La iglesia modernista de Tarragona que rompe todas las normas, Sagrat Cor de Vistabella

La iglesia modernista de Tarragona que rompe todas las normas, Sagrat Cor de Vistabella ARQUEBISBAT DE TARRAGONA

Historia

No es de Gaudí: la iglesia modernista de Tarragona que rompe todas las normas

Es un Bien Cultural de Interés Nacional y la única obra íntegramente sacra de Jujol

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Igual que no todo el modernismo es obra de Gaudí, hay edificios modernistas que desafían todas las reglas del movimiento. Lo más curioso es que una de ellas sale de la mano de un discípulo del creador de la Sagrada Familia. Y no lo hizo solo.

A principios del siglo XX, una comunidad rural impulsó la construcción de un templo singular, diseñado por Josep Maria Jujol, en el que la creatividad, la austeridad y la conexión con la naturaleza dieron forma a una de las obras más libres y sorprendentes del modernismo catalán.

Es la iglesia del Sagrat Cor, un templo nacido de la necesidad, levantado con pocos medios y convertido, con el paso del tiempo, en una de las obras más singulares del modernismo catalán.

No fue un gran encargo institucional ni el capricho de una élite. Su origen es mucho más sencillo y, por eso mismo, más extraordinario. A principios del siglo XX, una pequeña comunidad rural decidió que quería una iglesia propia. 

Iniciativa colectiva

No una construcción monumental, sino un espacio espiritual que respondiera a su realidad cotidiana. Para hacerlo posible recurrieron a Josep Maria Jujol, uno de los arquitectos más libres, intuitivos y personales de su generación.

El proyecto nació en 1917 impulsado directamente por los vecinos. Ellos mismos financiaron buena parte de la obra y participaron activamente en su desarrollo. 

Discípulo de Gaudí

Jujol, discípulo de Gaudí, aceptó el encargo sabiendo que los recursos serían escasos, pero también que tendría una libertad creativa absoluta. Esa combinación de limitación económica y libertad total marcaría el carácter del edificio.

La construcción se prolongó durante varios años y culminó en 1923, cuando el templo fue bendecido. 

Iglesia del Sagrat Cor de Jujol

Iglesia del Sagrat Cor de Jujol WIKICOMMONS

El resultado no fue una iglesia convencional, sino una pieza profundamente personal, casi artesanal, en la que cada decisión responde a una lógica simbólica, funcional y emocional.

Lejos del modernismo más ornamental o urbano, el Sagrat Cor representa una versión esencial y austera del movimiento. Jujol concibió el edificio como una prolongación del entorno natural y como un organismo vivo, más cercano a la tierra que al academicismo.

Un modernismo distinto

El uso de materiales humildes —piedra, ladrillo, madera y hierro— no responde solo a una cuestión económica, sino también a una filosofía. 

Todo está pensado para integrarse, no para imponerse. Incluso hoy, el templo parece dialogar con el paisaje, cambiar de expresión según la luz y adquirir una dimensión casi poética tras la lluvia.

Arquitectura con carácter

Desde el punto de vista formal, la iglesia sorprende por su audacia. La planta es cuadrada, pero se organiza a partir de un eje diagonal poco habitual. 

Cuatro pilares de ladrillo sostienen arcos parabólicos que conducen a bóvedas ligeras y a una cúpula central de forma hexagonal. Coronando el conjunto, un campanario triangular rompe cualquier expectativa clásica.

Nada es gratuito. Cada forma responde a una necesidad estructural y, al mismo tiempo, a una intención expresiva. 

Jujol huye de la simetría rígida y apuesta por un equilibrio orgánico, casi intuitivo, que dota al espacio interior de una atmósfera recogida y sorprendente.

Los detalles

Uno de los aspectos más fascinantes del Sagrat Cor es que Jujol lo diseñó todo. No solo la estructura, sino también la decoración interior, las pinturas murales, las puertas, las barandillas, las lámparas y los elementos litúrgicos. El templo funciona como una obra total, coherente en cada rincón.

Muchos de estos elementos se realizaron con materiales reutilizados o de bajo coste, una práctica habitual en el arquitecto y que hoy se interpreta como una visión adelantada a su tiempo. La creatividad suplió la falta de recursos y convirtió la austeridad en un valor estético.

Historia de resistencia

Como tantos edificios religiosos, la iglesia sufrió daños durante la Guerra Civil. Parte de la decoración original se perdió, aunque posteriormente fue restaurada, en algunos casos con la intervención de la hija del propio Jujol. A pesar de ello, el conjunto ha conservado intacta su esencia y su fuerza expresiva.

Ese valor fue reconocido oficialmente en 2011, cuando el templo fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional. No solo por su interés arquitectónico, sino también por su dimensión social y por ser la única obra íntegramente sacra de Jujol.

Hoy, el Sagrat Cor no se presenta como un monumento al uso. No busca deslumbrar por la grandiosidad, sino por la autenticidad. Quien lo visita descubre una arquitectura pensada para ser vivida, no contemplada a distancia.

Una experiencia distinta

Es una obra que habla de comunidad, de ingenio y de una manera distinta de entender la relación entre arte, fe y entorno. Un ejemplo de cómo, con pocos medios y mucha creatividad, puede surgir una de las piezas más singulares del patrimonio catalán.

Un lugar discreto, casi silencioso y sagrado, que sigue sorprendiendo a quien se cruza con él por primera vez.