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Pulpo de anillas azules / PIXABAY

Un turista sujeta al pulpo más venenoso sin saberlo

Grabó para sus seguidores un vídeo de sus vacaciones en Darwin cogiendo a un cefalópodo muy peligroso

3 min

Aunque el ser humano si sitúa como primer eslabón de la cadena alimenticia, hay animales que, a pesar de parecer inofensivos a primera vista, pueden acabar con la vida de una persona en cuestión de minutos. Aún así, identificar a todos los que pueden resultar letales es prácticamente imposible, más todavía cuando se trata de especies que se encuentran en lugares a los que se acude como turista. Es lo que ha ocurrido en Darwin, Australia, donde el vídeo compartido por un visitante de la zona se ha hecho viral por lo peligro que podría haber llegado a ser.

Compartido a través de Tik Tok, la nueva red social para compartir vídeos, en escasos veinte segundos se puede ver cómo el turista sujeta con la mano un pequeño pulpo que no llega a ocupar la palma de su mano. De colores muy llamativos, perfecto para cosechar la admiración de seguidores, el hombre muestra a cámara el animal acuático antes de dejarlo en libertad. Sin embargo, lo que no sabía era que estaba sujetando un pulpo de anillas azules, una de las especies más venenosas que se pueden encontrar en el mundo.

El peligro del pulpo de anillas azules

Los pulpos son unos animales muy curiosos y llamativos, que han sido estudiados en numerosas ocasiones por su alto grado de inteligencia. Los científicos han reconocido más de trescientas especies de pulpo en el mundo, con diferentes tipos de características y adaptados a diferentes hábitats. Uno de ellos es el pulpo de anillas azules, reconocible por las figuras que en su piel que le dan el nombre. Este ejemplar es muy pequeño, midiendo de entre diez y veinte centímetros.

Lo que lo convierte en especial es ser el cefalópodo más venenoso del mundo, estimándose que un solo ejemplar puede tener veneno para matar a veinte personas. Además, no existe antídoto contra su veneno, lo que lo hace todavía más peligroso. El pulpo de anillas azules transmite la toxina del veneno a través de la saliva, por lo que tiene que morder a su presa para poder envenenarla, algo que no llegó a ocurrir, por suerte, en el caso del turista.