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Crimen de la Guardia Urbana: así fueron las últimas horas de Pedro

La víctima pasó una agradable jornada familiar con los padres e hijas de Rosa antes de perder la vida

Pedro comiendo con la familia de Rosa antes de su muerte / CG
10.03.2018 00:00 h.
8 min

El 1 de mayo del año pasado amaneció radiante. El guardia urbano de Barcelona Pedro Rodríguez se había quedado a dormir en la casa ajardinada que Rosa Peral, su novia, también guardia urbana, tiene en Vilanova i la Geltrú y donde vivía con sus hijas, E., de 7 años, y L., de 5 años.

Rosa y Pedro cenando el día antes de la muerte de él (1). Crimen de la Guardia Urbana: Albert cambió de versión / CG

Rosa y Pedro cenando el día antes de la muerte de él / CG

La pareja y las niñas desayunaron y decidieron ir a pasar la jornada festiva a la vivienda que Pedro tenía en una zona boscosa próxima Altafulla. Hacia las 12 del mediodía, justo en el momento en que los cuatro abandonaban la casa en el Volkswagen Golf negro propiedad del guardia (el mismo en el que tres días después apareció calcinado), se acercaron por la zona los padres de Rosa, Paco y Maite, que viven relativamente cerca de allí y que desde que se jubilaron frecuentaban la casa de sus dos hijos (Rosa y José), a quienes ayudaban con la intendencia familiar.

Reunión familiar

“Cuando llegamos, ellos estaban saliendo”, ha explicado a Crónica Global Paco Peral. “Nos dijeron que iban a pasar el día fuera, que tenían la intención de comprar unos pollos a l'ast y que se los comerían en la casa de Pedro. Allí tiene una piscina y dado que hacía un día espléndido, habían pensado en pasar la jornada y darse un baño con las crías. Creo que fue Rosa quien nos dijo que nos apuntáramos, que los pasaríamos muy bien todos juntos. Pedro también insistió y me dijo ¡venga Paco animaros!  y yo, tras hablarlo con Maite les dije que sí”.

El Golf negro que conducía Pedro junto a con su novia y las niñas abría camino. Tras ellos, circulaba el turismo que pilotaba Paco junto a su esposa.

Parque de atracciones

Pedro conocía un bar en Coma-ruga famoso por la excelencia de sus pollos a l'ast y se dirigieron hacia allí. Sin embargo, de camino improvisaron una actividad con las niñas: decidieron tirarse por los toboganes que, en mitad de una loma cercana a Calafell, tiene la empresa Calafell Slide, compañía lúdica de deportes al aire libre.

Rosa y su hija L. en un parque de atracciones el 1 de mayo (2) / CG

Rosa y su hija L. en un parque de atracciones el 1 de mayo / CG

 E., la hija mayor, retó al abuelo y Paco, aunque con ciertas reticencias por lo empinado del trayecto, accedió y bajó por uno de los toboganes. “Una vez y no más”, pensó.

Rosa con su hija E. en el parque de atracciones (3) / CG

Rosa con su hija E. en el parque de atracciones / CG

Pedro se tiró con las niñas y Rosa, que había comprado un tique por 70 viajes, hizo lo propio. Como se puede ver en las imágenes que aporta este medio que obran en el e sumario, el ambiente que se respiraba era de total jovialidad.

Pedro jugando con E. en el mismo parque de atracciones (4) / CG

Pedro jugando con E. en el mismo parque de atracciones / CG

Invitó el abuelo

Hacia las dos de la tarde, las dos familias llegaron al bar de Coma-ruga.

“Yo le dije al muchacho: 'Oye… ¿qué te parece si nos quedamos a comer aquí los seis y nos ahorramos tener que preparar la mesa en tu casa y ensuciar la cocina y el comedor?”. La pareja aceptó. Así que invité a toda la familia al menú que nos ofreció el bar. Tras la comida, en la que nos hicimos vario selfis y donde todos nos lo estábamos pasando muy bien, nos fuimos hacia Altafulla”, añade el abuelo. 

Pedro comiendo con la familia de Rosa seis horas antes de su muerte (5) / CG

Pedro comiendo con la familia de Rosa seis horas antes de su muerte / CG

“Llegamos sobre las 15.30 o así. Maite se encargó de las pequeñas, que se bañaron en la piscina. Mientras tanto, Pedro y yo aprovechamos para limpiar de matojos la parte posterior del jardín de la casa, que estaba muy descuidada. Nos pegamos una buena paliza, pero lo dejamos perfecto. Mientras trabajábamos, mi hija nos hacía fotos. Siempre sonriendo. Siempre feliz. Jamás en sus años de matrimonio con Rubén la había visto tan ilusionada, por eso mi relación con Pedro era tan cordial”, remarca el padre de la guardia urbana. 

Pedro, con pantalón rojo, junto a su suegro arreglando el jardín cinco horas antes de su muerte (6) / CG

Pedro, con pantalón rojo, junto a su suegro arreglando el jardín cinco horas antes de su muerte / CG

Familia feliz

“Tras el tute en el jardín nos aseamos y pasamos al interior de la casa y allí todos, alrededor de la  mesa, jugamos al juego de la Oca entre risas y bromas”.

Hacia las nueve de la noche ambas familias se recogieron. Los abuelos se trasladaron a su domicilio en Vilanova y la pareja de novios y las niñas, algo cansadas por el ajetreo de día, se fueron a la casa de ella.

La muerte de Pedro

Minutos después, Pedro envió un whatsapp a Paco agradeciéndole lo bien que se lo habían pasado todos. Paco le correspondió. El ambiente era de plena fraternidad.

Tres horas después, el guardia urbano murió de forma violenta. Según Rosa, víctima de la agresión de un celoso y desbocado Albert, su exnovio. Según Albert, cuando él llegó a la casa, ella había acabado con la vida de él, lo había arrastrado hasta las afueras del domicilio y lo había introducido en el coche (la víctima media un metro y noventa centímetros y pesaba más de 110 kilos).

Preguntas del millón

¿Rosa fue tan cínica  como para fingir durante toda aquella jornada cuando, según el fiscal, se había conjurado con Albert para matar a Pedro aquella noche? ¿Esta mujer pactaría perpetrar un asesinato en su casa, con sus hijas en la habitación de al lado?

La Fiscalía y los Mossos d'Esquadra no descartan ninguna hipótesis pero, como ha adelantado este medio, el punto de mira de la acusación poco a poco se dirige cada vez más haca Albert que hacia ella, cuya versión de los hechos es uniforme y coherente (dice que no denunció a Albert por el miedo insuperable que sentía y siente hacia él), contrariamente a las versiones ofrecidas por Albert que, en sede judicial, se ha desdicho con excusas peregrinas de anteriores declaraciones.

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