'Subway Passengers' (New York)

'Subway Passengers' (New York) © Walker Evans Archive, The Metropolitan Museum of Art.

Artes

Walker Evans o cómo atrapar el alma de Norteamérica a través de una cámara

La Fundación Mapfre reúne en Barcelona una muestra de las imágenes del fotógrafo norteamericano, célebre por sus reportajes sociales sobre la Gran Depresión y sus retratos sobre una Nueva York con ángulos torcidos, picados y juegos geométricos donde la realidad está al servicio de la estética

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En contadas ocasiones un fotógrafo es capaz de atrapar en una imagen el estado de ánimo de una sociedad, el alma de un país. Hay dos fotografías tomadas en 1936 en Estados Unidos, durante la Gran Depresión, que lo consiguieron. Se trata de Madre migrante, Florence Owens Thompson de Dorothea Lange y El aparcero de Alabama Floyd Burroughs de Walker Evans (1903-1975), al que el espacio KBr de la Fundación Mapfre en Barcelona dedica una exposición abierta hasta el 24 de mayo.

En ambas imágenes, ya icónicas, la fuerza brota de las miradas, que expresan el ideal del New Deal rooseveltiano. Son sendos retratos de personas en la miseria, que lo han perdido todo por la crisis económica. Todo menos la dignidad, porque en sus ojos vemos la desolación, pero también un rescoldo de orgullo, una determinación que dice “saldremos de esta, nos levantaremos”. Es la misma idea que expresa la mujer del granjero en la escena final de la adaptación que hizo John Ford de Las uvas de la ira de Steinbeck: “Seguimos adelante, somos el pueblo, no nos pueden borrar de un plumazo, seguimos siempre adelante, porque somos el pueblo”. 

'Broadway'.

'Broadway'. © Walker Evans Archive, The Metropolitan Museum of Art.

Lange y Evans fueron dos de los quince fotógrafos, entre los que estaban Gordon Parks y el artista Ben Shahn, contratados por un organismo gubernamental -la Resettlement Administration, que después cambió su nombre por Farm Security Administration- para retratar las consecuencias de la crisis en las zonas rurales. Evans trabajó para esta institución entre 1935 y 1937. En 1936 hizo un parón temporal para acompañar al escritor James Agee en un reportaje encargado la revista Fortune en el condado de Hale, en Alabama. Agee, figura algo olvidada de las letras estadounidenses, falleció con solo 45 años a causa de su alcoholismo.

Dejó unas cuantas maravillas: la novela autobiográfica Una muerte en la familia; el breve texto en prosa Knoxville, Summer of 1915, musicado por Samuel Barber en una exquisita pieza para soprano; notables aportaciones como crítico cinematográfico -reunidas en Film Writing and Selected Journalism de la Library of America- y varios guiones, entre los que destacan el de La Reina de África de Huston y el de La noche del cazador de Laughton. 

'Torn Movie Poster' (Truro, Massachusetts)

'Torn Movie Poster' (Truro, Massachusetts) © Walker Evans Archive, The Metropolitan Museum of Art.

El proyecto que reunió a Agee y Evans consistía en convivir durante unos días con tres familias de aparceros y retratar su cotidianeidad. Fortune se negó a publicar el reportaje literario y fotográfico resultante, que acabó viendo la luz en 1941 en formato de libro: Elogiemos ahora a hombres famosos. El volumen es un hito de la crónica periodística que combina texto e imagen. Agee insistió en que las fotografías de Evans no eran un mero complemento, sino que conformaban un todo con su texto. A este reportaje pertenece el retrato de Floyd Burroughs y otro también emblemático, el de su esposa Allie Mae Burroughs

Estas dos imágenes de la serie de los aparceros de Alabama, las más conocidas de la producción de Walker Evans, pueden distorsionar la percepción de su relevancia como fotógrafo. Aunque durante los años treinta realizó otros trabajos de marcado contenido social al servicio del New Deal, como el dedicado a las víctimas de la gran inundación del Mississippi de 1937, el grueso de su obra va por otros derroteros. 

'Parked Car, Small Town, Main Street'.

