El escultor Pablo Leonardo Martínez

El escultor Pablo Leonardo Martínez

Creación

“Digo a todo que sí”

Hijo de un pastor evangelista cubano exiliado en Barcelona, Pablo Leonardo Martínez ha logrado convertirse en diseñador gráfico y escultor de forma autodidacta

17 diciembre, 2023 00:00

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Pablo Leonardo Martínez está convencido de que todo lo bueno que le ha ocurrido en la vida es gracias a que “siempre” ha aceptado lo que le llegaba, “siempre” ha dicho a todo que “sí”.

Nacido en La Habana, Cuba, en 1961, este escultor y diseñador gráfico se crio en el barrio de Gràcia, en Barcelona, donde sus padres –un pastor protestante evangelista y su esposa– emigraron cinco años después de su nacimiento al ver que el régimen de Fidel Castro ponía en peligro su situación familiar.

Estructuras y composiciones poéticas

“Una misionera estadounidense se ocupó de gestionar la salida de la isla de varios pastores evangelistas como mi padre. La mayoría fueron destinados a Estados Unidos, los otros fueron a la base militar de Rota, cerca de Cádiz; nosotros, a Barcelona”, recuerda Martínez desde la espaciosa sala de exposiciones del Museu Enric Monjo de Vilassar de Mar, donde hasta el 7 de enero se expone su obra más reciente.

Bajo el título Estructures i composicions poètiques, la muestra reúne una selección de esculturas en diversos materiales –resina, hierro forjado, ébano…– que invitan al visitante a interactuar con ellas. Estructuras metálicas que encajan como si fueran puzles o ensamblajes constructivos, piezas colgantes de madera lijada, maquetas que recuerdan el esqueleto de un edificio.

La exposición de Pablo Leonardo Martínez en Vilassar de Mar

La exposición de Pablo Leonardo Martínez en Vilassar de Mar

Interesado en la arquitectura 

“Muchas de mis piezas podrían ser construcciones arquitectónicas”, explica Martínez, reconociendo que, de no haber suspendido la selectividad, hubiera estudiado Arquitectura.

Poco después de llegar de Cuba, sus padres lo matricularon en la escuela evangelista de Barcelona –“una escuela muy catalanista”, recuerda–, entonces en la calle Anglí, donde una profesora descubrió su talento y lo animó a pintar y dibujar. 

Su primera exposición, en su cuarto

“Gracias a ella monté mi primera exposición, en mi cuarto”, se ríe, mostrando una foto antigua en la que aparece él con 9 años junto a varios de sus óleos de motivos florales, en su habitación. Los visitantes de su primera muestra fueron los feligreses que asistían a la misa que su padre ofrecía en la planta baja, donde estaba (y lo sigue estando) la iglesia evangélica de Gràcia. “Mis padres siempre me apoyaron en mi carrera artística”, recuerda.

No obstante, al cumplir los 12 años, sus padres se divorciaron y su padre se marchó a Estados Unidos, donde tenían familia, dejando a su madre al cargo. Así que Martínez tuvo que ponerse pronto a trabajar. “Al terminar la escuela me di cuenta de lo que implica nacer en una familia con pocos recursos”, explica, recordando el momento en el que se apuntó a la escuela Massana para estudiar grabado.

Una sala de la muestra 'Estructures i composicions poètiques'

Una sala de la muestra 'Estructures i composicions poètiques'

El comentario que lo cambió todo

A diferencia de otros compañeros de clase, él no tenía el lujo de poder dedicarse al arte a tiempo completo, así que tuvo que ponerse a trabajar de mensajero en una gestoría. En sus ratos libres, se encerraba en su pequeño taller de Gràcia para pintar y crear pequeñas esculturas. Fue también en esa época cuando empezó a salir con una chica, que al descubrir las esculturas que hacía, le dijo: “Pero ¿qué haces estudiando grabado? Lo tuyo es la escultura”. Más tarde, un profesor de la escuela Massana le insinuó que sus grabados se parecían mucho a la obra de Joan Ponç, un conocido pintor vanguardista catalán, perteneciente al grupo Dau al Set, y se sintió ofendido. “Aunque yo no conocía de nada la obra de Joan Ponç, me dolió que me comparase con él, que insinuase que lo copiaba”, recuerda. 

