María Hesse

María Hesse YOLANDA CARDO

Artes

María Hesse: "Los niños leen los libros de otra manera"

La artista onubense, que acaba de ilustrar una edición de autor de El principito para el sello Salamandra, donde dialoga con los dibujos de Antoine de Saint-Exupéry, reflexiona sobre las relaciones entre la literatura y las imágenes

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María Hesse es una de las ilustradoras más conocidas y reconocidas de este país. Con Salamandra, acaba de presentar El principito, un clásico en el que sus ilustraciones dialogan con las que, en su momento, realizó Antoine de Saint-Exupéry. Además de haber adaptado clásicos como Mujercitas, Hesse es autora de El Placer y El miedo, su último y destacado trabajo como autora de novela gráfica. 

Usted cuenta que había leído El principito en varias ocasiones. ¿El hecho de saber que iba a ilustrarlo modificó la última lectura que hizo?

Las lecturas fueron cambiando en la medida en que pasaba el tiempo y esta última lectura, evidentemente, no era la misma, pero no tanto por el hecho de tener que ilustrarlo cuanto porque mi edad es otra, mi madurez es otra y el contexto social también es otro respecto al de cuanto lo leí por primera vez. Es decir, no soy la misma persona de antes ni el código social en el que vivimos es el de hace algunos años. Así que releer este libro fue redescubrirlo. Obviamente, había muchos detalles que recordaba porque El principito es un libro que ha estado siempre muy presente, que he regalado mucho y del que utilizado muchas citas. Releyéndolo, eso sí, me di cuenta de que hay episodios que dialogan mucho con el contexto en el que vivimos, pues aluden tanto a nuestra forma de vida, marcada por la falta de tiempo, como también a la política y a quien gobierna. En la figura del contable yo veía claramente reflejados a muchos políticos, haciendo las cuentas siempre en su beneficio. 

Usted, cuenta, leyó el libro mientras estudiaba Magisterio. ¿No es El principito un libro más para adultos que para niños?

Efectivamente. Es un libro que erróneamente regalamos a los niños. Mejor dicho, no lo regalamos erróneamente, porque es cierto que es un libro que un niño puede leer sin problemas, solo que no lo va a comprender en su totalidad. En este sentido, sí creo que es un libro para adultos, un libro que nos habla a los adultos de la importancia de recuperar la mirada de los niños. Esto es algo que se nos suele olvidar, pero es esencial. Yo siempre me considerado una persona muy conectada con mi infancia, pero no ha sido hasta que me convertí en madre cuando me di cuenta de todo lo que había olvidado. Los niños dan importancia a cosas sobre las cuales nosotros no nos detenemos y, además, el tiempo de los niños es completamente distinto al nuestro. Vivimos, aunque no lo queramos, en un tiempo muy acelerado; en cambio, un niño camina y se detiene delante de una piedra, delante de un árbol, delante de un escaparate… Los niños van a un ritmo mucho más lento porque se paran a mirarlo todo. 

María Hesse

María Hesse YOLANDA CARDO

Usted, de hecho, reivindica la importancia de la espera y del tiempo para crear vínculos, para cuidarse. 

No solo no tenemos paciencia, sino, lo que es peor, no tenemos tiempo para cuidar lo que de verdad importa, que son los seres queridos. Precisamente por esto hace ya mucho tiempo que decidí que no iba a tener más amigos de los que tengo. Puede sonar algo borde, pero no es así. Tengo conocidos, pero no puedo tener más amigos, porque no tiempo para dedicarles horas de calidad a la gente que quiero.

¿Cómo se ha enfrentado a la hora de ilustrar un texto que no solo su autor ya había ilustrado, sino en torno al cual existe un imaginario muy asentado?

