Robert De Niro en la serie ‘Día cero’

Robert De Niro en la serie ‘Día cero’

Cine & Teatro

‘Día cero’: el colapso de América

Robert De Niro protagoniza una serie que resulta muy entretenida, con una ligera base política, aunque no descubre la pólvora

'La (sin) sustancia', con Demi Moore

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Los ordenadores de todo Estados Unidos son víctimas de un hackeo generalizado. Todo deja de funcionar. Los trenes chocan. Los aviones se caen. Los semáforos no funcionan. Resultado: más de 4.000 muertos. Y en los teléfonos de todos los ciudadanos, una amenaza siniestra: “Esto se repetirá”.

Este es el punto de partida de la miniserie de Netflix Día cero, una distopía cercana escrita por Eric Newman, Noah Oppenheim y Michael Schmidt y dirigida por Lesli Linka Glatter, y protagonizada por Robert De Niro en su primera incursión en la televisión (a sus 82 años).

De Niro se mete en la piel del expresidente de los Estados Unidos George Mullen, político muy respetado que en su momento no se presentó a la reelección porque la muerte de su hijo a manos de las drogas lo dejó destruido. Algunos lo acusaron de flojo, pero, en general, Mullen es un tipo muy apreciado por the american people. Por eso recurre a él la presidenta Mitchell (mujer y negra, eso sí que es distópico, aunque optimista, viendo a la bestia que ahora ocupa la Casa Blanca) para que se ponga al frente de una comisión encargada de plantar cara a la amenaza que se cierne sobre el país.

Robert De Niro, en la serie 'Día cero'

Robert De Niro, en la serie 'Día cero'

Su hija, Alex (Lizzy Kaplan) es una política que está en contra de esa comisión por la posibilidad de que los métodos que utilice no sean muy respetuosos con los derechos humanos, pero sus intentos de abortarla no dan resultado.

Bocazas de extrema derecha

Lo principal es averiguar quién está detrás del ataque. ¿Los rusos? Otra potencia extranjera. ¿O el horror viene de dentro, como parece insinuar la figura del portavoz de la Casa Blanca, Richard Dreyer (Matthew Modine), un conspirador de nivel cinco? Pensemos que el sector más derechista de la administración considera que Estados Unidos está en decadencia y que urge un golpe de timón que desaloje del cargo a la presidenta Mitchell.

Imagen de la serie 'Día cero'

Imagen de la serie 'Día cero'

Los seis episodios de Día Cero transcurren en ese sinvivir de no saber a qué se enfrenta uno. De ahí que el expresidente Mullen acabe dando erráticos palos de ciego, tomándola, por ejemplo, con un bocazas de extrema derecha que tiene un programa de televisión para conspiranoicos, Evan Greene (Dan Stevens), que acaba detenido y torturado porque a Mullen se le ha metido en la cabeza que es el cerebro del ataque.

Honesta diversión

La teoría del inside job adquiere verosimilitud cuando vemos quién es el segundo de a bordo de Mullen, Roger (Jesse Plemons), un tipo muy simpático y servicial, pero tirando a turbio, que mantiene reuniones clandestinas con gente poco recomendable que no está nada contenta con la presidencia de Mitchell.

Y así nos tiramos seis horas la mar de entretenidas tratando de averiguar quién se oculta tras el brutal atentado. Políticamente, la serie no aporta gran cosa, pero el guion funciona, el ritmo es trepidante, el reparto está muy bien y el conjunto se revela como un producto resultón capaz de salvar cualquier fin de semana. De Niro cumple, aunque, curiosamente, era mucho mejor de joven, cuando rodó Taxi driver, que ahora.

Le ocurre lo mismo que a Al Pacino: da la impresión de que cuando tomaron conciencia de su grandeza, se relajaron en exceso, hasta el extremo de llegar a actuar con el piloto automático.

No esperen grandes cosas de Día cero y disfrútenla como lo que es, un entretenimiento con una ligera base política que no descubre la pólvora, pero garantiza al espectador unas horas de honesta diversión.