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Josep Maria Argimon, consejero de Salud de la Generalitat / EP
Examen a los protagonistas de la semana

Josep Maria Argimon

4 min

Número 1 en contagios

Soy consciente de que el control de una epidemia no es una ciencia exacta y no hay maneras evidentes de poner orden en el asunto, pero algo tenemos que haber hecho rematadamente mal para que Cataluña sea la región europea con mayor número de contagios a causa del coronavirus. Y el señor Argimon, epidemiólogo lazi, es la cara visible de la lucha contra el virus, que, de momento, vamos perdiendo por goleada. Y pensar que hace un tiempo Meritxell Budó, ex portavoz del gobiernillo, nos salió con que con la independencia del terruño nos habríamos ahorrado un montón de muertos por la pandemia... ¡Santa inocencia! (o menuda jeta, como prefieran).

Aunque no soy quien para dudar de la sapiencia del señor Argimon, es evidente que el cargo de consejero de Salud le ha caído por su adhesión inquebrantable al régimen, la cual ha demostrado ampliamente y, a veces, de manera más que discutible, como cuando se inventó que poníamos en peligro a los jubilators catalanes si insistíamos en vacunar a policías nacionales y guardias civiles (un asuntillo por el que le está buscando las cosquillas la justicia española y que puede acabar costándole caro, por cierto). Evidentemente, en el área de Salud no puedes colocar a cualquier inútil transversal, como se hace en otras consejerías, porque se trata de un tema muy delicado que exige ciertos conocimientos específicos. En ese sentido, Argimon está a años luz de otros consejeros --no hace falta dar nombres-- que están donde están por pensar cómo piensan. Tal vez por eso esperábamos algo más de él que las excusas que está soltando estos últimos días.

Lo que dice, ciertamente, es razonable. La verbena de San Juan fue un desahogo colectivo inter generacional que solo podía traer desgracias. Y los conciertos masivos autorizados últimamente tal vez no deberían haberlo sido. Pero una cosa es que yo piense eso y otra, que lo reconozca también el encargado de velar por nuestra salud. Las disculpas del señor Argimon recuerdan poderosamente a las del Rey emérito cuando lo pillaron haciendo el ganso en África y nos salió con aquello tan sentido de "Lo siento mucho. Me equivoqué. No volverá a pasar".

A todos nos gusta que nos quieran, pero el departamento de Salud no es el mejor sitio para conseguirlo. Sí, la gente estaba muy harta de encierros, toques de queda y aburrimiento sideral. Anular verbenas y festivales habría convertido al señor Argimon en el tipo más odiado de Cataluña. Pero no todas las decisiones son tan sencillas de tomar (y tan agradecidas) como dejar sin vacuna a maderos y picoletos. Argimon nos dejó saltar hogueras y escuchar extasiados a Sopa de Cabra y ahora estamos como estamos, encabezando un ranking europeo tan poco lucido como el que ostenta el estado que nos oprime en el consumo de cocaína.