El Barça perdió merecidamente en el Metropolitano (4-0) pero el arbitraje de Martínez Munuera y González Fuertes fue un escándalo. Los de Hansi Flick encajaron cuatro goles tras un primer tiempo nefasto, donde fallaron todos los jugadores. Sin excepción. En la segunda mitad protagonizaron un amago de reacción que fue deliberadamente sepultado por los árbitros responsables del encuentro, absolutamente carentes de un criterio uniforme en la toma de decisiones.
Joan García estuvo torpe con los pies y poco acertado en los disparos de Griezmann, Lookman y Julián Álvarez. La línea defensiva, con un especialmente señalado Alejandro Balde pero sin dejar exentos de responsabilidad a Cubarsí, Éric García --sale en la foto de dos goles y acabó expulsado por llegar muy tarde-- y Jules Koundé --a pesar e sus destellos salvadores--, hizo aguas por todas partes. El centro del campo, con Frenkie de Jong al mando, no compitió. Estuvo mal el holandés, aunque tampoco le ayudaron mucho Casadó, Olmo y Fermín, el único que mostró algo de mordiente, pero sin acierto en sus disparos. Los delanteros, poco participativos, fallaron en la presión. Lamine Yamal lo intentó con más empeño que éxito. Ferran Torres, especialmente errático, y Lewandowski no intimidaron.
La primera, a Balde
No hay dudas sobre lo visto en el tapete. El Barça fue justo perdedor del primer envite de las semifinales de la Copa del Rey. El Atlético pasó por encima como una apisonadora. Pero ello no puede obviar, ni relativizar, la necesaria crítica que merecen los árbitros del encuentro.
Éric García y Alejandro Balde se lanzan al suelo en el Atlético de Madrid-Barça de la Copa del Rey
Martínez Munuera no pudo empezar de peor manera su actuación. Minuto uno de partido, una entrada criminal de Giuliano Simeone sobre Alejandro Balde servía para marcar terreno. La acción, incrustando su plancha, y todos sus tacos, en el pie del lateral azulgrana, no fue sancionada. Era, como mínimo, merecedora de tarjeta amarilla. El árbitro apostó por el "jueguen, jueguen" y dejó impune la violenta acción de Simeone. Balde, en cambio, estuvo jugando con dolor muchos minutos. Primera injusticia.
Simeone y Llorente, impunes
La segunda llegó tan solo tres minutos después. Marcos Llorente se pasó de frenada y arrasó con Fermín López. Otra amarilla perdonada. Obviamente, dos cartulinas amarillas en los cuatro primeros minutos de partido, habrían condicionado la agresividad de los rojiblancos, que se movieron siempre por el terreno de juego con una notoria sensación de impunidad.
Martínez Munuera da explicaciones a Frenkie de Jong por el gol anulado a Cubarsí
La tercera, otra vez protagonizada por Giuliano Simeone. En el minuto 26, ya con 2-0 en el marcador, el hijo del Cholo volvió a la carga con pisotón completo y clavada de tacos. Acción, otra vez, al límite. Mínimo amarilla; posible roja. No fue sancionada. Casadó, que tocó balón antes de ser pisado, se llevó la tarjeta amarilla por entrar por detrás y, de regalo, la marca de sus tacos a casa.
Minuto 50: nuevo show
En el segundo tiempo, más de lo mismo. Minuto 50. Otra vez, el joven Simeone y Balde como protagonistas. Entrada lateral. Muy fea. Impacto de los tacos, de pleno, en la espinilla. Sancionada con tarjeta amarilla. Desde el banquillo del Barça reclamaban la roja. Nada. 50 minutos del cholito con impunidad. Curiosamente, los mismos que Marcos Llorente. También en el minuto 50 vio su primera tarjeta amarilla. Martínez Munuera activaba las medidas de control demasiado tarde.
Un minuto después llega el gol del Barça. Casualidad o no, después de ser amonestados los dos kamikazes rojiblancos. Pero ahí iba a empezar una nueva exhibición de Martínez Munuera con un aliado que, hasta el momento, había pasado inadvertido. González Fuertes, al mando del VAR, mudo en todas las posibles rojas del Atlético, decidió destinar siete minutos del tiempo reglamentario a buscar un motivo para anular el gol de Pau Cubarsí.
Gol anulado a Cubarsí
Una broma de mal gusto. El Barça se había metido en el partido, conseguía marcar para reducir distancias y poner emoción a la eliminatoria. El responsable del VAR intuyó un fuera de juego de Lewandowski y esperó lo que hizo falta para trazar una línea imaginaria que sirviese para anular el gol. La jugada le salió redonda: gol anulado y jarro de agua fría al arreón del Barça, en su mejor momento. Apagó la ofensiva culé con un fuera de juego imperceptible, sin ventaja alguna ni intervención del semi automático --se supone que el VAR actúa para corregir errores flagrantes o detectados por la tecnología--, y con 7 minutos de tiempo detenido que enfrió a los jugadores del Barça y dio oxígeno a los rojiblancos.
Pau Cubarsí celebra su gol en el Atlético de Madrid-Barça antes de la revisión del VAR
La actuación, claramente contraproducente de González Fuertes, alcanzó su máxima expresión cuando pudo volver a perjudicar al Barça. Si bien, ninguna de las feas entradas anteriores de Simeone y Llorente habían sido merecedoras de revisión por parte del VAR, a pesar de las duras marcas de los tacos, sí que fue digna de intervención la entrada de Éric García sobre Álex Baena.
Roja a Éric García
El central del Barça llegó claramente tarde y Martínez Munuera le mostró la cartulina amarilla. No se consideró roja porque se aprecia como Éric trata de golpear el balón, dividido, sin dirigirse directamente al futbolista, sin revestir la gravedad de muchas de las anteriores, y porque Araujo estaba en la trayectoria para detener a Baena en caso de haber prosperado su ofensiva. El VAR consideró que Araujo, uno de los jugadores más rápidos de la Liga, no tenía chance de llegar a detener la incisión de Baena. Resultado: corrección. Roja y expulsión.
La entrada de Éric García a Àlex Baena que terminó en expulsión
Martínez Munuera muestra la tarjeta roja a Éric García
Hansi Flick estaba enfadadísimo al final del partido. No era para menos. El Barça fue claramente superado en el primer tiempo por el Atlético, pero el arbitraje de Martínez Munuera y González Fuertes les dejó totalmente retratados. Al Barça le toca remontar cuatro goles con todo en contra.
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