Carlos Campillos, miembro de The Good Food Institute

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Carlos Campillos (GFI Europe): "Las proteínas alternativas no acabarán con la carne tradicional"

El representante del 'think tank' The Good Food Institute analiza cómo este sector puede transformar el sistema alimentario europeo y qué se necesita para liderar esta transición frente al reto de garantizar dietas resilientes en un contexto de creciente demanda y presión sobre los recursos

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El aumento de la población mundial supone retos importantes para el abastecimiento alimentario hacia 2050. Se estima que para entonces el total de habitantes podría alcanzar los 9.700 millones de personas, frente a los 8.045 millones actuales, según datos del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).

Este aumento ejercerá presión sobre los sistemas alimentarios, incluidos los europeos, donde ya existen desafíos de sostenibilidad y nutrición. En este contexto, potenciar las proteínas tradicionales de carne y lácteos junto con alternativas resulta clave para garantizar dietas saludables y reducir el impacto ambiental. Además, las nuevas tecnologías permiten producir proteínas más sostenibles y nutritivas.

En España, pese al creciente interés, el precio y la falta de promoción institucional limitan la adopción de estas soluciones. Para hablar de estas oportunidades y retos, Crónica Global entrevista a Carlos Campillos, responsable en Europa de The Good Food Institute, quien analiza cómo estas tecnologías pueden transformar la alimentación y qué se necesita para liderar esta transición.

-Cuando nos referimos a las proteínas alternativas, ¿de qué hablamos exactamente?

-Bueno, nosotros nos centramos en tres tecnologías que son las que creemos que tienen la mayor capacidad transformadora. La primera es el origen vegetal, que son los análogos cárnicos de nueva generación: hamburguesas, salchichas, nuggets o filetes que tienen una experiencia sensorial parecida a la carne convencional y un valor nutricional equivalente o mejor.

Luego está la carne cultivada, obtenida a partir de célula; y la tercera tecnología es la fermentación, que utiliza microorganismos o hongos para obtener proteínas e ingredientes con una textura y valor nutricional muy interesante. La carne cultivada está ahora mismo en desarrollo, pero no hay ningún producto autorizado para su comercialización en Europa.

-A nivel nutricional, ¿son comparables con la carne?

-Eso depende del producto, pero en general los análogos cárnicos son bajos en sal, bajos en azúcar, bajos en grasas y altos en fibra. No solo aportan lo mismo que la carne, sino que añaden nutrientes como la fibra.

Hay revisiones científicas en España que muestran que sustituir carne procesada por alternativas vegetales tiene efectos positivos en la salud incluso en el corto plazo, entre una y ocho semanas, con reducciones del colesterol.

-Vemos que el interés inversor por las proteínas alternativas crece, pero su consumo sigue siendo bajo. ¿Qué está fallando?

-Año tras año vemos que hay un crecimiento del sector de alimentos y bebidas de origen vegetal, es decir, que hay una demanda del consumidor, pero el consumidor sigue identificando el precio como una de las grandes barreras a la hora de adoptar ese consumo como algo un poco más normal.

En un informe que elaboramos en 2024, veíamos que el diferencial de precio de un producto, por ejemplo, de análogo cárnico con un mismo producto de origen animal era de en torno al 110%. Eso quiere decir que una persona tiene que hacer un esfuerzo de pagar un 110% más por un producto plant-base. Entonces, evidentemente, esa es la principal barrera. En una encuesta de Smart Protein, el 41% de los españoles decía que el precio era el principal obstáculo.

Por otro lado, aunque pueda haber una percepción de que son alimentos más ultraprocesados, no hemos visto datos ni evidencia que nos lleven a pensar que ese es uno de los problemas principales. En España, la principal motivación para optar por alimentos de origen vegetal es la salud.

-España parece tener potencial en el terreno de las proteínas alternativas, pero ¿lo está aprovechando?

-Tenemos un sector agroalimentario muy potente y un sector biotecnológico también muy fuerte. Eso nos da una ventaja competitiva. De hecho, en 2024 fuimos el segundo país europeo que más inversión privada recibió en proteínas alternativas, solo por detrás de Dinamarca; y a nivel de investigación, España es el país que más fondos recibe de Horizonte Europa en este ámbito.

El problema es que a nivel nacional no sabemos acompañar eso con una visión estratégica clara.

-Los fondos públicos no son suficientes entonces...

-Bueno, ha habido algo de apoyo a la financiación de proyectos, pero no suficiente. La mayor carencia se nota en la promoción institucional, principalmente por falta de información. Muchos aún creen que lo ‘natural’ es lo que consumimos habitualmente, cuando los patrones de alimentación en España son cada vez menos saludables.

