Foto de la serie Gente Normal

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Letras

¿Por qué no odiamos a Connell Waldron cuando empezamos a leer 'Gente Normal'?

El giro argumental de las novelas románticas: adiós a los vínculos tóxicos y a los protagonistas con poca inteligencia emocional

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El gran fenómeno de Sally Rooney, Gente Normal (Random House, 2020) empieza con lo que parece otra historia más de amor de novela romántica: Connell Waldron, el chico más popular del instituto, capitán del equipo, guapo e inglés se enamora de Marianne Sheridan, la chica inteligente, rara y solitaria. Ambos inician un romance mientras permanecen en vidas que se presentan como extremas entre sí.

Esta relación fluctúa entre la amistad y el romance y se quiebra continuamente por la necesidad, de Marianne al principio y de Connell de manera muy insistente hasta el final, de mantenerla en secreto. En una especie de acuerdo, ambos coinciden en que sus encuentros permanecerán al margen de su vida social, lo que les lleva a actuar como desconocidos cuando se cruzan en el instituto. Un escenario que cambiará por completo cuando vuelvan a coincidir en la universidad.

La historia intenta marcar todo el tiempo la diferencia de "estatus" que existe entre los dos. Connell es un chico con pocos recursos, hijo de una madre soltera y joven, mientras que Marianne pertenece a una familia rica. Algo que se explica con detalle porque marcará uno de los ejes principales de la trama de la novela: el origen como factor determinante para una vida.

El romance secreto, lo que podría ser la trama de una novela romántica cualquiera, se convierte así en una complejísima historia por las contradicciones que viven sus protagonistas y la dificultad de los dos para enfrentarse al mundo que les rodea.

Si Connell reniega de su relación con Marianne, insiste para que no se les descubra en público, no la defiende cuando sus propios amigos le hacen bullying, ¿por qué no le odiamos? ¿Por qué conseguimos empatizar con este personaje? El otro día leía la novela de nuevo y encontré en un párrafo algo clave:

"Marianne vivía una vida drásticamente libre, él se daba cuenta. Connell estaba atrapado entre consideraciones diversas. Le preocupaba lo que la gente pensara. Le preocupaba incluso lo que Marianne pensara, era evidente".

Libro Gente Normal de Sally Roonie

Libro Gente Normal de Sally Roonie

Y es que todos los que han leído Gente Normal entienden la incapacidad de comunicación que tiene Connell, en gran parte por ser incapaz de leerse a sí mismo. Además del gran complejo por no encajar en las esferas en las que vive, o en las que aspira a vivir. Este personaje vive en un continuo debate entre lo que debe hacer y lo que quiere, lo que le hará feliz o lo que le hará tener esencia y alma propia. Todo esto lo sume en una perturbación de la que le es imposible escapar, y que, junto a su poca autoestima, le conduce a una profunda depresión.

Es esta crisis de identidad, su dificultad para descifrarse y una inquietud invariable por el qué dirán, lo que marca a este personaje desde el principio y lo que nos lleva, a los lectores, enseguida a hacer clic con él y sentirnos enormemente identificados. Sin olvidar, claro, a Marianne, un personaje que se instala como un hueco en el estómago cuando lees la novela, con una personalidad pensada en cada detalle. Es su deseo de ser querida, de ser dominada también, su forma de abrirse camino o de esconderse. Como algo tan humano, tan vivido, de lo que nadie habla, condensado en un cuerpo.

Quizá sea la empatía de los lectores hacia los personajes —y que sustenta la novela—, o la demostración de que una historia de amor puede ir más allá del propio romance, lo que aleja a Gente Normal de ser una novela romántica tradicional.

¿Qué está pasando con las novelas románticas?

Hace unas semanas, El País habló sobre las nuevas tendencias en las novelas románticas. ¿Adiós al chico malo? Algo que lleva siendo debate años, por los roles sistemáticos que ocupan los personajes de este tipo de novelas. Ya nos lo enseñó After, Cincuenta sombras de grey, Culpables, y un sinfín de novelas más, que normalizaron estas dinámicas en relaciones sentimentales para chicas y chicos de catorce años que “aprendían” con ellas.

Historias que mantenían, normalizaban y romantizaban vínculos tóxicos e inestables y un atractivo hacia el chico, con tendencias de conducta violenta casi siempre, que será el responsable de sacar a la chica, casi siempre vulnerable y retraída, de una vida sinsentido y depresiva.

El 13 de mayo se llevó a la pantalla Kiss Me (Wonderbooks, 2025), la saga superventas de cinco libros de Elle Kennedy. La adaptación de Prime Video, titulada como Off Campus rechaza dinámicas de toxicidad y pone el punto de mira en una relación construida desde el consentimiento, la igualdad, la inteligencia emocional y el apoyo mutuo en la pareja. Una sorpresa para los lectores más fans de la saga pero que ha sido muy bien recibida por poner demostrar que también se pueden crear buenas historias desde un lugar mas sano.

Serie Off Campus

Serie Off Campus

Otro ejemplo: Comerás Flores (Libros del Asteroide, 2025). El gran fenómeno de estos últimos años de la escritora primeriza Lucía Sollá, nos lo demostró: una historia que expone el amor tóxico, las dinámicas de poder y el peligro que trae la diferencia de edad en una pareja y que ocupa, incluso un año después de su lanzamiento, la lista de los más vendidos.

Además, parece que ahora otro tipo de historias empiezan a ocupar el top ventas en las librerías: la familia, la crisis de identidad, la historia o la psicología se imponen como los temas que más interesan a los lectores. Lo vimos con el boom de Las gratitudes (Anagrama, 2021) —sobre la vejez y el agradecimiento— de Delphine de Vigan que sigue siendo uno de los libros más vendidos cinco años después de su lanzamiento. O con la popular Irene Solà y su universo natural y lleno de personajes malditos en Canto yo y la montaña baila (Anagrama, 2019) o Te di ojos y miraste las tinieblas (Anagrama, 2023).