Tres libros para leer a los veinte años en Sant Jordi

Tres libros para leer a los veinte años en Sant Jordi

Letras

Andrea Abreu, Pol Guasch y Claire Lynch: las mejores lecturas en Sant Jordi a los veinte años

Los títulos seleccionados nos llevan a tres formas de acercarse a la amistad, la búsqueda de la identidad y la familia, desde la infancia hasta la edad adulta

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Lectura a los veinte años. ¿Qué puede interesar? La propuesta para Sant Jordi reúne tres títulos distintos. Son tres obras contemporáneas que toda persona debería leer en sus veinte. Tres formas de acercarse a la amistad, la búsqueda de la identidad y la familia, desde la infancia hasta la edad adulta.

Panza de burro, de Andrea Abreu

Isora y la narradora, anónima, son amigas desde casi siempre. Crecen juntas en el barrio rodeadas de las viejas y las chicas mayores en quienes desean convertirse. Entre la escasez, la falta de amor y la violencia normalizada. Crecen para deshacerse de su infancia, para dejar de ser niñas y marcharse, buscar la playa, tumbarse en la arena. La novela sigue a las dos amigas en el verano de 2005 en el norte de Tenerife. Son dos niñas de un pueblo rural canario que se vuelven universales. Leer Panza de Burro (Editorial Barrett, 2020) es leer una infancia dominada por la costumbre que se impone. Como cualquier infancia.

Dos amigas que comparten cariño, admiración, envidia, peleas, la curiosidad de estar creciendo, la prisa por hacerse mayor, los primeros descubrimientos de la propia sexualidad. La apertura de una infancia íntima y local al resto del mundo.

'Panza de burro', de Andrea Abreu

'Panza de burro', de Andrea Abreu

Escrito con una lengua propia increíblemente literaria. Reproduciendo fielmente la oralidad de la zona, o la suya propia, la de las niñas, la de la autora. La narradora nos traslada a su tierra, a su barrio. Al mojo, a la montaña, al calor de verano y los techos bajos del norte de Tenerife. Lejos de la playa y cerca de su mejor amiga, Isora, a quién sigue pisándose los talones hasta sus últimas consecuencias.

“La hubiese seguido al baño, a la boca del volcán, me hubiese asomado con ella hasta ver el fuego dormido, hasta sentir el fuego dormido del volcán dentro del cuerpo”.

Se lee con la misma facilidad con la que parece escrito. Andrea Abreu (Icos de los Vinos, 1995) sigue un ritmo casi musical con la mezcla de frases cortas y largas. Tan largas que ocupan páginas y páginas enteras. Diálogos rápidos, descripciones precisas.

“Desde la ventana de la entradita de Doña Carmen se podían ver el mar y el cielo. El mar y el cielo que parecían la misma cosa, la misma masa gris y espesa de siempre. Era junio, pero podía haber sido cualquier otro mes del año, en cualquier otra parte del mundo. Podía haber sido un pueblo del norte de Inglaterra, un lugar en el que casi nunca se viera el cielo abierto y azul azul, un sitio en el que el sol fuera más bien un recuerdo lejano”.

Una sensibilidad cruda y desgarradora. Sin tapujos ni eufemismos. Como la realidad misma. La escritura de esta novela es única.

En las manos, el paraíso quema, de Pol Guasch

Es innegable que Pol Guasch (Tarragona, 1997) ha revolucionado la narrativa española con Reliquia, pero, En las manos, el paraíso quema (Anagrama, 2024) es el gran tesoro de este autor.

Rita vive en la Colonia, en lo alto de la montaña, cerca de la mina, desde donde se ve el pueblo hundido en el valle. Líton ha crecido en la ciudad y, después, pasado algo de tiempo en el pueblo. “Eso fue después del Servicio y antes de los incendios”. Incendios que apagará mientras Rita observa como todo arde.

Una travesía por los años de amistad entre Líton y Rita. Por el amor de Líton, René, y el de Rita, Félix. El descubrimiento del deseo, del sexo y la intimidad. Un cambio de vida, la huida del pueblo a la ciudad, la necesidad de empezar en otro sitio, de huir de la raíz.

En las manos el paraíso quema, de Pol Guasch

En las manos el paraíso quema, de Pol Guasch

“Conocí a Rita cuando su historia ya se había trenzado, para siempre, con aquel maldito palmo de tierra. El dolor de la soledad es un dolor muy particular; lo supe cuando la conocí, y lo supe, sobre todo, porque al verla descubrí que su dolor salvaje también era el mío”.