Para mí el único imaginario que importaba era el que había creado el autor, Antoine de Saint Exupéry, porque me encantan sus ilustraciones. Yo nunca habría imaginado ilustrar El principito. Era un texto que no necesitaba nada, ya tenía sus dibujos. Así que cuando me lo ofrecieron me hizo mucha ilusión y acepté sin pensarlo. Pero desde que acepté hasta que comencé a trabajar en el proyecto pasó un tiempo, puesto que tenía otras cosas entre manos. Cuando llegó el momento de enfrentarme al libro, tomé conciencia del proyecto que había aceptado. Las ilustraciones de Saint-Exupéry son las mejores que pueden existir. Lo que decidí hacer ante esto es quitarme toda la presión posible e intentar que en las ilustraciones se reflejara tanto mi universo como también la esencia de los dibujos originales.

¿Debemos interpretar las ilustraciones como un diálogo entre Saint-Exupéry, que llegó un día en el que dejó de dibujar, mientras que usted no se imagina sin escribir?

Exacto. Hubo unos años en los que no pude estudiar Bellas Artes, pero siempre pensé que, antes o después, llegaría el momento en que haría algo relacionado con el dibujo y que ese parón, en términos de formación, era momentáneo. Siempre he dibujado, desde pequeña. Cuando estudiaba Magisterio formaba parte de una asociación que organizaba salones del cómic, participaba en concursos… Nunca dejé de dibujar. Mi idea era sacar las oposiciones y estudiar Bellas Artes, sin embargo, al final, abandoné las oposiciones y me puse a estudiar ilustración.

Formación aparte, lo que está claro es que el dibujo para usted es algo vocacional.

Siempre he necesitado dibujar. Yo siempre he vivido en mi mundo y dibujar me ayuda a sentirme bien, a expresarme.

Cuando ha hecho obras completamente suyas, como El placer o El miedo, ¿qué viene antes: el dibujo o el texto?

Depende. Con Malas mujeres y con El Placer, que tienen un carácter más ensayístico, tuve que documentarme y tomar notas para saber qué quería contar. El caso de El Miedo fue diferente: primero llegaron las ilustraciones y luego el texto. Cada trabajo te pide cosas diferentes. No hay que encerrarse en una única forma de trabajar, sino escuchar un poco qué necesita cada proyecto.

Estudio de María Hesse

Estudio de María Hesse YOLANDA CARDO

Imagino que ilustrar obras como Mujercitas, que carecen de dibujos previos, le da más libertad que ilustrar El principito.

Claro. Cuando ilustré Mujercitas o algún otro clásico, me sentí muy libre. Cuando hice Abrazaremos el caos por ti, donde el texto lo firmaba Silvia Nanclares, entonces hubo un diálogo constante con ella, puesto que quería que en las ilustraciones quedara reflejado lo que Silvia quería contar. Para mí la ilustración es más que la representación del texto. No sé si lo conseguiré, pero intento que las ilustraciones cuenten una historia y también que hablen de unas emociones. Hay mucho lenguaje metafórico dentro de mis dibujos.

En una entrevista se lamentaba que no haya educación artística en la infancia.

Porque no la hay. Muchas veces, se opta por introducir el inglés en asignaturas como música o arte porque se las considera fáciles y con poca importancia. Al dibujo y, al arte en general, no se le da valor, se lo considera algo vinculado con el ocio. Sin embargo, las artes nos ayudan a comprendernos, nos ayudan a entender el mundo y a desarrollarnos como personas. Pero no se hace hincapié en ello, por lo que a los niños les puede gustar dibujar, pero no lo ven como algo útil. 

¿Cree que los libros ilustrados están permitiendo que los lectores más jóvenes se acerquen y entiendan la ilustración de otra manera?

Espero que sí, que ayude a acercar la ilustración y a acercar los libros para que adquieran una importancia más allá del consumo. Hay personas o niñas que, sin la ilustración, quizás no se acercarían a la lectura, que leían muy poco y, ahora, con los libros ilustrados, se están acercando cada vez más a los libros; hasta el punto de leer libros sin ilustraciones. A mí, como lectora, también me gusta leer libros que no estén acompañados de dibujos, porque te permiten desarrollar la imaginación de manera distinta. En este sentido, los libros ilustrados ofrecen una lectura totalmente diferente a la lectura que puede ofrecer un libro en el que se presente solo el texto. 

