Pepe Ribas, el fundador de 'Ajoblanco' en una imagen en Extremadura / EP

Pepe Ribas, el fundador de 'Ajoblanco' en una imagen en Extremadura / EP

Letras

El 'Ajoblanco' de Pepe Ribas

La revista que marcara la vida de Pepe Ribas fue el producto de un momento concreto en Barcelona que no se ha vuelto a repetir

4 mayo, 2020 00:00

La existencia de mi amigo Pepe Ribas es inseparable de la de Ajoblanco, la revista que se inventó en 1974, vio morir en 1980, hizo renacer en 1987, asistió a su segundo fallecimiento en 1999 y trató de volver a la vida en 2017, aunque en esta ocasión la aventura no pasó del segundo número. Aunque ha publicado algunos libros (ensayos y novelas), el centro de gravedad permanente (que diría Franco Battiato) del amigo Pepe siempre ha sido esa revista nacida en Barcelona a finales del franquismo: hasta sus memorias están ligadas a ella, como demuestran el primer tomo (Los 70 a destAJO) y la anunciada, pero aún no publicada, segunda entrega (Los 80 al carAJO). Pepe siempre se ha referido a su criatura como El Ajo, con la familiaridad de quien habla de un hijo muy querido o, como parece ser el caso, del proyecto que justifica toda una vida.

Hubo unos años, antes de que se retirara a l'Empordà de forma más o menos permanente, que uno se lo cruzaba por el Ensanche y le oía pronunciar una mezcla de mantra y jaculatoria que era siempre la misma: “Voy a volver a sacar el Ajo porque es más necesario que nunca”. Cuando por fin lo hizo, el público no le respaldó y la cosa fue el entierro definitivo de la revista, aunque en lo relativo a Pepe y su Ajo nunca puede darse nada por definitivo: igual un día de éstos me acerco al quiosco (si es que aún quedan quioscos) y me encuentro con el número 1 de la nueva etapa de la revista. La verdad es que me encantaría. Pero lo dudo. La época que vivimos no tiene nada que ver con la de los estertores de Franco y la subsiguiente transición democrática, la prensa en papel parece tener los días contados y, sobre todo, las cosas que defendía Ajoblanco o no le interesan a nadie o se han popularizado en una dirección diferente. El Ajo es hijo de su tiempo, como lo es su creador y lo somos todos los que nos movimos tiempo ha por el desaparecido mundo de la prensa alternativa barcelonesa.

1980 fue un año negro para esa prensa. La diñaron con escasos meses de distancia Ajoblanco, Star y Disco Exprés. Los responsables de estas dos últimas publicaciones, Juan José Fernández y Gay Mercader, las dieron por muertas y a otra cosa, mariposa (Juanjo sacó el tebeo Bésame Mucho, que coordinamos en etapas consecutivas un servidor de ustedes e Ignacio Vidal-Folch, y Gay siguió con sus conciertos de rock), pero Pepe se quedó como si se le hubiese muerto el primogénito y, aunque tardó un poco, no paró hasta resucitarlo. La segunda etapa de la revista duró de 1987 a 1999, incluyó una peculiar asociación con Pedro J. Ramírez y exhibió un aspecto más profesional que el original, recurriendo a la inspiración del mensual francés Actuel, que en su momento dio mucho (y bueno) que hablar (hasta marcó una voluntariosa, aunque fallida, revista de la gente de El Víbora, Europa viva, que algunos malintencionados rebautizaron como Europa boba). La segunda encarnación del Ajo duró más que la primera, pero ésta es la que más indeleblemente ha quedado marcada en la memoria colectiva, tal vez por la sinceridad, buena fe y admirable ingenuidad mostrada por sus responsables en una época en la que parecía que el futuro no tenía por qué ser el que acabó siendo.

A diferencia de Star y Disco Exprés, donde primaban la diversión, la música, los comics y las ganas de hacer el ganso de sus colaboradores, Ajoblanco se tomó muy en serio a sí misma desde el principio. Puede que hubiera quien llegara a escribir en las tres, pero siempre hubo una cierta rivalidad, aunque de buen rollo, entre los rockeros y comiqueros, por un lado, y los ácratas trascendentes, por otro. De hecho, antes del hundimiento colectivo, los sarcasmos sobre las pretensiones sociales y políticas del Ajo eran bastante comunes entre los redactores de Star y Disco Exprés. Puede que la ideología de Ajoblanco resultara a veces confusa --se tocaban demasiados palos: drogas, comunas, pensamiento alternativo, cuestión homosexual…--, pero había una ideología que acompañaba una determinada visión de la sociedad que brillaba por su ausencia en las otras dos publicaciones del underground de la época, más nihilistas en el fondo, o más inconscientes, o más centradas en la santísima trinidad alternativa patentada por Ian Dury en una de sus canciones, Sex and drugs and rock and roll.

Pepe Ribas, secundado por Toni Puig y Fernando Mir, iba muy en serio con el Ajo. De ahí su persistencia a la hora de mantenerlo con vida. Hace tiempo que no me lo cruzo por el Ensanche barcelonés, pero lo cierto es que pocas cosas me harían más ilusión en este mundo que volverme a topar con él en la esquina de Balmes con Valencia y escuchar de nuevo ese viejo mantra que ojalá se hubiese basado en la realidad más que en el deseo: “Voy a volver a sacar el Ajo porque es más necesario que nunca”.