Sobre la amistad como forma de salvación ante los abismos, los nuestros propios y los del mundo exterior. Como forma de encontrarse, de descubrirse. De pertenecer. Sobre la identidad, sobre existir, las ganas de vivir. De no vivir. Sobre el destino, la familia en el camino. Lo que se espera de todos nosotros, lo que finalmente somos. Y sobre el amor, sobre amar a otros.

“El mundo que se abre a la ciudad, el mundo que se cierra dentro del cuerpo. Ve caminar a Líton con los demás chicos (…), y recuerda que lo que los separó durante un tiempo y los reunió más tarde, fue la diferencia, ese amor por lo que era único en él, por la parte de sí misma que Rita deseaba y solo Líton poseía”.

Dividida en trece partes, ninguna parecida a la anterior, la novela se vertebra sobre una estructura en la que se combinan distintas formas y voces. Hay espacio para la primera y la tercera persona. Un capítulo narrado por horas con la voz de ambos amigos. Un diario. La descripción de una habitación a través de dieciséis números. Y nada sobra en esta fragmentación, todo parece encontrar su necesidad.

“Cuando miramos los fuegos desde la ventana, los fuegos como la lucecita que arde en la habitación de los enfermos las últimas noches en vela, cuando miramos los fuegos solo pensamos en una primavera que centellee en la nada, que se reúna un catarro de nubes en el cielo y la lluvia empiece a desplomarse, una lluvia que haga rebrotar toda la hierba gratinada por el sol, por el calor, ¡esos puntitos blancos de margaritas al florecer, al anunciar el nacimiento de una nueva primavera!”

Una escritura capaz de meterse dentro de la piel. Narrada con ferocidad desde el fondo de todo. Del alma, de la sed. La voz de este autor es suya y no podría ser de nadie más. Es inconfundible, devastadora y, claro, poesía. El acto de leer a Pol Guasch es literatura en sí mismo. Por la necesidad de detenerse, de releer, de subrayar, volver atrás. Y ¡ah! entender. De sentirlo en la garganta, en el estómago.

En el medio entre el colapso del mundo y la salvación, Pol Guasch propone la amistad para vivir.

Asunto de Familia, de Claire Lynch

Un asunto de familia (Random House, 2026), ganadora del premio Nero Book Award, es el debut de Claire Lynch (Inglaterra, 1981). Una novela sobre prejuicios, secretos familiares, amor y huir de quien se es.

Dawn es madre y esposa, y no encuentra muchas más cosas que la definan. En medio de una existencia frágil encuentra a Hazel, una mujer que acaba de llegar al pueblo con la que empieza a compartir largas horas, de la que se enamora, escapando de su “vida real”. Cuarenta años después, Maggie, hija de Dawn y Heron, atraviesa una crisis marcada por la cotidianidad y la carga mental que terminará destapando los secretos y las mentiras que siempre le contaron sobre su madre.

Una hija que se descubre en debate sobre su matrimonio y la maternidad, y un padre cuyo fuerte nunca ha sido la comunicación. La historia se va intercalando entre 1982 y 2022, en dosis breves que reconstruyen el pasado de Dawn y Hazel en los ochenta, y siguen a Heron y Maggie en 2022. Dos relatos que se enredan continuamente.

Un relato luminoso y oscuro a partes iguales sobre los caminos marcados por la sociedad y las decisiones saboteadas por la época.

Un asunto de familia, de Claire Lynch

Un asunto de familia, de Claire Lynch

“En agosto, Dawn se dio cuenta de que lo que le gustaba de Hazel no era el peinado ni las cosas que contaba. Era la forma que tenía de cambiar el aire cuando lo atravesaba”.

La novela avanza en un ritmo cuidado y preciso pero que provoca un temblor que lo sacude todo. Una novela reflexiva y delicada, que te introduce en la historia desde el primer párrafo. Una escritura sin florituras, pero que, lejos de la sencillez, consigue trasladarnos al centro de la trama. Claire Lynch no solo ha construido una historia sin un cabo suelto, también personajes sólidos y humanos con los que es fácil conectar. La escritura de esta novela podría definirse como el arte de contar historias.

“Cinco horas después de enterarse de que se estaba muriendo, Heron condujo hasta su supermercado favorito. A falta de alternativa y siendo jueves, decidió seguir su rutina”.

Un asunto de familia es una denuncia y una crítica, por supuesto, a las humillaciones y la vergüenza que la sociedad cargaba contra las mujeres lesbianas en los años ochenta, las consecuencias devastadoras y los resquicios que quedan en nuestro siglo. Pero también es un relato incómodo con una profunda reflexión sobre los vínculos familiares y la fuerza del amor. Y, sobre todo, la necesidad humana del perdón.