Helena Garcia Melero y Javier Melero, en la terraza de la librería La Central
Javier Melero: “Los ricos nunca se sienten ricos y pueden hacer cosas mucho más sofisticadas que tirar a su mujer por el balcón”
El ex abogado se deja ir con una novela negra, 'Crímenes decentes', en la que disecciona el mundo de la justicia y a los poderosos de Barcelona
El jazz, un buen trago y largas conversaciones con sus amigos. Y, si puede ser, en un bar que recuerde que Barcelona fue una ciudad con una identidad propia. En ese ambiente se siente a gusto Javier Melero, un referente en el mundo de la abogacía, que ahora siente una “desconexión psicológica y sentimental” con su anterior profesión.
Disfruta escribiendo, y acaba de publicar Crímenes decentes (Tusquets), una novela "escrita en cuatro meses" en la que se distinguen sus influencias: Raymond Chandler y Dashiell Hammett, los pilares de la novela negra norteamericana. En la obra, Melero disecciona el mundo de la justicia y a los poderosos de Barcelona, una ciudad que también queda retratada. Melero no tiene dudas: “Los ricos nunca se sienten ricos y pueden hacer cosas mucho más sofisticadas que tirar a su mujer por el balcón”.
En la presentación de la novela, en la librería La Central, y a través de un diálogo con la periodista y presentadora de TV3, Helena Garcia Melero, el letrado reconvertido en escritor –su anterior novela Frágil virtud ya apuntó una potencialidad enorme—ha dado cuenta de su juego con la realidad.
La periodista Helena Garcia Melero y el letrado Javier Melero, en La Central
El abogado Rovira, protagonista en la novela, “¿Eres tú?”, le espeta Helena Garcia Melero. “No”, contesta el abogado que ha dejado de serlo, pero, claro, hay muchas de sus vivencias que han sido prestadas para la ficción. Y surgen fiscales y abogados, que pueden ser identificables, como su amigo Cristóbal Martell.
Ahora Melero escribe “sin freno de mano”, tranquilo porque ya no tiene que defender a ningún cliente que pueda sentirse perjudicado. Con todos los sentidos puestos en la escritura –Melero colabora desde hace años en publicaciones donde reseña libros y escribe sobre música—el autor de Crímenes decentes ha señalado que la verdad “está sobrevalorada”.
El mundo de la justicia trata de llegar a “verdades judiciales”, a conclusiones que se han podido probar y juzgar. Otra cosa es la verdad real, que, tal vez, nunca se pueda conocer del todo.
Portada del libro de Javier Melero
Con las preguntas incisivas de Garcia Melero, que buscaba un cuerpo a cuerpo para entender qué sucede hoy en el mundo de la Justicia, con tantos casos abiertos, Javier Melero ha defendido que los abogados lo que hacen es “echar paladas de tierra sobre la verdad” para poder defender a un cliente.
Con el tono de quien casi lo ha visto todo, Melero ha justificado el pacto, el hecho de que los fiscales y los abogados defensores puedan establecer acuerdos antes de llegar a juicio. “En Estados Unidos el porcentaje de pacto llega al 95% de los casos, y me parece bien”, sentencia.
Porque otra cosa es lo que pueda suceder en estos momentos, que para Javier Melero se asemeja a una “caza de brujas”. Por ello, la presunción de inocencia es esencial: “Es la frontera que separa una democracia de una caza de brujas”, insiste.
Ahora bien, ¿qué le interesa al literato Melero? La condición humana, claro. Y la novela negra permite ese análisis social, con un retrato de la sociedad catalana, en particular la de Barcelona, y con una lupa de más aumento sobre los ricos de la ciudad.
"Sin pagar" en los restaurantes de lujo
“Los ricos nunca se sienten ricos y pueden hacer cosas mucho más sofisticadas que tirar a su mujer por el balcón”, clama Melero, con un cierto gusto por el cambio de tendencia que ha detectado. El sistema judicial ha pasado, a su juicio, de cebarse con los pobres “a encontrar rédito social siendo cruel con los poderosos”.
La otra gran atención del novelista se centra en la ciudad de Barcelona. Melero, vecino del Eixample, asegura que su terreno de juego es muy pequeño, que se mueve poco, casi como si viviera “en Olot”. Y es que su percepción es que la ciudad ha perdido identidad y determinados barrios son ahora casi como experimentos urbanísticos, como Poblenou. “Parece que desde el cielo lanzaran edificios, que se van ubicando sin coherencia, al lado de talleres de los años cincuenta”, asevera, "por no hablar de la proliferación de supermercados de 24 horas".
Con ese tono siempre irónico, sarcástico en realidad, con un cierto cinismo, con una distancia que le permite críticas envenenadas, Melero insiste en que los ricos de la ciudad hacen y deshacen. “No tengo nada contra ellos, de hecho he conocido muchos más ricos que pobres”, dice Melero, tras añadir que ha comido en los mejores restaurantes “sin pagar nunca, claro”.
Y, por eso mismo, ya no puede ir a esos mismos sitios. O eso dice el novelista, como si ejerciera ahora de personaje de su novela. Prefiere esos tugurios o casas de comida modestas, que invitan a ver una película de cine negro, con mucho humo con la música siempre envolvente de Miles Davis.