Emmanuel Carrère: “Hicimos 'Koljós' con mi madre hasta el último momento antes de su muerte”

Emmanuel Carrère: “Hicimos 'Koljós' con mi madre hasta el último momento antes de su muerte”

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Emmanuel Carrère: “Hicimos 'Koljós' con mi madre hasta el último momento antes de su muerte”

El escritor destaca la labor de Hélène Carrère d’Encause como historiadora de la Unión Soviética, aunque se equivocara con Putin al rechazar que pudiera invadir Ucrania: ”No se quedó sola en ese error”

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Un nuevo esfuerzo para novelar una realidad, y, en este caso, a partir de la historia de su propia familia. Una disección de una mujer, su madre, la historiadora Hélène Carrère d’Encausse, que supone también una indagación en sus orígenes, georgianos y rusos. Y el descubrimiento de un personaje, el de su padre, “siempre en la sombra, pero encantado de ver cómo su mujer era la luz y buscaba la luz”.

Es Emmanuel Carrère, que acaba de publicar Koljós (Anagrama), que dialogó con el periodista Marc Bassets este jueves en el CCCB, en Barcelona, frente un auditorio lleno de lectores y admiradores del escritor francés.

Carrère habla con soltura, y no rechaza ninguna pregunta. Mantiene silencio durante unos escasos segundos para pensar qué quiere comunicar con exactitud y se lanza al ruedo. Una novela sobre su madre, después de hacerlo sobre el padre de esta, en Una novela rusa, suponía un reto considerable.

Y es que la historiadora Hélène Carrère D’Encausse, tuvo un funeral de estado, con un extenso discurso del presidente Emmanuel Macron. Era ‘secretario permanente’ de la Academia Francesa. Se negaba a utilizar el lenguaje inclusivo, e insistía en ese nombre: ‘secretario’.

Emmanuel Carrère, durante su intervención en el CCCB

Emmanuel Carrère, durante su intervención en el CCCB LG

Nacida con el apellido Zourabichvili, de origen georgiano por parte de padre y ruso por parte de madre, emparentada con la nobleza rusa que salió del país con la revolución bolchevique de 1917, se integró en la sociedad francesa hasta llegar a ser una de sus figuras más destacadas en los últimos cincuenta años.

Pero, ¿qué se puede hacer con un material complejo y tan rico como el de la propia familia de Emmanuel Carrère?

El escritor, el autor de Limónov o de El adversario, admite su atrevimiento, el que le lleva a rozar lo impúdico. “En el caso de Koljós tuve claro que debían aprobar la novela mis dos hermanas y mi tío, el hermano de mi madre. Mis dos hermanas lo aprobaron, y dejaron claro que el libro demostraba un gran amor a mis padres. Y para mí eso es lo que cuenta. Hubiera retocado o tachado cosas que ellas me hubieran dicho. Pero no fue el caso”, señala Carrère.

Portada del libro de Carrère

Portada del libro de Carrère

Lo que consigue Carrère es enlazar la gran historia rusa, la de los exiliados que echan raíces en Francia, --entre 5.000 y 10.000 volvieron engañados por Stalin y acabaron asesinados o en campos de prisioneros--, la de la historiadora que prevé el final de la Unión Soviética—con la pequeña historia, la relación familiar e íntima.

Y el título de la novela tiene que ver con esa relación. “Un Koljós es una gran extensión agraria, con una gestión ineficaz, como casi todo en la Unión Soviética, pero era también el nombre que le ponía mi madre cuando íbamos a su cama, con mis hermanas, y nos abrazábamos todos. ‘Vamos a hacer un koljós’, decía mi madre”. Y resultó que “hicimos 'Koljós' con mi madre hasta el último momento antes de su muerte”, en referencia a los últimos diez días de cuidados cuando se supo que su madre iba a morir. 

El título “es perfecto” para explicar lo que pretendía Carrère. En la novela se juega con el propio concepto de la verdad. ¿Quién la cuenta? ¿Hay varias verdades? ¿Con cuál nos quedamos? La verdad de su madre, que protege a su hermano, y le engaña y no le dice que el padre no volverá nunca más. Esta de viaje, dice. Su padre, el protagonista de Una novela rusa, será un ‘colaboracionista’ con el régimen nazi.

Y eso marcará a toda la familia. Cuando Carrère dio cuenta de ello, en la novela, su madre dejó de hablarle durante dos años, aunque ella mantuvo amistad con escritores como Robert Brasillach, un colaboracionista que fue ejecutado en el momento de la Liberación de Francia.

El escritor Emmanuel Carrère en el CCCB

El escritor Emmanuel Carrère en el CCCB LG

La verdad de la madre contrasta con la verdad de su hermano, el tío de Emmanuel, que escribió esa complicada relación con Hélène. Y de ese manuscrito bebió Emmanuel para su Koljós. “Las dos versiones eran verdades, cada uno tenía la suya. Y es cierto que mi madre quiso protegerlo, con mentiras, sí, pero con la idea de que no sufriera”.

El escritor reivindica esa exploración de los límites. “Está bien poder contar cosas que no son muy honorables sobre uno mismo”, señaló.

Pero, ¿en qué medida su madre explicó los secretos de la Unión Soviética, de Rusia, en realidad, orillando Georgia, un país que nunca se tomó muy en serio, a pesar de ser el lugar de origen de su padre?

¿Una historia sobre Pelicot?

“Mi madre quiso ejercer de puente, explicar Rusia en Francia, y Francia en Rusia, y creo sinceramente que fue una buena historiadora, aunque se equivocó con la invasión de Ucrania. No creía que Putin llegara a eso, aunque hay que decir que no fue la única en ese error”.

Carrère, solícito ante las diferentes preguntas, se refirió también a su propia enfermedad, a sus depresiones, las mismas que tenía su abuelo georgiano. Él las va superando “gracias al litio, que me ha salvado la vida”, señala. Y también gracias a la escritura, aunque duda de su cacareada capacidad “sanadora”. Él escribe, sobre los materiales que encuentra, explorando todas las fronteras.

Eso sí, no escribiría sobre el ex marido de Gisèle Pelicot. “No, no lo haría. Tampoco en el caso de que se presentara Pelicot con el encargo”.

Hay fronteras que no se traspasan. Incluso en el caso de Emmanuel Carrère, que se mostró un entusiasta de dos escritores, Philip Roth e Ian McEwan.