El historiador Manuel Peña Díaz, autor de 'El Sambenito'

El historiador Manuel Peña Díaz, autor de 'El Sambenito'

Ideas

Manuel Peña: “La cancelación es una forma inquisitorial que pervive en todos los nacionalismos”

El historiador, que acaba de publicar 'El Sambenito, una historia cotidiana de la Inquisición', destaca el poso cultural y lingüístico de prácticas inquisitoriales, como el sambenito, 'la manta' o "poner verde a alguien", que buscaban marginar a quien no fuera un cristiano católico puro.

Peña advierte que se generó una "enorme desconfianza" entre los miembros de la sociedad española que podría perdurar en el tiempo

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Manuel Peña (Paymogo, Huelva, 1962) se ha interesado siempre por la vida cotidiana. Doctor por la Universitat Autònoma de Barcelona y catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba, Peña asegura que sigue a sus maestros, y que éstos cuando toman un libro de Historia se interesan, primero, por saber quién es el historiador. Con Manuel Peña eso es diáfano. Sus principales líneas de investigación se centran en la cultura escrita y en la Inquisición y las censuras. Y siempre desde un prisma concreto, la vida cotidiana, la influencia en la persona. Entre sus libros destacan Cataluña en el Renacimiento (1996), El laberinto de los libros (1997), Inquisición y censura en los Siglos de Oro (2015) e Historias cotidianas (2019). También ha sido editor de Poder y cultura festiva en la Andalucía moderna (2005), y fue director de la revista Andalucía en la Historia (Centro de Estudios Andaluces), entre 2007 y 2020.

Acaba de publicar El Sambenito, historia cotidiana de la Inquisición (El Paseo), donde mantiene esa apuesta por conocer cómo afectaron las prácticas de la Inquisición en el día a día. Y lo hace a través de esa 'distinción': Sambenito, capotillo o escapulario que se ponía a los penitentes reconciliados por el tribunal eclesiástico de la Inquisición, o Letrero que se ponía en las iglesias con el nombre y castigo de los penitenciados, y las señales de su castigo. Esa relación es la que aparece en el Diccionario de la Lengua Española.

Hay que pensar también en la 'manta', --la que se colgaba en las iglesias con nombres de antecedentes judíos, o en los cuadernos con tapa verde donde se recopilaban los nombres de aquellos súbditos que tuvieran un origen judaico. Las expresiones se han mantenido en el tiempo: 'tirar de la manta', poner verde a alguien, o ¡le han colgado el sambenito'.

Manuel Peña coge de la mano al lector, y lo sumerge en el día a día de la Inquisición. En prácticas que llevaban a los vecinos, por ejemplo, de Diego Ortiz de Villanueva, a denunciarlo porque habían escuchado una expresión determinada. Corría el año de 1583 en El Toboso --el mismo pueblo de la Mancha donde Don Quijote y Sancho buscaban la casa de Dulcinea-- cuando escucharon a Diego Ortiz de Villanueva decir: "No había de haber juicio final, ni Dios había de venir a juzgar y que no lo creyesen las gentes". Sí, fue denunciado, y pagó por ello. Y en varias ocasiones.

Había delaciones, pagos por evitar ser denunciados, todo un juego de relaciones perversas que generaron en la sociedad española a lo largo de los siglos un sentimiento de desconfianza. Peña señala en esta entrevista con Letra Global que ha quedado un poso cultural y lingüístico y que la influencia de la Inquisición ha sido notoria, aunque no tanto como para sentenciar que la desconfianza entre españoles --si es que es de mayor intensidad que en otros países-- se deba al Santo Oficio.

Pero sí tiene claro que la cultura de la cancelación tiene antecedentes: “La cancelación es una forma inquisitorial que pervive en todos los nacionalismos”, asegura, además de incidir en cómo las elites han buscado siempre su propio beneficio: "Las élites siempre parasitan las instituciones para ponerlas a su servicio".

¿Qué le ha llevado a centrar una investigación exhaustiva sobre el Sambenito? Es un elemento que todos conocemos de oídas, pero con un origen muy concreto.

Decía un historiador, refiriéndose a su maestro, que cuando coges un libro de historia lo primero que debes preguntar es quién es el historiador. En mi caso, el interés viene por la última parte del título: la vida cotidiana. Siempre me ha interesado la historia de lo diario, incluso cuando en la universidad estaba mal vista por considerarse "vulgar" o anecdótica. Me formé leyendo a marxistas ingleses como Edward Thompson y a historiadores represaliados como José Deleito y Piñuela.

Al trabajar con documentación inquisitorial, te das cuenta de que "sambenito" es una de las palabras que más se repite. Sin embargo, nadie había prestado atención al detalle de lo que suponía ese universo. Mi intención era reconstruir el impacto de la Inquisición "desde abajo": ver cómo se convivía, cómo se resistía y cómo esa institución logró una influencia cultural y lingüística que llega hasta hoy.

Precisamente en el libro se destaca que las prácticas de la Inquisición, como colocar el 'sambenito' a los súbditos de la Corona española por su pasado judío, fueron ampliamente aceptadas. Es duro de digerir, pero ¿es imposible que algo dure 350 años sin respaldo social?

