Almodóvar con los actores de 'Amarga Navidad'
Estrategias del cine: Almodóvar y Segura
Quizá el mundo se parece más a una película de 'Torrente' que a una de Almodóvar. Y si de lo que se trata es de evadirse de ese mundo por un rato, quizá mejor 'Cumbres Borrascosas'
Ayer, de paseo, oí a una pareja joven que andaba de la mano. Ella le decía a él:
--Pues si tú no quieres ver Cumbres borrascosas, yo no iré a ver Torrente presidente.
Angelicos. Los comprendí muy bien. La chica vive en ese imaginario romántico tradicional; quiere contemplar, desde la bendita oscuridad onírica de la sala de cine, una trágica historia de un amor romántico y apasionado, con bellos paisajes, hombres guapos, peligrosos y eróticos, y mansiones antiguas y espaciosas de sólida piedra, si es posible iluminadas por la noche con candelabros y quinqués o lámparas de gas, y paisajes en los que la naturaleza es espléndida. Son escenarios que tradicionalmente atraen a la sensibilidad femenina.
Además, ella debe intuir que el guión de la película será sólido, ya que está basado en una novela famosa, aunque no la haya leído ni probablemente sepa que la autora de esa novela es Emily Bronté (1818-1848). (La pobre estaba llena de talento pero murió prematuramente, de tuberculosis, como varios de sus hermanos).
Al chico, por el contrario, le apetece ir al cine a pasar un rato divertido, ver astracanadas y cochinadas, sacudirse, amparado por el anonimato de la sala oscura y aunque sea virtualmente, por persona interpuesta (Torrente), todas las obligaciones de la corrección, la mesura, la civilidad, la educación, las normas de buen comportamiento, la represión de la animalidad nuclear del ser humano.
Le atrae la posibilidad de reírse a carcajadas con las animaladas de Torrente, con las ocurrencias de Segura, con los chistes que ahora está mal visto contar. Derrapar, vamos. También es legítimo ese deseo libertario que suele asociarse a la condición masculina.
Santiago Segura, promocionando 'Torrente presidente'
En fin, nada, un diferendo de gustos arquetípico, sin mayor importancia. Ahora bien, en la frase de la chica me pareció advertir una peligrosa amenaza de fisura en la relación que sostenían aquellos jóvenes desconocidos. Estuve a punto de intervenir y decirle al novio: “No seas tonto, créeme, acompáñala a ver Cumbres Borrascosas, aunque te dé pereza, al fin y al cabo ¿qué te cuesta complacerla? Es sólo sentarse durante una hora y media a ver chorradas sentimentales, lo cual, convendrás conmigo, es un peaje pequeño, y le darás a ella un gusto que luego además ella te recompensará acompañándote a ver Torrente, presidente, cosa para la que con su frase ha demostrado ya disponibilidad, aunque tampoco le apetezca. Créeme, muchacho: en las relaciones humanas, y también en las amorosas como la que vosotros sostenéis, es imprescindible ceder algunas veces en bien de la armonía.”
Me abstuve de decir nada, porque cabe suponer que mi opinión, que, la verdad, reconozco que no me había sido reclamada, quizás tampoco sería bien recibida. En caso de intervenir, aunque con los mejores propósitos como se entenderá, me exponía a una respuesta destemplada, tipo “¿usted quién es y quién le ha dado vela en este entierro? ¡Métase en sus asuntos!”. Y a lo peor el chaval me hubiera llamado “entrometido” y hasta “gilipollas”. Y teniendo en cuenta mi carácter, con arrebatos coléricos, gracias al cielo no muy frecuentes, aquello hubiera podido acabar como el rosario de la aurora. Mejor olvidarse del asunto.
Tormentos de la creación
Pero no me olvidé, me quedé pensando. Y me quedé pensando lo siguiente: “¿Por qué, en este contencioso entre Cumbres Borrascosas y Torrente, presidente, no se contempla la posibilidad de Amarga navidad, la nueva película de Pedro Almodóvar?”
Es que ni la contemplan. Parece que las cuitas y reflexiones del célebre e internacionalmente respetado director manchego, sobre los tormentos de la creación artística de un exitoso y acomodado director de cine, a esa parejita le trae al pairo.
Escena de 'Cumbres borrascosas'
¿Por qué Segura sí (para el cincuenta por ciento de la parejita objeto de mi estudio de campo), y Almodóvar no (cero por ciento)? Los dos son pop. Los dos son televisivos y están bien anclados como referencias del imaginario colectivo desde hace varias generaciones. Los dos son competentes como dispensadores de historias bien perfiladas y bien narradas para grandes públicos.
Las de Almodóvar “viajan” bien, las de Segura no, fuera no las entienden mucho, pero aquí arrasan.
Yo no lo sé, pues (por motivos de gusto personal que no vienen al caso) hace muchos años que no veo las películas de Almodóvar, pero quizá se ha intelectualizado y eso le aleja de los públicos masivos (concretamente, de la pareja de novios mencionada), aunque desde luego no puede quejarse de falta de éxito. Quizá sus discursos ideológicos retraen la simpatía y predisposición a ver su obra en la mitad de la población. Quizá a una sociedad sometida a presiones y problemas acuciantes el tema de Amarga Navidad le suene a coquetería de triunfadores lejanos.
Quizá el mundo se parece más a una película de Torrente que a una de Almodóvar. Y si de lo que se trata es de evadirse de ese mundo por un rato, quizá mejor Cumbres Borrascosas.
Película que, por cierto, y sin pretender con esto descalificarlas, ni mucho menos (pues para gustos los colores), reconozco que ni la he visto ni me propongo verla, como tampoco las otras dos.