Laura Fernández en Barcelona
El futuro no es más que un presente un poco lejano: Laura Fernández lee a Jules Verne
La escritora catalana disecciona la mente del novelista francés, pionero de la liteatura fantástica, precursor de la ciencia-ficción y autor de 65 novelas, en un breviario editado por Alianza Editorial
Yo no sé si Laura Fernández sabe que es profundamente fichteana. Si ha vencido en alguna guerra, esta ha sido la batalla por imponer su voluntad sobre la prosa del universo. Se vio cuando consiguió vencer a la Humanidad toda con La señora Potter no es exactamente Santa Klaus (2021), su aldabonazo narrativo que todos recordamos aún, y lo ha hecho también en los dos ensayos (essais realmente, con todos los imperativos del género y su naturaleza sintética) menores pero no menos grandes que ha publicado últimamente: Hay un monstruo en el lago (2024) y este último Dos tardes con Jules Verne, que es primo hermano de la biografía de Nessie y que acaba de publicar Alianza.
No hablaremos de la emoción fetichista que nos produce ver los apellidos y el rostro de Laura Fernández en un pequeño volumen de la colección mítica de Alianza, la de Kafka, Brecht, Platón, Webber, Hobbes, Aristóteles, Wittgenstein o Borges. El pequeño volumen en sí ya es una invitación a ocultarlo en la manga o devorarlo de una sentada, y su secreto interior consiste en que es un monólogo interior performativo sobre Verne, en el que la cronista se mueve y comenta e interpela constantemente a su biografiado, y en ningún caso una explicación lineal de su vida y su obra. En cualquier caso, aquí estamos más cerca del monólogo de Molly Bloom que de la Enciclopedia francesa.
'Viajes extraordinarios' de Julio Verne
Y aun así, si alguien quisiera acercarse por primera vez a los entresijos de una figura tan peculiar, estas Dos tardes con Jules Verne le serviría de introducción inmejorable. El lector accederá a facetas poco conocidas del escritor, como su condición de bebé grande y egoísta, disoluto y disperso, el Verne principesco y bohemio anterior a 1862. Aprenderá cómo fue el flechazo mítico entre Verne y el editor Hetzel, que dio paso a la edición de Cinco semanas en globo (1863) y Las aventuras del capitán Hatteras (1864), y también a la censura de París en el siglo XX, cuyo pesimismo existencial no gustó nada al empresario.
Se paseará por su hogar no muy feliz de Amiens, conocerá sus veleros y sabrá cómo le fue en Estados Unidos, y cómo tuvo que vivir su vida la pobre Honorine, con quien se había casado. Irá resiguiendo las diversas hazañas editoriales de Verne, hasta que se marchitó su optimismo progresista a las puertas del siglo XX y sus novelas se encapotaron un poco. La autora destaca los hechos más divertidos y curiosos, incluso los que no llegaron a existir, y se burla alegremente de los más solemnes. Más que detenerse a pormenorizar los detalles de su vida, lo que más le interesa es diseccionar su mente. Por esta razón llama a su ensayo “pequeña aventura biográfico psicoanalítica existencial”.
Aventura nómada y performativa: “¿Sabes? Visité la Bolsa de Nantes. Quería imaginarte perdido, sin saber bien en qué consistía lo que pasaba allí dentro, pero fingiendo muy bien que lo hacías, y me dirigí al majestuoso edificio, me situé bajo una de sus columnas dóricas, contemplé las estatuas de Jean Bart, Abraham Duquesne y Jacques Cassard, y entonces me dije (OH, NO, JULES NUNCA ESTUVO AQUÍ EN REALIDAD), porque no había sido allí sino en París donde te habías convertido en esa cosa, bróker, y sin embargo entré, y compré uno de tus libros, compré el libro que Hetzel no te quiso publicar, por demasiado distópico”. ¡Idealismo puro por todas partes!
'Dos tardes con Jules Verne'
Verne quiso muy intensamente ser alguien y lo consiguió. Fue un fenómeno de la Naturaleza, también era fichteano. Si no lo creen, lean, lean: “Porque hay dos cosas en esta historia, la historia de cómo Verne permitió que el futuro fuese como acabó siendo –porque fue él quien desarrolló la (TRAMA), y sigan leyendo, porque descubrirán cómo lo hizo, descubrirán cómo la literatura está también, y sobre todo, (CREANDO) el (MUNDO), y de qué forma (TODO) debe imaginarse primero para poder luego (EXISTIR), al menos en lo que se refiere a la manera en que el ser humano se ha adaptado al medio, o ha adaptado el medio a él, lo ha transformado para habitarlo”. En definitiva, Hegel hubiera croado de gusto y de entusiasmo.
Verne, el muy cafre, completó 65 novelas en 42 años. Algo realmente descomunal, que lo relacionaba con otros autores también publicados por Hetzel: los también excesivos Hugo, Balzac y Zola. La autora rubrica el final de su ensayo con una traca final muy emotiva: identifica a los lectores y fanáticos de Verne con la admiración mutua que se tuvieron Verne, el aventurero de la mente, con Nellie Bly, la aventurera real que desafió la cronología de La vuelta al mundo en ochenta días en el mundo físico. Laura Fernández, de la mano de Ray Bradbury, opina que toda la literatura rarita de nuestra civilización, si es que esto existe, es hija de Verne. Y nos propone tres hurras por su gloria inmortal, la hazaña fundamental que supone imaginar infinitamente y seguir, ciento veinte años después, inspirando entusiasmo y curiosidad por este mundo aún joven y prometedor.