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El dramaturgo Joan Yago / MAY CIRCUS (TNC)

Joan Yago: "Creer que vienes a sacudir el teatro no es un posicionamiento fértil ni útil"

El dramaturgo y miembro de La calórica reflexiona sobre el futuro junto a Marina Garcés y Anton Chejov

20 min

Joan Yago (Barcelona, 1987) es l’enfant terrible del teatro catalán. Él no lo reconoce, pero su irrupción en los escenarios ha supuesto un aliento de aire fresco que ha sido reconocido por público, instituciones y profesionales.

El dramaturgo recuerda en todo momento que su éxito es compartido con los miembros de la compañía La calórica, fundada en 2010 con el director Israel Solà, el escenógrafo Albert Pascual, y los actores Xavi Francès, Aitor Galisteo-Rocher, Esther López Martín, Marc Rius y Júlia Truyol.

Premios y humor

La formación se ha convertido en todo un referente. Su primera obra, Feísima enfermedad y muy triste muerte de la reina Isabel I todavía se representa en los escenarios españoles. Las siguientes corrieron una suerte parecida y le han reportado diversos premios, desde el Crítica Serra d’Or de Teatre al mejor texto teatral en catalán per You say tomato en 2016, hasta el premio Max a mejor autor revelación por Fairfly (2018).

Todas sus obras han causado sensación. Su punto alocado, incluso de fiesta mayor, y su comedia con toques reflexivos han cautivado al público. Y, de repente, dan un nuevo vuelco y colaboran con Marina Garcés para reflexionar sobre el futuro a través de la obra de Chéjov, una obra que llega al Temporada Alta este 23 de octubre.

Actores en 'Arbres, vodka i naus voladores' / TEMPORADA ALTA
Actores en 'Arbres, vodka i naus voladores' / TEMPORADA ALTA

--Pregunta: ¿Cómo nació 'Arbres, vodka i naus voladores'?

--Respuesta: Nace de la Biennal de Pensament que se hace en Barcelona y este año el tema era los retos del futuro. Desde el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) nos encargan crear un espectáculo de pequeño formato para hacer en espacios futuros alrededor de esta temática con textos de diferentes autores y diversas voces. Lo hicimos encantados pero la filosofía nos pareció que nos quedaba algo grande y pedimos ayuda. Nosotros somos gente de teatro y queríamos a alguien que tuviera un control más amplio de la materia y nos ofrecieron hacerlo conjuntamente con Marina Garcés. Y nos encantó porque somos muy fans de ella.

--¿Qué tal fue?

--El CCCB nos brindó esta cita a ciegas, casi. Ahí empezamos a trabajar. Ella quería evitar hacer como los greatest hits de filósofos distintos hablando del futuro porque haríamos una especie de ensalada conceptual con una mixtura de muchas cosas mezcladas. Prefería una sóla voz o dos. Nosotros propusimos a Anton Chejov, porque la gente del teatro lo conocemos mucho, además, aunque sea un autor realista del siglo XIX y principios del XX, sus personajes comparten una gran preocupación por el futura. A Marina le pareció una idea muy divertida y propuso leer todas las obras y cuentos de Chejov y quedarnos con las frases de los personajes que hablen del mañana. Descubrimos que había mucho material, incluso más de lo que pensamos e iniciamos a hacer la dramaturgia.

--¿Y el resultado es muy extraño?

--Lo que presentamos al espectador es una comedia sobre la idea de futuro compuesta a partir de distintos textos de Chejov.

--O sea un collage, siendo fiel con añadidos propios.

--Hemos hecho esta operación de ligar los textos para que incluso los espectadores no familiarizados con Chejov puedan disfrutar de la obra. No es una obra para expertos, ni mucho menos. Además quien conozca al autor o haya visto los últimos montajes recientes como La Gavina de Àlex Rigola, Les tres germanes de Julio Manrique o L’oncle Vània de Oskaras Koršunovas se lo pasará muy bien se lo pasarán muy bien. Reconocerán los textos y no sabrán si es de estas obras, de otras pero sentirá que es territorio que conocen. Es una sensación muy satisfactoria.