'Parked Car, Small Town, Main Street'. © Walker Evans Archive, The Metropolitan Museum of Art.

Su primera vocación fue la de escritor y en 1926 realizó el entonces preceptivo viaje a París, la gran capital cultural y bohemia repleta de expats americanos. Su carrera literaria dio apenas algunos relatos y más adelante también haría sus pinitos en la pintura, con algunos oleos de aire naif no exentos de interés. Pero la cámara será su instrumento de expresión artística. De regreso a Nueva York a finales de los años veinte, arranca su carrera fotográfica como un representante más del modernism (la vanguardia). Retrata la ciudad y a sus habitantes con ángulos torcidos, picados y juegos geométricos en los que lo retratado está al servicio de una esteticista búsqueda formal. Pertenecen a esta primera etapa las fotos del puente de Brooklyn que ilustrarán la edición de El puente de su vecino y amigo el poeta Hart Crane, que se suicidó en 1932. 

Sin embargo, Evans no tardará en dar un giro radical, propulsado por el descubrimiento de las fotografías de París del pionero francés Eugène Atget. Llega a ellas a través de su coetánea y compatriota Berenice Abbott, fotógrafa de vanguardia y excelsa retratista de grandes figuras intelectuales y artísticas. Abbott también estuvo en París en los años veinte y allí retrató a un ya anciano Eugène Atget. Quedó tan prendada de su obra que, de regreso a Estados Unidos, se convirtió en su gran valedora y divulgadora. Organizó una exposición en la galería Julien Levy y publicó el libro The World of Atget. 

'West Virginia Living Room'.

'West Virginia Living Room'. © Walker Evans Archive, The Metropolitan Museum of Art.

En sus fotografías de París y los parisinos Atget capta, en imágenes sencillas y directas, sin encuadres rebuscados, un mundo tradicional en vías de extinción. Compone una suerte de archivo visual de una realidad ya casi evanescente. Su fotografía es a un tiempo documento y elegía poética. Y esta será, a partir de entonces, la idea motriz de Walker Evans, que se convierte en el gran retratista de lo que llamamos Americana. Es decir, la cultura vernácula -popular, utilitaria y local-, hecha de objetos cotidianos convertidos en emblemas, como los carteles de cine o las publicidades de Coca-Cola. La Americana, que asoma en creadores y géneros tan diversos como las ilustraciones de Norman Rockwell o los álbumes de The Band, saltará -mediante una relectura con un punto de ironía- al pop art. Las cajas de Brillo y las serigrafías seriadas de botellas de Coca-cola y retratos de Marilyn de Warhol, los cómics de romance y guerra de Lichtestein, los pasteles de Thibaud. 

Por eso hay un hilo secreto que conecta a Walker Evans -coleccionista compulsivo de postales antiguas, publicidades y fotos policiales- con el por art e incluso con el arte conceptual. Por ejemplo, Penny Picture Display, de 1936, que muestra el escaparate de un estudio fotográfico en Savannah, es una fascinante combinación de tipografía e imágenes dentro de la imagen. Por otro lado, no es casualidad que Wim Wenders -idólatra confeso de la Americana- haya contado que el imaginario visual que tuvo presente para París, Texas fueron las fotografías de Walker Evans. Y su obra como fotógrafo -reunida en los volúmenes Written in the West e Instant Stories- es claramente deudora del maestro estadounidense. 

'Boarded-up House' (Stonington, Connecticut)

'Boarded-up House' (Stonington, Connecticut) © Walker Evans Archive, The Metropolitan Museum of Art.

