Buraq, el caballo alado con cara humana que trasladó al profeta Mahoma de la Tierra al Cielo y de regreso durante el Isra y el Mi'raj, en Manhattan

Buraq, el caballo alado con cara humana que trasladó al profeta Mahoma de la Tierra al Cielo y de regreso durante el Isra y el Mi'raj, en Manhattan FARRUQO

Ideas

Dostoievski en Mar-a-Lago y el Corán en Nueva York: rupturas en la era Trump

Hace ya mucho que los nihilistas dejaron atrás las vastas estepas rusas para convertirse en un eje fundamental de la literatura contemporánea, que alimenta en parte a la praxis política

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“Destruir y luego desbrozar el terreno de los escombros”, la orden de la Delta Force es el grito de Ivan Karamazov, el personaje de Dostoievski que no acepta ninguna autoridad ni tiene fe en ningún principio. Ivan no conoce el honorífico arte de la guerra de Sun Tzu; solo sabe ganar y deja a la ciencia a salvo de la destrucción. Pasa gran parte de su tiempo disecando sapos y anfibios de río; afirma que es mucho más importante un químico decente que cualquier poeta. Siembra a ciegas el cientifismo actual de los grandes conglomerados tecnológicos; encarna lo que será el retroceso humanista del siglo XXI.

Mar-a-Lago es el altar definitivo de la privatización de los conflictos internacionales. El Washington de Palm Beach a la medida de Donald Trump es dostoievskiano; enlaza en el fondo con las utopías de la nueva sociedad, de Los Demonios, con la idea utilitaria del mayor bien general a través de cualquier medio de Crimen y Castigo, y con el asesinato de la figura paterna de Los Hermanos Karamazov, como símbolo de la destrucción de una ley injusta.

Hace ya mucho que los nihilistas dejaron atrás las vastas estepas rusas para convertirse en un eje fundamental de la literatura contemporánea, que alimenta en parte a la praxis política. Antón Chejov no se olvidó de nada en su Jardín de las delicias; su ejemplo no cura las heridas del corazón sino que expande el misterio del alma humana.

Frente a lo imprevisible del poder, nos quedamos paralizados por el estupor ¿Cómo reaccionar? Dostoievski nos habla en voz baja desde sus Memorias del subsuelo, un soliloquio del hombre-ratón, duro e irascible que responde a un público inventado capaz de soportar su histérica alocución sobre la idea de que un ser honrado, ni héroe ni insecto, no llega a nada.

El escritor ruso Fiedor Dostoievski

El escritor ruso Fiedor Dostoievski WIKIPEDIA

Sus modales reflejan su personalidad; es un pozo negro de confesiones neuróticas, exasperado, horriblemente infeliz, como el poderoso que ordena utilizar la violencia o el infeliz que le obedece. El ratón se descompone. Leyendo a Dostoievski, uno descubre que cuando más atento está su hombre-ratón, más pecados comete y más se hunde en el lodo. Él nunca será el insecto de Kafka que provoca la risa desatada y la angustia interior de la Metamorfosis.

Aparte de la grandeza de Dostoievski, otros escritores del ochocientos, como los franceses, Stendhal y Flaubert, o el ruso Pushkin, desvelaron hace mucho la hecatombe de valores que hoy nos coloniza por completo.

Plantearon cuestiones filosófico-morales más allá de la contingencia de sus días. Dostoievski presentó a personas virtuosas en situaciones patéticas cuando empezó su larga carrera a su vuelta de Siberia, donde estuvo preso por su oposición al poder de San Petersburgo.

Muy pronto expresó la liberación a través de la transgresión, la supremacía ética del sufrimiento, la sumisión por encima de la resistencia y la defensa del libre albedrío, no de forma metafísica sino moralista. Vio a la Europa occidental de su tiempo como la del anticristo egoísta frente a la supuesta fraternidad del cristo bizantino.

Los lectores desatamos sentimientos que van mucho más lejos de lo nos quiere decir el autor. En Crimen y castigo, las dos ancianas prestamistas, víctimas de su propia codicia, nos acercan al memento mori (saben que un día morirán) de los personajes insondables de las grandes obras conocidas de Shakespeare, como el ahorcamiento de Cordelia, la muerte de Hamlet o el suicidio de Otelo.

Donald Trump, presidente de EEUU

Donald Trump, presidente de EEUU Europa Press Washington, DC

Mar-a-Lago, metáfora del poder absoluto, resulta emocionalmente ecléctica; es un monumento a la destrucción de la estética, no tanto por sus placeres auríferos como por el simbolismo pretendido. El gran lingüista y crítico literario del New Yorker, George Steiner, al situar en lo más alto de las letras el fatalismo de Dostoievski, no tuvo tiempo (murió en el año 2020) de incluir en sus análisis a la Casita Blanca familiar de Florida, una fortaleza de estilo pompier, marcada por el autoritarismo “trágico-fantástico” de su dueño, el presidente.