--¡Pero convertís en Chejov en comedia! Esto no suele ser muy común.

--Sus obras tienen un contenido emocional muy duro, pero él siempre dijo que escribía comedias. La gente es la que le decía que lo que explicaba era deprimente. Nuestra obra sí puede arrancar lloros y hay momentos duros, algo muy valioso para nosotros y nuestros espectadores porque se encontrarán con una Calórica que no ha visto nunca. Conservamos nuestro punto gamberro y divertido e incluso en momentos hacemos el burro, pero, de repente, habrá unos actores más dramáticos que nunca. Así que también verán a nuestros actores en un registro diferentes.

--O sea, un espectáculo que le vuelve a dar una vuelta a todo. ¿Sentís que habéis venido a agitar el teatro catalán?

--Nos lo hemos dicho a nosotros en broma alguna vez: que hemos venido a hacer cosas diferentes y que no ha hecho nadie, pero no nos lo acabamos de creer. No es un posicionamiento fértil ni útil. Nos sentimos más útiles cuando lo que nos proponemos es hacer algo que nos gustaría ver en el teatro. Confiamos en que el público, es maduro, divertido, tiene ganas de reflexión y conectará con nuestra manera de ver el teatro. Hemos hecho cosas más importantes desde aquí que cuando nos planteábamos romper la baraja, porque después no sabemos hacerlos, no nos sale. Este montaje es muy divertido por eso. Planteamos versiones de las escenas de Chejov muy distintos a lo que se ha visto antes, un Oncle Vània o un Jardín de los cerezos nunca vistos sin que sea nuestro objetivo. Es el Chejov que nos gustaría ver como espectadores.

Escena de 'Arbres, vodka i naus voladores' / TEMPORADA ALTA
Escena de 'Arbres, vodka i naus voladores' / TEMPORADA ALTA

--¿Y de donde sale esta inspiración y creador?

--Tiene más de una fuente. Por un lado, es muy importante el sentido del humor de la compañía. Nosotros no nos proponemos decir cosas divertidas a la hora de escribir una obra, somos así, usamos el sentido del humor en el día a día, incluso nuestros viajes, reuniones de producción… Ponemos sobre el escenario nuestro lenguaje común, lo que hace que nos queramos y continuemos juntos: hacernos reír los unos a los otros. Por otro lado, hay una cosa que define muy bien el espíritu calórico, no depende de uno u de otro, es el resultado de la suma de todos. Esta es el alma calórica: a medio camino entre una cosa popular y algo intelectual, entre una comedia muy burda y algo serio, entre lo festivo y lo más duro. Esto se consigue entre todos.

--Lleváis 11 años ya ¿Os lo imaginábais? ¿Cómo vivís este éxito?

--El viaje de la compañía lo hemos vivido con muchísima felicidad y gratitud. También ha sido un viaje muy difícil, durante años estuvimos encallados en el teatro de la precariedad y trabajando sin que nuestras condiciones de vida mejoraran por ello. Estamos en un momento dulce, somos conscientes de ello y de que tampoco significa que a partir de ahora todo nos irá bien en la vida. Puede que estemos de aquí dos años autoproduciéndonos en una sala con 50 espectadores y repartiéndonos el beneficio de la taquilla. Estos años hemos tenido un poco más de apoyo de las instituciones públicas y algunos festivales y ya. Pero el recurrido cultural en este país es muy corto, hay pocos espacios donde las compañías podamos desarrollar nuestras carreras. Hemos estrenado en el Teatre Lliure, en el Teatro Nacional de Cataluña (TNC). ¿Qué más hay? No es que tengamos voluntad ni ambición de seguir creciendo, pero nos planteamos ahora, ¿qué? Preferimos no acomodarnos.

