Retrato de Antoni Gaudí, por Pau Audouard, 1878

Retrato de Antoni Gaudí, por Pau Audouard, 1878

Artes

Gaudí: vida y obra inacabadas

La vida de Gaudí, creador de la Sagrada Família y de otros edificios notables, encargados por familias adineradas de Barcelona, está jalonada por el éxito profesional y la desgracia en lo personal

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En 1885 Antoni Gaudí propuso matrimonio a Josefa Moreu (1857-1938). Recibió una negativa y lo tomó como una premonición: no debía casarse. La llamaban Pepeta, vivía en Mataró y daba clases en la escuela de la Cooperativa Obrera Mataronense, impulsada por el reusense Salvador Pagès. Gaudí era el arquitecto. Acudía regularmente en tren, incluso los domingos, cuando comía con la familia Moreu. Hasta que fue rechazado. No volvió más.

La vida de Gaudí (Reus, 25 de julio de 1852-Barcelona, 10 de junio de 1926), creador de la Sagrada Família y de otros edificios notables, está jalonada por el éxito profesional y la desgracia en lo personal.

El Capricho de Gaudí (Comillas), una de los tres edificios que Gaudí diseñó fuera de Cataluña

El Capricho de Gaudí (Comillas), una de los tres edificios que Gaudí diseñó fuera de Cataluña EP

Sus padres, Francisco Gaudí y Antonia Cornet, tuvieron cinco hijos. Dos fallecieron pronto; Francisco, algo mayor que Antoni, con quien compartió vivienda en Barcelona en su época universitaria, murió a los 25 años. Había terminado Medicina y no llegó a ejercer. Rosa falleció con 35, poco antes que su marido alcohólico, dejando a cargo del arquitecto una sobrina enfermiza y lánguida.

El rechazo de Pepeta no fue el único.

Con 19 años se prendó de una muchacha francesa que pasó unos días en Barcelona. “Me enamoré”, confesaría: “Iba a verla todo lo que podía y parecía darse cuenta”. Acabó en nada cuando ella volvió a Francia.

Tiempo después pretendió a una joven, Dolors Canals, que prefirió ingresar en un convento.

Josep Maria Tarragona, autor de varios libros sobre Gaudí, sostiene que Pepeta fue su “gran amor”. Había estado casada con un capitán carlista que compró un barco y hacía extraños negocios por el Mediterráneo. Ella lo acompañaba. Un día, en Orán, le anunció que estaba embarazada. Él le dijo adiós, dejándola sin nada. Añadió que ni siquiera era su marido porque tenía ya esposa en Buenos Aires. Sobrevivió tocando el piano en un tugurio hasta que pudo volver a Mataró.

Tuvo el niño (que murió de difteria con tres años), anuló el matrimonio y daba clases en la cooperativa. La escuela era libertaria y atea. Se casó, enviudó y volvió a casarse.

El anticapitalismo y las tendencias anticlericales del joven Gaudí se evaporaron. Se convirtió en arquitecto de familias adineradas y nobles (Güell, Comillas, Milà) y de sectores católicos: la Sagrada Família, el colegio de las Teresianas, la reforma del palacio episcopal de Astorga y la de la catedral de Mallorca.

Impresionado por las bombas

Algunos proyectos le llegaron ya empezados. El edificio de las monjas lo inició Joaquín Codina, maestro de obras que había trabajado con Elies Rogent. Luego el promotor, Enrique de Ossó, quiso que siguiera Gaudí. Éste aceptó, pero la planta ya iniciada era inamovible.

En la Sagrada Família, el primer arquitecto, Francisco de Paula Villar, alineó el templo con la cuadrícula del Eixample de Cerdà. Gaudí la hubiera preferido en diagonal, pero cuando asumió las obras, a principios de 1884, la corrección resultó imposible.

Su vida fue, como tantas, una inmersión en el curso de una historia que le venía dada.

Admiró al general reusense Prim; siguió con interés la caída de Isabel II y la proclamación de la República, así como las guerras carlistas, posicionándose a favor de los isabelinos. Sus últimos años estarían marcados por los movimientos obreros y la I Guerra Mundial, que llevó riqueza a una Barcelona neutral.

Le impresionaron la bomba del Liceo, el 7 de noviembre de 1893 (una veintena de muertes), y la lanzada el 7 de junio de 1896 durante la procesión de Corpus de Santa María del Mar (murieron doce personas).

Se angustió durante la sublevación contra la guerra de Marruecos que culminó en la Semana Trágica (1909) y en el asesinato legalizado de Ferrer i Guardia.

Gaudí rechazaba tanto la violencia anarquista (en el portal de la Pasión de la Sagrada Família una figura con una bomba representa el mal) como el terrorismo patronal, impulsado por el gobernador Martínez Anido.

