El documental 'Hammer: Héroes, leyendas y monstruos'

El documental 'Hammer: Héroes, leyendas y monstruos'

Cine & Teatro

Los monstruos de la Hammer

El documental 'Hammer: Héroes, leyendas y monstruoses' un completo repaso a la vida y milagros de la productora británica desde su fundación en 1934 por un emigrante español llamado Enrique Carreras y un actor no muy brillante, Will Hinds, cuyo nombre artístico era Will Hammer

Llegir en Català
Publicada

Las películas de terror de la compañía británica Hammer Films, convertidas actualmente en objetos de culto, contribuyeron enormemente a mi entretenimiento infantil y adolescente en las salas de programa doble de la época. Vistas ahora, pueden parecer un poco (o un mucho) de cartón piedra, pero en los años 60 del pasado siglo fueron, para mí y muchos otros, a nivel global, el no va más del cine fantástico.

En su momento, si las comparabas con las gansadas (que también tienen su público, lo sé, empezando por Quentin Tarantino) de Paul Naschy, te parecían muy superiores, aunque solo fuera porque contaban con actores tan solventes como Christopher Lee o Peter Cushing, capaz éste de aportar una dignidad shakespeariana a las líneas más indefendibles del guion (que solía alterar con sus propias correcciones a bolígrafo, saliéndose habitualmente con la suya).

Filmin ha colgado recientemente el espléndido documental de Benjamin Field Hammer: Héroes, leyendas y monstruos (apariciones de Tim Burton, John Carpenter o John Landis), que pasó por el festival de Sitges en la edición de 2025 y que es un completo repaso a la vida y milagros de la productora británica desde su fundación en 1934 por un emigrante español llamado Enrique Carreras (1880 – 1950) y un actor no muy brillante, Will Hinds, cuyo nombre artístico (por llamarlo de alguna manera) era Will Hammer.

Y llega Warner Brothers

Pese a haber dado nombre a la productora, el bueno de Will no aportó gran cosa al invento desde un punto de vista conceptual, pero de ello se encargó su hijo Anthony en las labores de producción. El hijo de Enrique, James Carreras (1909-1990), y el nieto, Michael Carreras (1927 – 1994), fueron los principales factótums de la casa, aunque se llevaban fatal entre ellos y las ideas renovadoras de Michael no siempre gozaban de la aprobación de su padre.

El documental 'Hammer: Héroes, leyendas y monstruos'

El documental 'Hammer: Héroes, leyendas y monstruos'

La verdad es que la Hammer fue una productora de chichinabo hasta mediados de los años 50, cuando procedió a la resurrección (¡en rabioso technicolour!) de los monstruos de la Universal de los años 30: Frankenstein, Drácula, el Hombre Lobo, la Momia…Si las cosas no habían ido mal en 1955 con El experimento del doctor Quatermass (en inglés, The Xperiment of doctor Quatermass, para insinuar lo extremo de la experiencia cinematográfica que se proponía al respetable), que no dejaba de ser la adaptación de un serial radiofónico de la BBC, mejoraron notablemente en 1956 con La maldición de Frankenstein, en la que Cushing y Lee interpretaban, respectivamente, al doctor y al monstruo.

Gracias a esta película, el pobre Michael Carreras, acostumbrado a unos presupuestos de risa, enroló en la financiación de sus chaladuras a Warner Brothers, lo cual alegró un poco los rodajes, aunque sin exagerar, dado que la virtud del ahorro había sido impuesta desde un buen principio por don Enrique. Con La maldición de Frankenstein, la Hammer encontró una mina de oro de la que no pararon de salir ofertas a las que el público era incapaz de renunciar.

Como ir a la oficina

Después de Mary Shelley, le tocó el turno a Bram Stoker y su Dracula, y dos libros con su exposición, su nudo y su desenlace se convirtieron en sagas cinematográficas con abundantes secuelas (en las andanzas de ese vampiro que cada vez resucitaba de maneras más inverosímiles se consagraron como pareja artística Lee y Cushing, en sus respectivos roles del conde lúbrico y el puritano profesor Van Helsing).

El aire de familia no se reducía en las producciones de la Hammer a la entrañable (y persistente) presencia de los señores Cushing y Lee, sino que se extendía a todo el equipo, del guionista a los eléctricos, que era siempre más o menos el mismo. En los años 50 y 60, trabajar para la Hammer era como ir a la oficina, pero mucho más divertido.

El actor Christopher Lee

El actor Christopher Lee FILMIN

Aunque la censura británica no era como la española de la época, también gustaba de decirle a la gente lo que tenía que hacer. En ese sentido, la Hammer tuvo problemas por sus (presuntos) excesos con la violencia y el sexo. Cada proyección para la comisión de censura era una tortura, pero el truco del señor Carreras consistía en que le censuraran escenas osadas, que pensaba cortar de todos modos, para salvar las que se hubieran llevado el chorreo de no ser por ellas. Además del ahorro, en la Hammer también triunfaba la picaresca.

Los fans se renuevan

Y, de hecho, la suavización de la censura británica en la década de los 70 acabó siendo contraproducente para la compañía, que entró en una fase de sexploitation que redujo bastante el encanto de sus propuestas, que siempre se movieron más en el terreno de la insinuación que de la exhibición.

La época dorada de la Hammer tuvo lugar en los años 50 y 60. Resistió como pudo la década de los 70, pero no llegó en muy buen estado a los 80. Aún existe, pero últimamente solo da señales de vida muy de vez en cuando y con productos impersonales que no logran seducir a nadie.

Todos sus principales representantes están muertos, y los que disfrutamos de sus mejores películas no tardaremos mucho en seguir su ejemplo. Afortunadamente, los fans de la Hammer se van renovando y el culto se mantiene vivo. No debe ser lo mismo que haber descubierto las maldades del conde transilvano y el médico enloquecido en cines de barrio y de veraneo, pero alguna ventaja hemos de tener los carcamales, ¿no?