--Bueno, ahora el resto de España. Ustedes son de las pocas compañías catalanas que viajan a Madrid. Son muchos los autores que nos cuentan que es muy difícil hacer este trayecto y el inverso. ¿No se sienten afortunados por ello?

--Estamos contentos con eso, sí, pero sólo hemos ido dos veces a hacer bolos, tres funciones como máximo. Es una experiencia chula, conoces público y teatros nuevos, pero económicamente es un desastre. La única manera de que esto funcione es cuando haces una temporada larga. Lo haremos ahora con Las aves (Els ocells) en el Centro Dramático Nacional. Este es el gran experimento de 2022 de La calórica. Esperemos que nos vaya bien y que conecte con la sensibilidad de espectadores de Cataluña y se lo pasen bien como pasó aquí. Nos apetece mucho abrir este mercado. Suena capitalista, pero nos da la oportunidad de subsistir económicamente aunque lo cierto es que tenemos muchas ganas de probar y ver espectadores nuevos y que pasen cosas diferentes, cómo responde. Asimismo, hay otra cosa que es importante que digamos. Si en el momento en el que estamos, La calórica no sale un poco de Cataluña empezaremos a taponar el circuito teatral. No queremos ocupar demasiado el espacio ni hacer perder espacio a otras compañías que también están haciendo cosas muy interesantes.

--Ha dejado caer una visión del panorama teatral, ¿cómo lo ve usted?

--Tengo poco conocimiento del del Estado porque no estamos allí, como te lo diría algo de Baleares sobre el panorama en Cataluña. No hay suficientes vasos comunicantes para que espectáculos catalanes viajen fuera de Cataluña y viceversa. Por ejemplo, no tenemos idea de qué se hace en el teatro independiente contemporáneo gallego aquí en Cataluña. No sé de quién es culpa, pero hemos de organizarnos y compartir las cosas que hacemos, sea en el idioma que sea, aunque sea subtitulado.

En Cataluña tengo la sensación de que tenemos un sistema teatral fértil, lleno de calidad en todas las áreas (actores, dramaturgos, técnicos, directores…). Tengo la sensación de que sin más recursos y apoyo institucional estamos un poco condenados. Mientras vemos como hay teatros cerrados por culpa de la burbuja inmobiliaria, mientras los presupuestos en cultura no acaban de crecer o no se acaba de implementar y, sobre todo, mientras los recursos se continúen repartiendo siempre a los mismos nos perdemos muchas cosas. Nos perdemos mucho talento joven y no hablo sólo de edad, si no gente que no ha podido tener carreras largas o que no ha podido empezar. Cuesta mucho encontrar espacios donde enseñar sus obras.

Montaje de 'Arbres, vodka i naus voladores' / TEMPORADA ALTA
Montaje de 'Arbres, vodka i naus voladores' / TEMPORADA ALTA

--Ustedes han roto esa barrera, pero ¿hay cierta tendencia en mantener siempre a los mismos, hasta que entra alguien nuevo y luego ese nuevo se estanca en lo alto y así?

--La culpa no es de las compañías. Es así, pero esto solo se puede solucionar con la complicidad de los teatros públicos que tienen la capacidad de grandes producciones. Son ellos los que han de dar espacio a las compañías jóvenes. En nuestro caso, nos han empezado a hacer caso cuando ya triunfamos en el sector privado y debería ser a la inversa. El teatro público es el que ha de captar el público joven. Y si en ese espacio es un bombazo saltar al privado. Los teatros públicos tienen la responsabilidad de actuar como vivero de talento. Han de dar espacio a que los jóvenes se equivoquen y prueben cosas nuevas, fallen, lo vuelvan a intentar… Empieza a pasar, pero ojalá también los directores de estos teatros públicos tuvieran el presupuesto para poderlo hacer.

--¿Pero no hay también una falta de riesgo?