Totalmente. Si no hay colaboradores y cómplices, es imposible comprender por qué un sistema autoritario pervive tanto. La Inquisición española nace en 1480 y muere en el XIX. No es lo mismo la represión brutal de los primeros 50 años que la época de Carlos III, pero siempre hubo una presencia en la sociedad. Como dijo Unamuno, el gran triunfo de la Inquisición no fue tanto matar, sino la inquisición inmanente: la que cala en la sociedad y se interioriza. En esa interiorización, el sambenito fue la pieza clave.

Portada del libro de Manuel Peña Díaz

Portada del libro de Manuel Peña Díaz

¿En qué medida el control religioso acabó convirtiéndose, en realidad, en una barrera económica para mantener privilegios? Porque, como se explica en el libro, había una competencia por determinados cargos y trabajos.

Las élites siempre parasitan las instituciones para ponerlas a su servicio. La Inquisición es el ejemplo perfecto. La 'mesocracia' (clases medias con poder) buscaba títulos de "familiar" o "calificador" no para ocultarlo, sino para lucirlo. Era un honor. Era como llevar hoy el escudo de tu equipo de fútbol; ellos ponían el escudo del Santo Oficio en la puerta de sus casas. En una sociedad definida por la identidad católica, no había mejor defensa que ser parte del tribunal que la custodiaba.

Manuel Peña Díaz, en la entrevista con 'Letra Global'

Manuel Peña Díaz, en la entrevista con 'Letra Global'

Y ahí entran las famosas "mantas". Si yo quería ascender y tú eras mi rival, ¿podía "tirar de la manta" para hundirte?

Exactamente. Los sambenitos se exponían en las iglesias como recordatorio perpetuo de la condena (por judaísmo, luteranismo, etc.). Cuando alguien prosperaba y pedía una prueba de hidalguía para no pagar impuestos o entrar en una orden militar, aparecían los "informadores linajudos". Estos individuos rastreaban las mantas colgadas buscando apellidos para chantajear. Se pagaban fortunas en acuerdos privados para que no se mencionara a un antepasado. Era una sociedad profundamente desconfiada donde el vecino podía ser tu delator y tú nunca sabías por qué te habían denunciado.

Esa desconfianza... ¿cree que sigue en el poso de la sociedad española? ¿Es una herencia casi genética de la Inquisición?

Tengo mis dudas. Me cuesta afirmar que la desconfianza actual en la política o la economía sea una herencia directa. No creo que la sombra sea tan larga. Unamuno decía que sí, que era la causa de nuestro retraso, pero como historiador evito la lectura lineal de causa-consecuencia. Somos diferentes, aunque mantengamos herencias inmateriales.

Lo que sí es innegable es la herencia lingüística. De niños, bajo el nacionalcatolicismo, usábamos "perro judío" o "escupir como un judío" sin saber qué decíamos. La Inquisición era, ante todo, antijudaica. Esa obsesión por la "pureza de sangre" y la delación del que "judaiza" (no del judío, sino del cristiano nuevo que mantiene ritos ocultos) conformó una sociedad basada en el señalamiento.

¿Esa estructura de poder se exportó también a América?

Sí, fue un tribunal global. Se establecieron tribunales en México, Lima y Cartagena de Indias. La obsesión allí, especialmente en el siglo XVII, era detectar a los "marranos" (judeoconversos) portugueses. La Inquisición siempre necesitaba un enemigo para justificar su existencia, y el judío siempre fue más rentable que el musulmán para sus fines.

El historiador Manuel Peña Díaz, con 'Letra Global'

El historiador Manuel Peña Díaz, con 'Letra Global'

Hablando de enemigos y señalamiento, hoy usamos el término "cancelación". ¿Hay similitudes entre los procesos actuales y los métodos inquisitoriales?

Absolutamente. La cancelación es una práctica inquisitorial que pervive en todos los nacionalismos. Es una censura a posteriori: una vez que el grupo identifica una "desviación" de la identidad colectiva, se aniquila civilmente al sujeto.

Los nacionalismos actuales —me da igual si son españoles, catalanes, vascos o rumanos— tienen prácticas inquisitoriales porque son identitarios. El nacionalismo necesita construir un súbdito fiel. Si para mantener el poder tienes que marcar, señalar o enterrar al adversario, estás usando el manual del Santo Oficio. Los Reyes Católicos lo usaron para fortalecer una monarquía que salía débil de una guerra civil; hoy se usa para lo mismo.

Y para que todo esto funcionara, era necesaria una buena comunicación

¡Es que la Inquisición tuvo una propaganda buenísima! Fue la primera gran "multinacional" del control. Cuando nace el periodismo en el siglo XVII, el Santo Oficio se sube al carro. Contrataban a periodistas como Andrés Almansa para escribir las "Relaciones de Autos de Fe". Eran éxitos de ventas, casi un género literario. La Inquisición quería proyectar una imagen de omnipotencia y eficacia, aunque a veces no lo fuera tanto. Ellos mismos alimentaron su propia "Leyenda Negra" porque les interesaba que se les temiera.

Entonces debemos quedarnos con esa idea: ¿somos hijos del lenguaje y del patrimonio del miedo?

Así es. Cuando vas al mercado de Santa Caterina en Barcelona, estás donde estaba el convento de los Dominicos con cientos de sambenitos colgados. Hoy te tomas una tapa allí, pero estamos impregnados de ese pasado. Hay que saberlo para ser verdaderamente libres.