El enojo con su profesor le sirvió de pretexto para dejar el grabado y apuntarse a escultura en la escuela Llotja. “Descubrí que era lo que más me interesaba”, dice. “La escultura me permite trabajar con las manos en relación con el pensamiento –añade–, aunque también me gusta trabajar con el espacio y el volumen, de ahí que me sienta un poco arquitecto frustrado”, se ríe.

La crisis se cebó con ellos

Al terminar los estudios, su suegro, dueño de un estudio de diseño gráfico, le propuso que trabajara con él, y él, “como siempre”, dijo que sí. La experiencia le permitió aprender a usar tecnología CAD y otras herramientas de diseño de producto, como el Composer, para crear imágenes en 2D o 3D, además de realizar carátulas y carteles de publicidad para cine y audiovisual.

“Fue una época en la que salió una generación de diseñadores gráficos que no teníamos título”, dice. El negocio de su suegro iba bien, ganaban dinero, lo que le permitía mantener a su familia (tiene dos hijos) y poder dedicarse al arte en su taller de Gràcia en sus ratos libres. Hasta que llegó la crisis financiera de 2009 y se arruinaron. “Lo perdimos casi todo”, explica.

Pablo Leonardo Martínez crea una de sus esculturas

Pablo Leonardo Martínez crea una de sus esculturas

El sueño americano

Animado por su pareja, y con la sensación de no tener nada que perder, se marchó a Miami con una maleta llena de muestras de sus esculturas más recientes, a probar suerte con las galerías americanas. “Envié correos electrónicos a 10 galerías de arte, me contestaron cuatro y tuve cita con dos. En Barcelona eso sería impensable”, explica. “En Barcelona, con mi currículum –añade– me hubieran mirado por encima del hombro”.

Sus composiciones abstractas en madera y hierro fundido llamaron la atención de la galería The Americas Collection de Miami, especializada en arte cubano, que decidió organizarle una exposición al año siguiente. Sin embargo, hasta que no vendiera alguna obra, su situación económica seguiría siendo complicada.

Las oficinas de Amazon

Fue al regresar a Barcelona cuando “la magia” de las casualidades que acompaña su vida, como él mismo dice, se volvió a producir. Esta vez, fue a través de su hija, quien le presentó al arquitecto de las nuevas oficinas de Amazon en Barcelona. “Me acabaron encargando unas esculturas de grandes dimensiones para decorar el vestíbulo de entrada”, explica con orgullo, mostrando imágenes de su obra en su página web.

En los últimos años, Martínez ha potenciado su presencia en las redes sociales, lo que le ha permitido establecer nuevas colaboraciones, como la que tiene con la galería china Bluerider ART (Taiwán, Shanghái, Londres), que le ha encargado algunas de sus estructuras de madera pulida en color blanco.

Sus conexiones

“El pulido es un trabajo en el que depositas mucha energía con las manos. Es una energía que se transmite desde tiempos prehistóricos”, explica, admitiendo que sus últimas obras han adquirido un toque más espiritual, “más chamánico”. Es el caso de su serie Conexiones, composiciones alargadas en madera de roble que parece que “continúen hacia el infinito”, explica Martínez junto a una de las esculturas de la serie, expuesta en Vilassar de Mar.

“Todas las piezas que forman esta exposición nacen de fragmentos, unidos entre sí por pensamientos, intenciones y decisiones que intentan mantener el equilibrio entre la expansión y la contención”, detalla en el folleto. “Son dibujos en el espacio de volúmenes y vacíos, son el resultado de un viaje interior de búsqueda, estar y deseo”, concluye.