Steiner sí conoció, en cambio, la Torre Trump de Manhattan, un peñasco de cristal y acero, que contempla con desdén el nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mandani, un socialista musulmán, el inesperado grano en la nariz del magnate.

No hay más ética que la ética del sacrificio” dice un precepto coránico que compartió el alcalde, tras jurar su cargo en un acto privado y oficioso en el Bajo Manhattan. Recuperó el resuello de la multiculturalidad en plena fiebre de la posverdad. Mandani combate el nihilismo con la misma determinación que la hizo el filósofo francés, André Glucksmann, en Dostoievski en Manhattan, un ensayo sobrecogedor sobre el teatro de las ferocidades con el que empezó el siglo XXI, tras el atentado de las Torres Gemelas.

Concepción del mundo

Después del reciente golpe de mano no tan limpio de la Delta Force, Mandani expresó su rechazo categórico a la operación. Maduro, juzgado ahora en Nueva York, ha pasado a convertirse en un problema que le concierne.

En el análisis de la Gran Manzana, Mandani y Glucksmann (fallecido en 2015) encuentran caminos paralelos; el alcalde envuelto en un proyecto social con futuro y el filósofo francés en la entretela del fin de fiesta de los sesenta y relacionado con los llamados Nuevos Filósofos de tradición irracionalista, como Jean Marie Benoist, Michel Guerin, y Jean Paul Dollé.

El nuevo edil de la ciudad más poblada de Norteamérica juró el cargo oficiosamente en el sótano de un metro fuera de servicio, lejos del bullicioso Times Square; el uno de enero de este año se produjo el significativo amanecer de una nueva era a medio centenar de calles al sur de Manhattan.

Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York

Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York Europa Press / Fotomontaje CG

Pocos días después, Bernie Sanders y la congresista demócrata, Alexandra Ocasio-Cortez, secundarían el juramento oficial, con la mano del alcalde sobre un texto del Corán de la colección del escritor puertorriqueño Arturo Schomburg que custodia la Biblioteca Pública de Nueva York.

Los negocios y la guerra de hoy justifican sus actos como si emanaran de una revelación. Ocupan un lugar en el que no interviene Dios, como el amparo del altísimo, sino como el Jesús evangélico hecho hombre que habita en “nuestros corazones”, según predican hoy las tribus heréticas del MAGA.

El arte significa un acceso al conocimiento, “menos deseable que el que produce la ciencia”, en opinión del estado mayor de USA, convertido en consejo de administración de un trust petrolero, en el que destaca Marco Rubio.

Mientras Nueva York muda su piel, la égloga del hemisferio sur da un paso en falso. Sus enunciados son una refutación total de la concepción del mundo descrita en La Democracia en América de Alexis de Tocqueville, el tratado fundacional del gran experimento.

Los altos poderes tratan de establecer una visión de lo necesario, a través del autoritarismo populista; eliminan a la sociedad civil, devalúan la tradición, como lo hace en la ficción Iván Karamazov, “quien vivirá y amará sin saber por qué”, señala Albert Camus en Dostoievski y el problema moral.

El escritor ruso Anton Chejov

El escritor ruso Anton Chejov WIKIPEDIA

Los aviones sobre Venezuela trasladan al subcontinente el debate de Turguénev, en su novela Padres e hijos, entre dos jóvenes -Bazárov y Kirsánov, herederos de un epítome dinástico- que enfrenta a la élite falsamente occidentalizada con los eslavófilos rusos de su tiempo, comparables a las raíces latinas del presente en Latinoamérica. Turguénev, luz del nihilismo ruso, sufrió un entorno familiar ominoso, por no decir resueltamente malvado. “Su acaudalada y célebre madre ... era de una crueldad, mezquindad y barbarie sólo superadas por las de su propia madre, la abuela de Iván..., escribe Javier Marías en Vidas escritas.

Voluntad y moral

Por su parte, Gurov, el personaje central de Antón Chejov en La dama y el perrito, conoce a una joven llamada Anna Serguéievna, en Yalta, durante unas vacaciones en la costa del mar Negro, la actual Ucrania rusa de Putin, la obsesión fratricida de un autócrata.

Aunque en menor medida, la voluntad por encima de la moral también se impone en otros autores monumentales, como el Tolstoi de Ana Karenina o en el onírico Gogol de Almas muertas y su personaje central, Chíchikov, representante humilde del diablo, desmedrado y putrefacto.

En la letra de este narrador genial, suenan las moscas y los ladridos lejanos en la estepa de los mujiks. Su obra fue traducida al inglés repetidamente, lo que le permitió a Gogol pasar los inviernos entre Roma y Baden-Baden.

Por lo que respecta al alma rusa, el nihilismo tardó en ir desapareciendo del arte para recuperarse después, con dientes de sierra, en el campo de la geopolítica.