La Cripta Güell, una obra clave en la arquitectura de Gaudí

La Cripta Güell, una obra clave en la arquitectura de Gaudí Dosde

El anticlericalismo de principios del siglo pasado también le afectó. Había previsto un grupo escultórico dedicado a la Virgen María junto a la Pedrera. La familia Milà, asustada por los ataques a iglesias y conventos, lo rechazó cuando el escultor Carles Maní ya trabajaba en los moldes de yeso.

Aunque Gaudí se irritó, Pere Milà, que ya había pagado 100.000 pesetas de multa porque el bloque infringía las ordenanzas municipales, no cedió. Riñeron y el arquitecto necesitó demandarle para percibir todos sus honorarios. Cobró siete años después y donó el importe (105.000 pesetas) a beneficencia.

Estuvo muy influido por Torres i Bages y por el movimiento de la Reinaixença que confluiría en Solidaritat Catalana y Prat de la Riba, quien le ofreció ser candidato en las elecciones de 1907, pero rechazó la oferta. Le sustituyó Josep Puig i Cadafalch.

Otra gran influencia en su vida y obra fue Eusebio Güell y, en menor medida, Jacint Verdaguer, Joan Maragall, Joan Baptista Grau y Pere Joan Campins.

Grau, obispo de León y nacido en Reus, encargó a Gaudí en 1887 la reconstrucción del palacio episcopal de Astorga, que había ardido meses antes. Murió en septiembre de 1893, tras un accidente. Sus sucesores propiciaron que Gaudí renunciara a finalizar las obras.

La intervención en Mallorca fue diferente. El obispo Campins, quien conoció a Gaudí en 1899, durante una visita a la Sagrada Familia, le propuso recuperar el esplendor gótico de la catedral. Esto enlazaba con el ideario arquitectónico gaudiniano.

En 1910 se expusieron en París algunas obras suyas, aunque declinó asistir. Lo sustituyó Jeroni Martorell, con una instrucción clara: “Si le preguntan qué hacemos, diga que trabajamos en el perfeccionamiento del gótico”. Se trata de una simplificación. En Gaudí hay obras que muestran influencias góticas, pero también barrocas o mudéjares.

El arquitecto y Eusebio Güell se conocieron en 1878. El futuro conde de Güell visitó la exposición Internacional de París, donde se exponía una vitrina de la casa de guantes barcelonesa Esteve Comella. Al volver a Barcelona buscó al autor: Antoni Gaudí.

Güell estaba casado con Isabel López, hija de Antonio López, y le encargó un edificio para una propiedad de su suegro en Comillas: la Villa Quijano, conocida como “El Capricho”. Después, le pidió que diseñara en el Garraf un refugio de caza, que no se hizo y la adecuación de unos pabellones en Les Corts. Gaudí reformó por completo el jardín y los edificios. Añadió una monumental puerta de hierro forjado que simula un dragón con las alas desplegadas, inspirado en La Atlàntida, de Verdaguer.

El caso del Park Güell

La colaboración entre Güell y Gaudí sería constante: Park Güell, colonia Güell, palacio de los Güell y una bodega en El Garraf que no se construyó.

Gijs Van Hensbergen, autor de un interesante estudio sobre la trayectoria gaudiniana, sugiere que los Güell eligieron para el palacio el casco antiguo y no el nuevo Eixample para competir con la vivienda de los López, el palacio Moja, en La Rambla con Portaferrissa.

El palacio, que acabaría siendo residencia de la familia Güell, consagraría la fama de Gaudí.

La colonia Güell era un poblado para los trabajadores de una empresa familiar, trasladada a Santa Coloma de Cervelló desde su emplazamiento en el barrio barcelonés de Sants. Responde a cierta concepción paternalista, lejos del espíritu igualitarista de la cooperativa mataronense. Gaudí diseñó el templo y utilizó en él innovaciones técnicas que también aplicó a la Sagrada Familia.

Maqueta de la Sagrada Familia

Maqueta de la Sagrada Familia EFE

Un proyecto muy distinto es el Park Güell: una urbanización para familias aposentadas. Se previeron 60 viviendas, pero sólo se hicieron tres: la de los Güell, la de Gaudí y la del abogado Martí Trías. Una de sus características es el respeto a la orografía, así como la unidad entre funcionalidad y ornamentación.

Por motivos nunca aclarados y coincidiendo con la suspensión a divinis de Verdaguer, en la cuaresma de 1894 el arquitecto inició un severo ayuno. Desfallecido, tuvo que guardar cama. Los ruegos de su padre resultaron vanos. También los de su amigo y médico Pere Santaló.

