Montaje con una fotografía del cartel del Bar Coyote, local afectado, y el empresario hotelero Salvador Sallés

Montaje con una fotografía del cartel del Bar Coyote, local afectado, y el empresario hotelero Salvador Sallés CG

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El hotelero 'grinch' que quiere terminar con la meca del rock en Barcelona

Las obras en el hotel Pere IV de Salvador Sallés dejan en la estacada a diversos bares de la zona de Poblenou y reabren el debate sobre el modelo de ciudad de Barcelona

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El hotelero Salvador Sallés, uno de los nombres consolidados del empresariado hotelero catalán, pone en jaque el tejido de bares musicales de la zona de Marina y Poblenou.

Su proyecto Hotel Sallés Pere IV, ubicado en la meca del rock and roll, ha segado la vida de locales históricos como BB+, Open Bar y D9, además de otros espacios de la manzana comprendida entre Pere IV y las calles adyacentes.

Las obras en el hotel, que colinda con los bares nocturnos, han causado filtraciones, daños estructurales, levantamiento de cubiertas, humedades, daños en techos e instalaciones y dificultades operativas que han hecho inviable su continuidad.

Interior del local D9, uno de los establecimientos que cierra sus puertas

Interior del local D9, uno de los establecimientos que cierra sus puertas D9

Otros establecimientos, como Hijos de Caín o el Bar Coyote, también han denunciado incidencias relacionadas con las obras: desde desprendimientos hasta inundaciones puntuales.

La interrupción prolongada y los problemas económicos derivados de estas reformas han provocado el cierre de diversos bares, donde los aforos son reducidos y los márgenes ajustados. Otros, en cambio, siguen resistiendo entre limitaciones, mientras el conflicto se dirime en los tribunales y el tejido del histórico enclave nocturno continúa debilitándose.

Sellés, el 'grinch'

Ello ha llevado a que, en el imaginario popular del barrio, este empresario se haya granjeado cierta antipatía en el ámbito del ocio nocturno. El discreto Salvador Sallés se ha convertido en el grinch del rock and roll.

Su apodo hace referencia al personaje popular estadounidense, un ser amargado y cascarrabias que quiere acabar con la Navidad.

¿Quién es Salvador Sallés?

Sallés fundó en 1985, junto a Rosa Maria Oriol, la cadena familiar Sallés Hotels, germen de un grupo que nació con la marca comercial Euromar, y que ha evolucionado hacia un posicionamiento en el segmento de cuatro y cinco estrellas.

Desde entonces ha pilotado la expansión del grupo con una estrategia de crecimiento progresivo y activos emblemáticos, como el hotel-rascacielos Marina Badalona.

Además de su papel como fundador, ha desempeñado funciones de administrador y consejero en distintas sociedades vinculadas al entramado empresarial familiar: entre ellas, Sagemar Hotels y Eroles SA.

Legado familiar

Los Sallés no son recién llegados. La familia ha tejido durante décadas una cadena hotelera con fuerte presencia en Cataluña. Especialmente en la Costa Brava, el Empordà y Barcelona

Sin embargo, su proyecto en el barrio del Poblenou ha situado a la familia en el centro de un conflicto. Para algunos defensores del ocio nocturno, encarna —aunque quizá de forma involuntaria— la sustitución de la cultura popular por un modelo urbano más homogéneo, más turístico, más silencioso.

Para otros, simplemente es un hotelero que ejerce su legítimo derecho a desarrollar un proyecto en una finca de su propiedad.

Una herida abierta

En el corazón del Poblenou ha florecido, durante más de tres décadas, un ecosistema de bares musicales y salas que han convertido la zona en una referencia del rock y la cultura nocturna alternativa en Barcelona.

En su momento de máximo esplendor, llegó a concentrar cerca de 30 bares musicales y seis discotecas. Actualmente, según datos de la Federación Catalana de Locales de Ocio Nocturno (Fecalon), apenas sobreviven alrededor de una decena de bares y tres salas. La reducción no es coyuntural, es estructural.

Cierre o resistencia

En paralelo, Barcelona ciudad cuenta con 113 actividades recreativas musicales, con un aforo conjunto que no supera las 50.000 personas, según el último estudio de 2023 realizado por Fecalon. 

La cifra, en frío, puede parecer considerable. Sin embargo, en una ciudad de 1,7 millones de habitantes que recibió 16 millones de visitantes extranjeros en 2025 —muchos de ellos, en franjas de edad susceptibles de recurrir al ocio nocturno—, los números dibujan otra realidad. La oferta es limitada para la demanda existente.

Pero el problema trasciende lo jurídico. Lo que está en juego es el equilibrio entre la transformación urbana y la preservación de un tejido cultural consolidado.

Equilibrio empresarial

El cierre progresivo de los locales se inscribe en un fenómeno más amplio: la contracción del ocio nocturno regulado en Barcelona y su área metropolitana.

Según el estudio de Fecalon, 192 municipios de la provincia no cuentan con ningún establecimiento de ocio nocturno. El 76% de la oferta se concentra en unas 31 localidades. Esta concentración genera desplazamientos masivos hacia los pocos puntos con actividad, saturación en determinadas zonas y problemas añadidos de movilidad nocturna.

El epicentro

Barcelona absorbe buena parte de esa presión. Cada fin de semana, miles de jóvenes se desplazan a la capital porque en sus municipios no existe oferta. Si, además, la ciudad reduce progresivamente sus espacios históricos, el resultado es una tormenta perfecta: menos locales, más concentración y mayor tensión vecinal.

Cerrar un bar musical no es solo bajar una persiana. Es eliminar un espacio regulado, con horarios, controles y responsabilidades claras. Cuando la oferta legal disminuye, la demanda no desaparece: se desplaza. Y no siempre hacia entornos más seguros.

Modelo de ciudad

Barcelona lleva años debatiéndose entre su vocación turística y su identidad cultural. El hotel es una pieza central del engranaje económico. Genera empleo, atrae inversión y consolida la marca de ciudad.

Pero el ocio nocturno también forma parte del ADN barcelonés. Desde las salas del Raval hasta los bares musicales del Poblenou, la noche ha sido un laboratorio creativo, un espacio de mestizaje cultural y una industria que sostiene miles de puestos de trabajo directos e indirectos.

Respuesta

En una nota enviada a este medio, desde la empresa aclaran que su intervención en el edificio responde a un riesgo grave para la seguridad pública y "no a un conflicto con los locales de ocio".

Indican que diversos informes técnicos calificaron el inmueble  como "muy peligroso" tras el desprendimiento parcial del techo de "Hijos de Caín" el pasado septiembre, lo que motivó el precinto del local por el ayuntamiento. 

Asimismo, añaden que las obras realizadas se deben al agotamiento del edificio centenario, incluyendo la rehabilitación de fachadas protegidas y la retirada de materiales peligrosos, todo amparado por licencias vigentes.

Por otro lado, destacan que "el cierre de tres de los cinco locales de ocio se ha producido por acuerdo voluntario y transaccional con las empresas que los regentaban".