'El principito'

'El principito' SALAMANDRA

¿Quién compra sus libros es la misma persona que luego acude a sus exposiciones o aprecia sus murales?

No sabría qué decirte, la verdad. Imagino que, si te sigune por tu trabajo, les interesa todo, pero también es cierto que hay gente a la que le gusta mucho tu trabajo pero no compra ninguno de tus libros, pero quizás sí una lámina. Y viceversa. Las redes sociales son un espejismo. Hay mucha gente que te sigue porque le encanta lo que tú dibujas pero ni compran libros, ni láminas… A veces me llegan comentarios del tipo: “Me gusta mucho lo que haces, te sigo desde hace tiempo, pero tengo pendiente comprarme un libro tuyo”. Mi trabajo es este: hacer libros. Yo no soy una creadora de contenidos de redes sociales. Para mí, las redes sociales son simplemente una forma de difundir el trabajo que hago y lo que más hago son libros.  Si toda la gente que me sigue en redes se comprara un libro mío sería rica. Y luego hay gente que tiene mis libros, pero no necesariamente me sigue en redes, incluso que no sabe que las tengo. Por esto insisto en decir que las redes son un espejismo total.

¿Qué papel tienen las redes para darse a conocer como ilustradora?

Ahora no, pero hubo una época en que tuvieron un papel importante. Cuando yo comencé con las redes sociales no había un algoritmo tan determinante, ni tantas normas y no eran la teletienda que son hoy. Entonces funcionaban como una herramienta para darte a conocer. Ahora las redes son más bien la jungla.

¿Se puede hablar del boom de la ilustración o es algo que nos hemos inventado los periodistas?

-o creo que es verdad que ha habido un boom. Hace algunos años, pero no tantos, los libros ilustrados los consumían los niños y los frikis. Yo siempre fui friki y con mucho orgullo, pero hace años los adultos no solían comprar libros ilustrados. Esto cambió en parte también a las redes sociales. He disfrutado mucho haciendo trabajos para el público infantil y juvenil, pero también he firmado libros para adultos. Sin embargo, la discusión está encima de la mesa y, si tienes una determinada forma de dibujar y utilizas muchos colores se te pone la etiqueta de autor juvenil.

Ilustraciones de María Hesse

Ilustraciones de María Hesse

Esto tiene que ver con la falta de reconocimiento que ha tenido la ilustración

En España, seguro. Pero no en otros países. En Francia, por ejemplo, a los salones del cómic acude gente de todo tipo que se compra un montón de libros. Es algo brutal y precioso. En España cuesta mucho que te consideren autora. Yo he escrito mis libros, pero la palabra autora o escritora no suele aparecer a la hora de describirme. Reconozco que acabé harta de que, sobre todo a partir del éxito de Frida, me definieran como la ilustradora que hace biografías. Los otros libros que he hecho son para mí mucho más importantes que las biografías.

¿El miedo es su libro más importante?

Es un libro que no vendió tanto como Malas mujeres o Frida, sin embargo, para mí es mi mejor libro, es el libro más complejo que he hecho.

Le pregunto por Rita bonita, un libro dirigido al público infantil. 

Está lleno de detalles, con animalitos que van saliendo de las páginas. Cuando leo con mi hijo, no solo leo la historia, sino que nos paramos en cada página a observar los detalles de las ilustraciones. Los niños leen los libros de otra manera y esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de hacerlos.

¿Tras tantos años de trayectoria se siente ahora más segura de su trabajo?

En absoluto. Todo lo contrario. Supongo que son fases. Ha habido épocas en las que me he sentido más segura. 

¿A qué autor o a qué obra le gustaría poner imágenes?

¡A muchos! Me encantaría ilustrar Cumbres borrascosas, Momo, El mago de Oz…. Siempre he querido ilustrar El libro de las mujeres de Eduardo Galeano y me encantaría poder ilustrar cualquiera de los libros de Angelica Liddell.

Eso sí que es un reto.

Lo sé, pero me encantaría. Así que, Angelica, si lees esta entrevista, ya sabes.