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Test Covid casero de la empresa Procor / PROCOR

La letra pequeña de los tests Covid-19 caseros

Su comercialización para uso autónomo es ilegal y su fiabilidad depende de muchos factores, cuestiones por las que los expertos defienden que ellos son los que deben realizar dichas pruebas

8 min

En el contexto actual, muchos ciudadanos sienten la necesidad de saber si están contagiados o no del Covid-19. La aparición de asintomáticos es constante y los expertos sanitarios alertan de que este tipo de positivos son los más peligrosos. Al no tener síntomas, estas personas continúan su vida con normalidad, muchas veces sin tomar las precauciones necesarias. 

Ante este panorama se empieza a popularizar la venta de pruebas de autodiagnóstico del coronavirus, la mayoría basadas en tests serológicos. No obstante, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ya ha alertado de que la adquisición online de este tipo de pruebas “puede dar lugar a resultados erróneos”, debido a la ausencia de un profesional sanitario que interprete o asesore tras el resultado. Estas prácticas, en opinión de la ocu, “pueden contribuir a extender el contagio".

¿Son fiables?

La muestra que utilizan las pruebas serológicos se asimila a la usada en un test de glucemia --como el que se realiza a los diabéticos--, aunque la lectura del resultado es más parecida a la de uno de embarazo. La prueba permite no sólo identificar una infección activa, sino si se ha pasado ya la enfermedad. 

No obstante, a nivel de fiabilidad, hay que tener en cuenta que los datos no empiezan a ser medianamente fiables hasta, aproximadamente, el quinto o séptimo día de infección, que es cuando se inicia la generación de anticuerpos detectables. Algunos estudios todavía van más allá y no ofrecen a estos tests una fiabilidad superior al 80% hasta el día 11 de la infección. “En este sentido, cabe destacar que una investigación del John’s Hopkins demostró que, al cuarto día de infección, el 67% de los contagiados todavía daban negativo en una PCR, que es el método más sensible a la hora de detectar la presencia del virus”, puntualiza Marta Ribes, biomédica especializada en Salud Global. Ribes advierte de que, con estos datos en la mano, no es lógico confiar a pies juntillas en los resultados de los resultados serológicos.

Incongruencias

Pese a estos estudios, las empresas especializadas en la comercialización del producto para detectar autónomamente la presencia del Covid-19 en el organismo aseguran en su página web que su producto cuenta con un 94,8% de fiabilidad. Este es el caso de las pruebas de anticuerpos de la española Procor, en cuyas palabras “lo que fallan son las personas”, no sus tests. “En las personas con inmunodeficiencia y problemas relacionados éste no es efectivo”, concretan.

Guillermo Bagaría, responsable de atención farmacéutica del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Barcelona (COIB), coincide, en parte, con esta afirmación. Mantiene que el problema en la fiabilidad de los tests son las personas sí, pero no porque sean inmunodeficientes, si no porque “no todo el mundo puede interpretar el resultado de uno de este tipo”. “Es necesario que este, como cualquier otro tipo de pruebas, sean realizadas por expertos sanitarios, que podrán acompañar, asesorar y derivar al paciente a donde corresponda”, puntualiza Bagaría. 

¿Comercialización ilegal?

Pero entonces, ¿es legal venderlos? Sí y no. Como bien indican desde el COIB, ningún tipo de prueba Covid-19 tiene autorización para ser comercializada como un producto de autodiagnóstico. De hecho, todos los test que están comercializados en España están catalogados como "productos sanitarios de diagnóstico in vitro", lo cual significa que deben realizarse por profesionales sanitarios en los centros y establecimientos sanitarios de detección. “No tienen la validación de la Agencia Española del Medicamento y, por tanto, no podemos garantizar su idoneidad y calidad, ni podemos enmarcar sus resultados dentro de un marco de seguridad”, testifica Bagaría. El ejemplo más gráfico, manifiesta el profesional de la salud, es que las propias farmacias no pueden adquirirlos. “Podrás comprarlo por Amazon o encontrarlo en el chino de debajo de tu casa, pero no tendrás las garantías que ofrece el circuito del medicamento”, asevera. 

No obstante, hecha la ley, hecha la trampa. Procor, que se autodefine como el primer ecommerce español de pruebas de detección no vende sus pruebas como tests de autodiagnóstico, aunque sí las promociona para ser utilizadas individualmente dentro de la esfera privada. “Gracias a nuestras pruebas las personas pueden evitar el contagio cruzado de los centros médicos o de cribados como las colas de Madrid. Tienen la capacidad de testearse de forma continua sin salir de su casa o zona segura”, manifiestan desde la compañía, que ha llegado incluso a publicitar las pruebas con influencers

La importancia de los expertos

Frente a esta situación, los farmacéuticos reclaman poder realizar tests serológicos y de antígenos en las farmacias. “Hay necesidad de este tipo prueba, además de una justificación social y económica. Pero es necesario que sean realizadas bajo al supervisión de un profesional sanitario, siempre en consenso y coordinación con la administración sanitaria”, argumenta Bagaría. La comunicación de resultados positivos es crucial para la detención de la transmisión comunitaria. Si el aviso depende del propio paciente, podemos enfrentarnos a situaciones en las que no se dé parte o que se haga tarde.

Este último, de hecho, es uno de los puntos claves por los que los tests rápidos no deberían realizarse en casa. “¿Qué pasa si das positivo? ¿Te vas a un centro de atención primaria? ¿A quién avisas? ¿Con qué criterio? Es inconsistente”, critica el farmacéutico, que ve como un peligro los positivos detectados de manera autónoma, ya que, al no estar supervisados por el sistema de Salud, no entran dentro del circuito sanitario de rastreo. “Bien realizada e integrada con las estrategias de salud pública puede ser de gran ayuda, pero dar validez a las realizadas en el ámbito privado es un error”, evidencia Bagaría. Tal vez en unos meses Amazon no solo nos traiga libros (legalmente) a casa, pero por el momento, la letra pequeña de los caseros aleja esta opción.