--Sin duda, ¿pero a qué se debe? En gran parte porque no tienen recursos suficientes para hacerlo. Dependen incluso, en cierta manera, de los ingresos de taquilla para tenerlos. Tener a gente famosa les asegura ese bombazo, pero no podemos vivir en un sistema donde los teatros públicos dependan de los éxitos de taquilla. Entiendo que las empresas privadas de teatro lo hagan. Los teatros públicos no tendrían que pensar en llenar la sala sino en dar oportunidades, encontrar nuevas voces, descubrir talentos… Todos los teatros públicos tienen salas pequeñas. No te digo que pongas a compañías emergentes en la sala grande o principal porque además les harías un flaco favor, pero tienes las otras, hay muchos equipamientos públicos donde podríamos hacer cosas cojonudas y no nos atrevemos desde las administraciones y centros de creación y es la principal responsabilidad del sector público respecto a las artes escénicas.

--¿Y es necesario reflexionar el teatro desde el teatro también?

--Ya hay compañías que hacen teatro reflexivo y de ideas, pero les cuesta llegar a su público porque que subvenciona y se promociona más otro tipo de cultura. Y perdón que me repita, pero son las instituciones públicas quien deben darle este espacio. Nuestro espectáculo Arbres, vodka i naus voladores se hizo como un espectáculo puntual, sin pretensiones y nos han salido bolos. La gente ha visto que es diferente a lo que hemos hecho y les ha gustado. Sabemos que no tendrá tanto éxito como Els ocellsFairfly pero también está bien hacer este tipo de obras. Además, para nosotros es refrescante.

--¿El hecho de que hagáis más comedia hace también que les haya costado más tener este espacio que ahora han logrado?

--Nos ha llevado a que, por un lado, el sector privado rápidamente se interesara por lo que hacíamos y, por el otro, que al teatro público le haya costado más. Da la sensación de que igual les ha costado más tomarnos en serio. También es cierto, que nos venían a ver al privado porque hacíamos comedia y algunos salían extrañados porque la veían algo rara porque no es la más convencional. Eso también ha costado que al ecosistema teatral catalán le cueste más ubicarnos y, me está mal decirnos, nos ha dado nuestra marca de la casa. Nunca hemos querido tener un sello, ha acabado pasando y marcando nuestro carácter: somos aquellos que hacen reír y tratan problemáticas sociales y políticas.

--Y tras este montaje más serio, tenéis miedo de que con el paso del tiempo se vuelven dramáticos.

--Nosotros consideramos que cada nuevo espectáculo que hacemos es muy diferente. El público nos dice que no, hay elementos comunes que predominan sobre los diferenciales. Así que igual esta obra no es tan distinta. Creo que nunca abandonaremos la comedia porque está en nuestro ADN. Pero también imagino que los próximos 10 años no serán iguales que estos primeros. Haremos cosas distintas, iremos a lugares distintos, igual nos perdemos por el camino y nos reencontraremos luego. Espero que encontremos el espacio para contar cosas y seguir ofreciendo obras hechas con amor, cuidado y con calidad.

--Antes de acabar, ¿nos podría explicar el título de 'Arbres, vodka i naus voladores'?

--Los árboles y el vodka son elementos muy presentes en la obra de Chejov. Y en un libro de Stanislavski, gran amigo de él, el gran maestro de la interpretación dice que en las paredes de su estudio tenía colgados dibujos de ciencia ficción futurista de esos años, con naves voladoras, estaciones espaciales. Y la idea de que Chejov, el gran autor del realismo, decía que la literatura solo es arte cuando refleja la realidad del momento, en el fondo fuera un soñador y le gustaran los marcianitos, nos pareció idóneo. Es ese pequeño secreto que el autor nunca compartió con el público, que pensaba en la futura conquista del espacio.

--¿Y como piensa usted su futuro?

--Ligado a La calórica. Puedo estar equivocado, pero hoy más que nunca tengo ganas de seguir este viaje juntos y hacer cosas diferentes. Espero que el hecho de haber conseguido cierto éxito no nos lleve a hacer siempre las mismas cosas sino a mantener viva esta voluntad de experimentar de sorprender y sorprende.