Imagen de 'Dentro de la machosfera'

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Cine & Teatro

Louis Theroux y los ‘Manfluencers’

Al espectador más o menos normal le resultan odiosos, pero hay que reconocer, aunque eso no constituya ningún mérito, que han elevado el mansplaining a la enésima potencia. Theroux, en Dentro de la machosfera, los acosa en Marbella, Manhattan o Miami y pone al descubierto todas sus vergüenzas

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El documentalista angloamericano Louis Theroux (Singapur, 1970) no es demasiado conocido en España, pero, a su nivel, es una estrella en el mundo anglosajón. Para el que no sepa quién es, Netflix acaba de colgar una espléndida tarjeta de visita titulada Dentro de la machosfera, largometraje centrado en los manfluencers, o influencers machistas y chulescos que cuentan con miles de seguidores que envidian su estilo de vida y a los que humillan convenientemente por no haber llegado a ninguna parte, a ver si así despiertan y se convierten, como sus guías, en masters of the universe como los que nos presentó hace años Tom Wolfe en su novela La hoguera de las vanidades.

El pequeño Louis nació en una familia muy creativa. Su padre estadounidense, Paul (Medford, Oregón, 1941) es un escritor consagrado y muy propenso a los libros de viajes cuya obra ha sido llevada al cine en varias ocasiones (Saint Jack, La costa de los mosquitos, La calle de la media luna). Su tío, Alexander, también es escritor Y su primo Justin es actor (por motivos incomprensibles, mutaba en Bill Pullman en la demencial Carretera perdida, de David Lynch).

Imagen de 'Dentro de la machosfera'

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El joven Louis pasó por el Magdalen College de la universidad de Oxford, donde se tituló en Historia, e hizo sus pinitos en Estados Unidos, presentando una sección del programa de Michael Moore TV Nation y colaborando en la divertida revista Spy. Luego volvió a Inglaterra y realizó para la BBC una serie de documentales, especializados casi siempre en grupos sociales tirando a chocantes (material del que encontraría una mina en Estados Unidos, capital mundial de la insania: supremacistas blancos, supremacistas negros, traficantes de drogas, pedófilos, moteros desquiciados, ufólogos majaretas…

Enfrentándose siempre a ellos con educación, infinita paciencia y compadreo aspiracional, y poniendo cara de inofensivo badulaque, algo que no es, como han podido comprobar sus personajes homenajeados: el hombre no va a destrozar por sistema, pero ante la catadura moral o la imbecilidad profunda de sus entrevistados, a veces no le queda más remedio).

Forrarse sin hacer nada

En su etapa británica, el señor Theroux elaboró dos documentales sobre el pedófilo pop Jimmy Saville, gran amigo de Gary Glitter y demás depredadores del mundo del espectáculo. Nuestro hombre almacena varios premios por sus cosas, entre los que cabe destacar un Emmy. Cuando la pandemia, encontró una forma de subsistir con un podcast titulado Grounded with Louis Theroux (Castigado con Louis Theroux). Y podríamos decir que es el equivalente anglo de Jordi Évole, si no fuese porque Theroux va más al fondo de las cosas (y sin mochilas políticas) que nuestro ex follonero de los tiempos de Buenafuente.

Louis Theroux es, fundamentalmente, un sujeto incómodo para muchos colectivos que, pese a ello, se prestan a recibirle, exhibir su simpleza y estupidez y quedar retratados para la posteridad a una luz que no les favorece demasiado. Es lo que les sucede a las estrellas de Dentro de la machosfera, una pandilla de seres humanos de muy poca calidad que se han hecho ricos gracias a todos los jóvenes inseguros, torpes y a menudo ridículos que les sufragan sus consejos para una vida mejor.

Theroux nos los muestra en todo su esplendor: fardando de peluco, enviando a la novia a fregar, conduciendo su último bólido…De hecho, se forran sin saber hacer nada, recurriendo al viejo sistema del “consejos vendo, para mí no tengo”.

Gañanes ambiciosos

Evidentemente, al espectador más o menos normal le resultan odiosos, pero hay que reconocer, aunque eso no constituya ningún mérito, que han elevado el mansplaining a la enésima potencia. Theroux los acosa en Marbella, Manhattan o Miami (aquí se registra una peligrosa densidad de manfluencers por metro cuadrado) y pone al descubierto todas sus vergüenzas.

Aprovecharse de la simpleza ajena, de la gente con ganas de triunfar sin haber destacado en nada (el material humano del que se nutren los reality shows) es, en realidad, un truco tan viejo como el tocomocho o el timo de la estampita, pero puesto al día a través de Internet, la nueva manera de engañar a bobos, simplones y gañanes ambiciosos. Aquí los manfluencers y sus seguidores se merecen mutuamente.

Aunque parece que le pueden partir la cara a cada momento, el señor Theroux sale ileso de la machosfera, como ya salió antes de muchos más entornos tóxicos. Investigador de la tontería y el cutrerío, nuestro hombre se ha convertido en el maestro de la ironía (y el sarcasmo) triunfal que nos muestra a gente con la que no querríamos tener nada que ver, pero que en la pantalla del televisor nos proporcionan grandes experiencias que van de la risa a la tristeza y el fatalismo.

Como dirían los americanos, lo de Theroux es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo.