
El escritor Francis Scott Fitzgerald
Lo peor que le pasó en la vida a Francis Scott Fitzgerald
El escritor plasmó en 'Suave es la noche' un incidente que le sucedió a él mismo, cuando su mujer Zelda se movilizó para que la Policía lo soltase
En Suave es la noche, gran novela de Francis Scott Fitzgerald, publicada en 1934, nueve años después de El Gran Gatsby y donde cuenta la vida de un joven y prometedor psiquiatra, Dick Diver, y su esposa Nicole, una paciente rica y hermosa que sufre de esquizofrenia, desde el esplendor del principio al declive y pavorosa caída de ambos, hay una escena que es el detonador del principio de lo malo:
En la novela, Dick Diver, en estado de ebriedad, tiene una pelea violenta con taxistas en Roma, es arrestado por la policía y en comisaría golpea a un agente, lo que provoca una brutal paliza. Finalmente es rescatado por su cuñada y unos funcionarios del consulado estadounidense. El bochornoso incidente trasciende en los refinados ambientes que frecuenta la pareja, y la reputación de Dick empieza a resentirse seriamente. En adelante todo irá cuesta abajo, hasta el amargo final.
La escena se inspira directamente en un incidente desagradable, y muy parecido, que le sucedió a Fitzgerald en 1924, con la variedad de que fue su esposa Zelda la que se movilizó para conseguir que lo soltasen.
Bien. Los biógrafos de los escritores, especialmente los anglosajones (pero no sólo ellos) a menudo son gente hecha de una pasta especial, de una curiosidad incansable, de una tenacidad y perseverancia en la investigación extraordinarias, como yo he tenido ocasión de constatar, una vez más, al acabar la traducción de la monumental biografía de Pessoa en la que estuvo trabajando durante doce años Richard Zenith, que publicará la editorial Acantilado el próximo otoño.

Detalle de la portada 'El Gran Gatsby', de Fitzgerald
En cuanto al incidente de Fitzgerald en Roma, la doctora Sara Antonelli, profesora de literatura estadounidense en la Università Roma Tre, ha estado investigando en los archivos de los cuerpos policiales de la capital italiana hasta encontrar los informes de los agentes sobre el penoso altercado de hace cien años con el escritor americano, y además ha encontrado también el informe que, como suele hacerse en estos casos, la embajada americana redactó y envió al ministro de Asuntos Exteriores.
Según contaba ayer en TNYT la corresponsal en Roma, Elisabetta Povoledo, Antonelli encontró un expediente titulado Arresto del Extranjero Scott Fitgerat (sic) en los archivos centrales del Estado en Roma. Los reportes policiales describen a Fitzgerald como “bastante ebrio”, intentando entrar a un club nocturno que ya había cerrado, y posteriormente golpeando a un oficial tras ser detenido. Esto provocó que los carabinieri lo encerraran tras mantener con él una “enérgica pelea”.
En cambio, el informe del consulado estadounidense omite cualquier referencia al estado de ebriedad de Fitzgerald y culpa del incidente a unos taxistas agresivos. “Ambas partes decidieron no perseguir el caso: Fitzgerald evitó la cárcel y las autoridades italianas evitaron que se les abriera una investigación por la paliza que le habían asestado.
Paso a la madurez
Antonelli, como otros biógrafos de Fitzgerald, sostiene que este evento fue tan violento y traumático que tanto Scott como Zelda optaron por no hablar del tema.
Diez años después, en una carta a un amigo, Fitzgerald describió el incidente como "la cosa más horrible que me ha pasado en la vida".
Me sorprende esta expresión, y que el incidente fuera tan traumático para Scottie. Al fin y al cabo, ¿a quién, estando borracho, no le ha dado la policía una paliza? Prácticamente a nadie, ¿no es verdad? No es agradable, ciertamente, pero hay que tomárselo deportivamente, como un inevitable rito de paso a la madurez, de la misma manera que no se ingresa de verdad en la Iglesia Católica hasta que se ha adquirido el “uso de razón”, nuevo estado mental refrendado por la ceremonia de la Primera Comunión.

Portada de 'Suave es la noche', de Francis Scott Fitzgerald
La vida de F. Scott Fitzgerald estuvo marcada por numerosos desafíos personales y profesionales que lo llevaron al colapso emocional, financiero y físico. Su dependencia con el alcohol arruinó, como él dijo, su “inocencia esencial”, y afectó gravemente su salud física. Su relación tumultuosa con Zelda fue un via crucis. Fracasó como guionista en Hollywood, donde fue despedido y humillado. Vivió casi siempre en la inestabilidad económica, sableando a su editor y a su agente y dedicándose a lo que llamaba “prostitución” –los cuentos, no pocos de los cuales son más que estimables, que publicaba en las revistas--.
Cuando califica aquel remoto incidente romano como la cosa más horrible que le había pasado en la vida, la enfermedad mental de Zelda se había vuelto ingobernable y Scott la había tenido que ingresar en una clínica de Maryland.
Me alegro de que el episodio le sirviera por lo menos como inspiración para un pasaje decisivo de su suntuosa novela. He releído más de una vez todas las suyas, y los textos más importantes, y muchos de sus cuentos y dos biografías, con una salvedad: no puedo releer su segunda novela –Hermosos y malditos, de 1922— pues en mi recuerdo se alza como el terrorífico presagio de una aventura vital desdichada, como el naufragio de un lujoso paquebote, o como si Scottie hubiera previsto desde el principio sus siete caídas, y las hubiera escrito.