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La joven quemada Charity Sutter / FACEBOOK

Una madre roció a su hija con gasolina para quitarle los piojos y le quemó el 60% del cuerpo

La niña, de cuatro años, salió ardiendo cuando la ceniza del cigarro de su primogénita cayó sobre su cabello impregnado en carburante

3 min

Son numerosos los métodos para quitar los piojos a los niños. Pero ninguno como este. Charity Sutter, una joven estadounidense de 21 años, ha confesado lo que le hizo su madre cuando tan solo tenía cuatro años: le llenó el pelo de gasolina y terminó quemándole el 60% del cuerpo

La chica, ahora con 21 años, estudia enfermería en el área de quemados, ya que se siente identificada con lo que le pasó a ella. Sutter tiene el cuerpo lleno de quemaduras y ahora se ha atrevido a contar cómo las sufrió. 

Terrible desenlace

Cuando tenía cuatro años, ella y su hermana cogieron piojos. Como no encontraban ningún método efectivo que se los quitasen, su madre y su abuela decidieron llenarles la cabeza de gasolina para acabar con los insectos. Sin embargo, la fórmula no funcionó y terminó con un terrible desenlace

La madre, que se encontraba fumando, tiró una ceniza de su cigarro en la cabeza de su hija por error provocando una reacción fatal: la niña empezó a arder, empezando por el pelo y continuando por el resto del cuerpo. "Me llevaron a un hospital local, pero mis quemaduras eran tan graves que me trasladaron en avión a un hospital especializado en quemaduras", relata la joven. 

"Nunca podré perdonarla"

Los médicos se quedaron sorprendidos de que Charity siguiera viva, pues tenía quemaduras en el 60% de su cuerpo: en toda la cara, el cuello, el brazo izquierdo y partes de la pierna izquierda. Ahora, después de 17 años, la joven no mantiene relación con su madre: "Nunca podré perdonarla por lo que me hizo. Ella nunca se disculpó ni aceptó su responsabilidad". 

Por eso, la custodia de ella y de su hermana se la quedó su padre, ya que además la mujer era alcohólica y no se hacía cargo de sus hijas. Después de todo este tiempo, la joven ha encontrado el amor en un apuesto bombero: "Sentí que eso era una señal del destino que estábamos predestinados".