Walker Evans retrata, en encuadres frontales y limpios, casas de estilo victoriano en la zona de Boston, pequeñas iglesias de madera, garajes, salas de cine, calles mayores (Main Streets) de pueblos y ciudades provincianas… En sus fotos asoma esa América de barberías, colmados, carteles de cine pegados en las paredes, neones y marcas comerciales (su padre trabajaba como publicista). Y también emerge la enigmática belleza de la decrepitud: un cementerio de automóviles, una mansión sureña en ruinas 

En el desarrollo de este estilo fotográfico tuvo un papel relevante el mecenas Lincoln Kirstein, que le publicó artículos y fotografías en su revista Hound & Horn y le financió el viaje para la serie dedicada a la arquitectura vernácula bostoniana. Evans siempre trabajó con un planteamiento seriado, que daba pie a reportajes o libros.  Un apunte sobre la fascinante figura de Kirstein: proveniente de una familia de empresarios textiles, formó parte durante la Segunda Guerra Mundial de los Monuments Men, la unidad del ejército estadounidense dedicada a recuperar el arte expoliado por los nazis.

'Allie Mae Burroughs (Hale County, Alabama)

'Allie Mae Burroughs (Hale County, Alabama) © Walker Evans Archive, The Metropolitan Museum of Art.

Posteriormente, su aportación fue crucial en el salto de calidad del ballet americano; trajo a Estados Unidos a George Balanchine, que cambiaría radicalmente el provincianismo que reinaba en esta disciplina en Estados Unidos. Kirstein fue uno de los fundadores del New York City Ballet, al frente del cual puso a Balanchine, después sucedido por su discípulo Jerome Robins. Kirstein fue también uno de los primeros patronos del MoMA y un destacado coleccionista y mecenas de artistas como Walker Evans. 

Otro de los trabajos destacados de Evans es el reportaje fotográfico realizado en La Habana en 1933. El encargo era retratar la corrupción política de la Cuba de Gerardo Machado, para ilustrar un reportaje -que acabó convertido en el libro The Crime of Cuba- del periodista Carleton Beals, muy crítico con el apoyo que su país daba a esa dictadura. Las imágenes de Evans retratan la injusticia social -son especialmente poderosas las imágenes de mineros tiznados de carbón-, pero también la cotidianeidad de la isla, sus locales populares -tabernas y cines- y sus tipos singulares captados por las calles de la capital. 

'Main Street (Saratoga Springs, New York)

'Main Street (Saratoga Springs, New York) © Walker Evans Archive, The Metropolitan Museum of Art.

Todavía más relevante es la serie titulada En tránsito, realizada entre 1938 y 1941. Se trata de retratos robados de pasajeros del metro neoyorquino. Evans se sentaba en un vagón, con una cámara de dimensiones reducidas oculta bajo el abrigo, y sacaba fotos a pasajeros que no eran conscientes de estar siendo retratados. Es el único modo de retratar la realidad sin alterarla, y el resultado es una colección de retratos de personas anónimas, en cada uno de cuyos rostros, en cada una de cuyas actitudes anida el germen de una novela. Evans repitió la fórmula con la serie de los peatones de Detroit, publicada por la revista Fortune en 1946 con el título de Labour Anonymous. 

Evans fue el primer fotógrafo americano objeto en 1938 de una exposición monográfica el MoMA. El mismo museo lo consagró definitivamente con otra antológica en 1973, dos años antes de su fallecimiento. En Europa tuvo especial relevancia por su ambición la gran muestra organizada en 2017 por el Centre Pompidou. 

'Penny Picture Display (Savannah)'

'Penny Picture Display (Savannah)' © Walker Evans Archive, The Metropolitan Museum of Art.

Evans trabajó también en sus últimos años con el color -entonces considerado como poco artístico- e incluso con la Polaroid. A su legado se añade su relevancia como catalizador de una corriente de fotografía de la realidad americana que va más allá del mero testimonio documental, retratando escenas de apariencia anodina en las que asoma una poesía oculta. Son herederos de Evans figuras como el suizo Robert Frank (y su crucial libro The Americans), Helen Levitt, Diane Arbus, Lee Friedlander, Garry Winegard y tempranos maestros del color como Joel Meyerowitz, William Eagleston y Stephen Shore. 

En una entrevista de 1971 Walker Evans expresó así su concepción de la fotografía: “El término debería ser estilo documental. Un ejemplo de un documento literal sería una fotografía policial de la escena de un crimen. Un documento tiene un uso práctico, mientras que el arte es inútil. Por eso el arte nunca es un documento, aunque pueda adoptar su estilo”.