Las proteínas alternativas combinan conveniencia, sostenibilidad y salud, pero las instituciones públicas no las promocionan ni las incluyen en las recomendaciones dietéticas. Hoy, la dieta española está muy lejos de la dieta mediterránea, que es fundamentalmente vegetal. Estos productos podrían ser un aliado clave para recuperar ese patrón adaptado al siglo XXI.

-Cataluña se ha consolidado como un polo importante en esta industria. ¿Qué factores lo explican?

-Porque combina dos factores clave; por un lado, un sector agroalimentario muy potente y, por otro, un ecosistema biotecnológico muy desarrollado.

Cataluña tiene empresas que saben innovar y centros de investigación muy fuertes. Eso crea un caldo de cultivo perfecto para que se desarrollen las proteínas alternativas y para que Cataluña pueda convertirse en un referente en el sur de Europa.

-¿Cómo se sitúa Europa frente a Estados Unidos o China?

En Estados Unidos la regulación es más flexible, lo que facilita que las empresas pongan productos en el mercado más rápido, aunque con estándares algo menos exigentes.

En Asia, y especialmente en China, están invirtiendo de forma masiva en todo el sector: plant base, cultivada y fermentación. Están invirtiendo en I+D y en infraestructuras de escalado, que es clave para reducir el precio.

En Europa nos cuesta más porque seguimos operando como 27 países diferentes y no como un bloque unido en inversión.

-¿Europa está perdiendo oportunidades en ese sentido?

-Efectivamente. El reglamento europeo de nuevos alimentos tiene estándares muy altos de seguridad alimentaria, lo cual está perfecto. Pero hay otras formas de fomentar la innovación sin renunciar a esos estándares.

Por ejemplo, en otros países las autoridades trabajan mucho más con las empresas antes de presentar una solicitud. Aquí en Europa eso falta. Y además, no tenemos datos que demuestren que esto sea una competencia real para la industria ganadera.

Incluso en el escenario más ambicioso, la carne cultivada sería en torno a un 9% del mercado global. Las proteínas alternativas no ponen fin al sector convencional. De hecho, hay empresas cárnicas interesadas en este desarrollo.

-¿Este sector puede afectar negativamente al campo?

-Al contrario, puede ser una oportunidad. Hay estudios que indican que en 2040 el sector podría aportar unos 10.000 millones de euros anuales a la economía española y generar entre 30.000 y 40.000 empleos.

Además, alrededor del 12% de esos empleos estarían en la producción agrícola. Las proteínas alternativas también están arraigadas en el campo. El reto es acompañar a agricultores y ganaderos con inversión y formación para que puedan beneficiarse de esta transición.

-Recientemente hemos visto el caso de una solicitud dirigida a Europa por parte de la empresa francesa Gourmey para autorizar una proteína de pato cultivada como nuevo alimento. ¿Qué valoración hacen de este precedente, considerando que Europa todavía no comercializa carne cultivada?

-Demuestra que mediante innovación se pueden desarrollar soluciones que responden a la demanda del consumidor. Si estos productos reciben autorización en Europa, será una señal muy positiva para las empresas españolas. El mercado europeo funciona como uno solo, así que una autorización permite comercializar en toda la Unión.

-Para terminar, ¿qué falta entonces para que España lidere este sector?

Considero que hace falta acompañar mejor a las empresas, sobre todo en el proceso regulatorio. Muchas startups no saben cómo cumplir los requisitos o qué pruebas realizar de forma coste-efectiva.

Las autoridades podrían tener un papel más proactivo proporcionando esa información. Eso permitiría que más empresas españolas lleven sus productos al mercado europeo y compitan en igualdad de condiciones.

-Con el aumento previsto de la demanda de alimentos, ¿cómo ves el papel de las proteínas alternativas en el futuro de la agricultura y la alimentación?

-El futuro de las proteínas alternativas también pasa por dar apoyo al campo y a la producción local. Los agricultores y ganaderos tienen que ser parte de ese futuro, y la clave está en acompañarlos con inversión, investigación y recursos para que puedan beneficiarse de esta transición. Estos productos no solo ofrecen conveniencia y valor nutricional, sino que también son sostenibles y éticos: se producen sin sacrificio animal ni ganadería industrial.

Por eso representan una oportunidad para volver a patrones alimentarios más saludables, acercándose a la dieta mediterránea del siglo XXI. Además, la visión económica refuerza su importancia: en 2040, el sector de proteína alternativa en España podría aportar unos 10.000 millones de euros al año y generar entre 30.000 y 40.000 empleos, incluyendo producción agrícola. Esto demuestra que el futuro de la alimentación y de la economía agroalimentaria está ligado a este tipo de productos.