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Una cuidadora con un anciano / EUROPAPRESS

La precariedad de las cuidadoras durante la pandemia: "No tenemos derecho a nada"

Suyapa y Elma continúan ejerciendo como empleadas de hogar pese al confinamiento por la emergencia sanitaria

5 min

Elma Cabrera (53 años, Argentina) cuida de un matrimonio de ancianos en Teià, un pequeño pueblo del Maresme. Desde hace semanas vive confinada junto a ellos, y relata la dureza de la cuarentena. “Da mucho miedo a lo que estamos expuestas, desprotegidas y solas, pero si lo dejamos, no tenemos derecho a nada, esa es la realidad”, lamenta.

Cabrera, que trabajó durante años como auxiliar de geriatría en su país, señala que su empleo se ha vuelto mucho más duro durante el confinamiento. Pasar las 24 horas del día en la casa de la pareja de ancianos --94 años él y 92 ella-- a la que cuida le obliga a realizar un esfuerzo extra. “Entreteniéndolos, estando muy pendiente de ellos, y extremando las medidas de higiene”, cuenta esta empleada de hogar.

Ancianos dependientes

“Me he quedado totalmente aislada”, explica. La pareja a la que cuida no tiene hijos. Sí un sobrino, pero la mujer de éste es una paciente de riesgo, y no pueden desplazarse para ayudarles. “Están más nerviosos, duermen peor, y yo también. La última noche, solo cuatro horas, pero, ¿qué voy a hacer?, ¿quién va a venir a ayudar? No hay nadie más que yo”, constata, y recuerda que, en estos momentos, que los ancianos dependen más que nunca de los cuidadores, ellos también necesitan apoyo. Para sobrellevarlo, cuenta, “reza, lee, y habla con su familia. El día a día pasa así”.

Un anciano con mascarilla se lava las manos / EFE
Un anciano con mascarilla se lava las manos / EFE

En un una situación parecida se encuentra Suyapa Carias (43 años, Honduras), que llegó a España en 2017. Desde entonces se ha dedicado al cuidado de personas mayores. Una tarea que sigue desempeñado en pleno estado de alarma por el coronavirus. Ella, al igual que muchos otros, no ha podido dejar su empleo pese al confinamiento para evitar la propagación de la enfermedad. Cada día sale de casa a las 7:00 de la mañana para limpiar en una clínica. Tras ello se desplaza desde Cornellà a Esplugues de Llobregat, donde reside el matrimonio de ancianos que se encarga de asear y cuidar. Un trayecto de casi tres kilómetros que recorre a pie para no usar el transporte púbico y evitar infectarse.

¿Quién cuida de sus hijos?

Esta empleada de hogar tiene dos hijos, de 16 y 8 años. Antes de dejar su casa cada mañana debe prepararles la comida. Su mayor temor, confiesa, es poder contagiarles en caso de que ella resulte infectada por Covid-19. Para evitarlo, toma todas las precauciones que están en su mano. “Cuando vuelvo, les pido que se queden en su habitación y entro directamente al baño. Allí desinfecto todo con lejía, me doy una ducha, y salgo cambiada antes de saludarles”, detalla. “Si se ponen enfermos no puedo dejar de trabajar y no sabría qué hacer”, explica.

El material de protección que utiliza --guantes, gel y mascarilla-- se lo ha procurado ella misma. Confiesa que intenta evitar al máximo el contacto con la gente, incluso cuando va a hacer la compra a una gran superficie. Carias cuenta que, de tener opción, se habría quedado en casa durante la cuarentena, pero su situación económica no se lo permite. “Me hubiese gustado pasar más tiempo con mis hijos, pero no se puede, todavía estoy en situación irregular, y tengo que pagar el piso y todos los gastos. Son tantos que, si no trabajo todo el día, no llego a fin de mes, pero vamos saliendo adelante poco a poco”, concluye.