Finalmente Torres i Bages acudió para reprenderle por un comportamiento tan temerario. Armand Puig (Antoni Gaudí, vida y obra) sostiene que buscaba “purificarse”. Al futuro obispo lo acompañaba un joven Ricard Opisso, colaborador de Gaudí, que relató cómo le había afeado un comportamiento que atentaba contra la voluntad divina.

Santaló y Gaudí se conocieron en el Ateneo Barcelonés, del que Gaudí acabaría dándose de baja, para adherirse a asociaciones católicas como el Cercle Sant Lluc. Fue una amistad de por vida. El arquitecto reformó la casa del doctor y éste le atendió hasta donde Gaudí quiso dejarse.

Le impuso descanso cuando sufrió una anemia de la que intentó recuperarse en Vic, mediando Torres i Bages. Van Hensbergen sostiene que allí se ganó fama de “brusco, agresivo, intolerante y arrogante”.

Tejados de las casas del Park Güell de Gaudí

Tejados de las casas del Park Güell de Gaudí CANVA

Creó unas farolas, en homenaje a Jaume Balmes por su centenario. Instaladas en la plaza de Vic, fueron retiradas en 1924, debido a su mal estado. El consistorio decidió que el coste no justificaba renovarlas.

No eran sus primeras farolas. En 1879 había diseñado otras para la plaza Real de Barcelona, que aún existen. Este trabajo supuso un litigio por la minuta. Le ofrecieron 336 pesetas y él presentó una factura por 2.300. Acabaría recibiendo 850 pesetas. El arquitecto municipal, Antoni Rovira i Trias, autor del proyecto de Eixample descartado por el de Cerdà, no le encargó nada más.

Broncas con el Ayuntamiento

Gaudí contrajo al poco una brucelosis, probablemente por beber leche no pasteurizada. Los médicos le recomendaron un largo descanso que pasó en Puigcerdà. Le atendió Santaló, que no siempre venció las reticencias de un Gaudí convencido de que la solución era la dieta vegetariana. Confiaba en ella incluso para mejorar la vista.

Lo visitaron algunos amigos ante los que despotricaba contra lo que no le gustaba (Miguel Ángel, Rembrandt), reivindicándose heredero de Juan de Herrera, autor de El Escorial, y Juan Bautista Villapando, jesuita, matemático y arquitecto de la catedral de Baeza.

Aunque sin apenas obra pública en Barcelona, sus intervenciones en la ciudad se multiplicaban: reforma de Bellesguard, casas Vicens, Calvet, Batlló y Milà, edificios de Les Corts, y el palacio y el parque que llevan el nombre de los Güell. También un cine en La Rambla.

No siempre respetaba las ordenanzas. En la casa Calvet y en la Pedrera los remates superaban la altura permitida. Cuando se le llamó la atención tomó, en ambos casos, un dibujo y trazó una línea sobre lo que sobraba: las dejaría inacabadas con una placa indicando que era una orden de la municipalidad.

Ya como estudiante mostró su osadía al presentar como proyecto un paraninfo para la Universidad de Barcelona. El tribunal lo presidía Elies Rogent, autor del que acababa de ser inaugurado. Gaudí proponía una enmienda a la totalidad.

Detractores y admiradores

El 11 de septiembre de 1924, durante la dictadura de Primo de Rivera, que prohibió manifestaciones sospechosas de fomentar el catalanismo, Gaudí acudía a una misa por los fallecidos en 1714. La Guardia Civil le impidió el paso y él arremetió contra los agentes. Acabó detenido.

No le faltaron detractores. Picasso, Unamuno y Orwell oscilan entre la crítica y el desdén. Walter Gropius expresó en cambio admiración por su obra.

Murió el 10 de junio de 1926, tres días después de haber sido atropellado por un tranvía en la confluencia de Gran Vía con Bailén. Fue ingresado en el hospital de la Santa Creu, confundido con un indigente, dado su desaliño indumentario, crónico en los últimos años de su vida, centrado obsesivamente en la Sagrada Família.

Sus seguidores decidieron proseguir las obras, pese a carecer de planos ya que Gaudí improvisaba constantemente.

Esto hizo que en 1965 un grupo de intelectuales encabezados por los dirigentes de la arquitectura en Cataluña firmaran un manifiesto exigiendo el fin de los trabajos. Entre los firmantes, Le Corbusier, Oriol Bohigas, Ricardo Bofill, Joan Miró, Antoni Tàpies, Jaime Gil de Biedma y Camilo José Cela.

Frente a ellos, el mundo ha decidido venerar a Gaudí, a la vez que un amplio colectivo católico promueve hoy su santificación.