por valor de más de un billón de dólares. Los compradores chinos, obsesionados con los descuentos y los regateos, hacen sus búsquedas en mapas de seguimiento ocular, como si se tratara de una visita a un centro comercial. También la forma de pagar genera hábitos. Al finalizar 2017, el 65% de los 753 millones de smartphone chinos ya tenían activado el pago por móvil (con códigos de barras en los teléfonos); atrás quedaron las tarjetas de crédito y de débito. 

En proporción, las compras de comercio electrónico de los chinos doblan las de los estadounidenses. En las entregas de comida a domicilio, los chinos los sobrepasan en razón de 10 a 1 (Didi hace más viajes al día en China que Uber en todo el mundo); mientras que, en transacciones móviles, la diferencia es vertiginosa: 50 a 1 (otro orden de magnitud, ciertamente). Se dispone así de un pormenorizado conocimiento de los hábitos de cada usuario. “Una vez que la capacidad de procesamiento y el talento de ingeniería alcanzan cierto umbral, la cantidad de datos se vuelve decisiva para determinar la potencia y la precisión de un algoritmo”.

Dibujo de una casa inteligente

Dibujo de una casa inteligente

Muchos vivimos al margen de estas historias que están delineando el futuro. Se habla ya de una ola sísmica de startups online-to-offline (O2O); la notación, se las trae. Las startups son empresas emergentes que comercializan, según un modelo escalonado, productos o servicios con las tecnologías de la información y la comunicación. Y el negocio online-to-offline significa que las compras en las tiendas físicas o reales ya están influidas por el mundo digital, y viceversa.

Se habla de cuatro olas de inteligencia artificial: Internet, empresarial, percepción y autónoma. No entraremos en detalles de cada una de ellas, pero conviene remarcar que nos encaminamos a una rotunda e inexorable concentración del poder económico, con la consiguiente desigualdad económica. Se cierne el peligro de un poder invasivo, no sólo con espionaje y piratería, sino con un desprecio demoledor por los derechos humanos y su baluarte, la democracia, que sólo puede ser liberal.

Estamos pues ante el inicio de la era del inverosímil incremento de la productividad, pero también de monopolio, con desempleo masivo y agitaciones y problemas seriostanto en el orden social como psicológico. Es imprescindible que cultivemos a fondo nuestra realidad personal, con verdadero afán de saber y una educación continua que nos permita la capacidad de relacionar ideas y conceptos. Nos vamos a ver obligados a cambiar de oficio cada poco tiempo y padeceremos sufrimientos económicos, sociales y psicológicos.

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Se calcula que antes de diez años, y a causa de esta tecnología (que imitará y superará al cerebro humano en muchas tareas), se necesitarña un veinte o un veinticinco por ciento menos de trabajadores. De 30 a 40 millones de desempleados en EE UU. ¿Qué significará ser humano cuando vaya acompañado de esta sensación de inutilidad aplastante? ¿Qué puede esperarle si no se pone pie en pared a este sistema de castas con una clase inútil la gente que nunca podrá generar valor económico para mantenerse?

Todo esto nos conduce a hablar de la renta básica universal o del ingreso mínimo garantizado, que en su día tuvo el apoyo de Martin Luther King y de Richard Nixon. El asunto, no obstante, va más allá de los paliativos solidarios. Hay que tomar conciencia de los desafíos que nos aguardan. Los algoritmos no pueden apreciar una broma, ni amar o ser amados Tampoco pueden reemplazar el papel acogedor de una familia. La cuestión es permitir que las máquinas sean máquinas y que los humanos podamos ser humanos. Que nos esmeremos en ser razonables y buenos, tener empatía y sentido del sacrificio. Como siempre –ayer, hoy y mañana– desear y querer son las claves de vivir, las razones del corazón humano. La dignidad de una persona y no de una cosa.