El régimen de Kate Winslet

El régimen de Kate Winslet

Cine & Teatro

El régimen de Kate Winslet

La miniserie 'The Regime' resulta un fiasco, a pesar de Winslet, porque pretende ser una comedia tronchante sobre una dictadura ridícula, pero no consigue arrancar una triste sonrisa

5 abril, 2024 17:03

El titular de este artículo no hace referencia a ninguna dieta que pueda estar siguiendo la actriz inglesa a Kate Winslet (yo diría que no se ha apuntado a ninguna, pues cada día la veo más hermosa y oronda y apetecible), sino a The Regime, la miniserie que protagoniza en HBO (y, desde hace unos días, también Movistar, cuya voluntad de acaparamiento resulta cada vez más evidente) y que tanto prometía sobre el papel. La historia de la dictadora (enloquecida) de un país del este (aunque todos sus habitantes se comportan como británicos) a la que interpreta Winslet parecía tenerlo todo para constituir una excelente propuesta audiovisual: una protagonista que suele elegir bien sus proyectos (recordemos la excelente miniserie Mare of Easttown), unos secundarios de mérito (como el francés Guillaume Galienne, autor de la descacharrante comedia autobiográfica Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!), un director de prestigio como Stephen Frears, un showrunner que había trabajado en Succesion y escrito el magnífico thriller gastronómico El menú, Will Tracy, y hasta la presencia, como consulting producer del escritor norteamericano de origen ruso Gary Shteyngart (del que tuve el placer de traducir hace años dos novelas, Absurdistán y Una súper triste historia de amor verdadero). Con tan glorioso personal, ¿qué podía salir mal? Pues, exceptuando la inspirada partitura de Alexandre Desplat para los créditos, prácticamente todo. Hay pocos fiascos tan evidentes en la más reciente producción televisiva como The Regime.

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El principal responsable del desastre es el guionista de sus seis episodios, Will Tracy, que ha pretendido hacer…Pues no sé muy bien lo que ha pretendido hacer, la verdad. La cosa es, en teoría, una comedia tronchante sobre una dictadura ridícula cuya mandamás es una loca de atar, superficial, errática e incomprensible que nadie entiende cómo ha podido llegar a lo más alto siendo, como es, una ceporra de nivel cinco. Kate Winslet hace lo que puede con un personaje del que no hay nada que rascar. Y lo mismo puede decirse de Guillaume Galliene en el papel de su sufrido marido francés, del belga Matthias Schonaerts (un cabo del ejército, Herbert Zubak, que se convierte en una especie de Rasputín para la zarina dictatorial), del pobre Hugh Grant (un jefe de la oposición que no tiene muchas más luces que su némesis) y del resto del elenco, que se las ve y se las desea para tirar adelante una función que no avanza ni con ruedas. Como comedia, The Regime no te arranca ni una triste sonrisa (no hablemos ya de carcajadas). Como denuncia de los regímenes dictatoriales, es de una ineptitud asombrosa. Como retrato humano de un colectivo resulta completamente fallido, pues no hay ni un personaje capaz de despertar la más mínima empatía en el espectador: todo en The Regime es un aburrido disparate y una absoluta pérdida de tiempo para quienes la han perpetrado y quienes la han sufrido.

¿A quién va dirigida?

Confieso que estuve a punto de abandonar la serie a mitad del segundo episodio, pero me la acabé tragando entera por si despegaba en el momento menos pensado. Pero The Regime no despega jamás y no puedes dejar de preguntarte quién le dio luz verde a semejante engendro y por qué se apuntaron a él gente de tanto prestigio como Winslet, Frears o Shteyngart (quien co escribe un episodio). La serie, además, ha costado un dinerito considerable, aunque no se sepa muy bien a quién va dirigida ni qué ha pretendido su creador con las andanzas de esa chiflada obsesionada con su difunto padre (al que tiene en una hornacina y con el que habla a ratos) y de la que no se entiende cómo no es eliminada por sus sicofantes más cercanos para evitar que siga hundiendo al país en la miseria. Que alguien capaz de escribir The Menu nos salga con esta estupidez carente de la más mínima gracia es algo que no acierto a comprender.

Quedan ustedes advertidos para que no cometan el mismo error que yo, atraídos por el presunto tronío de la propuesta. Si, a pesar de ello, alguien insiste en verla y además le gusta, que sepa que encajo los insultos con una gran deportividad.