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Personas con y sin mascarilla en Barcelona antes del estado de alarma / EUROPA PRESS

Un médico desmonta los bulos del movimiento contra las mascarillas

Las personas que están en contra del uso de cubrebocas alegan que no dejan hablar ni respirar y alimentan el clima generalizado de miedo

Rosa Fuentes
6 min

La mascarilla se ha convertido en un elemento imprescindible a causa de la pandemia del SARS-CoV-2. De hecho, el uso de este complemento es obligatorio en casi todas las comunidades autónomas españolas, pero no todos los ciudadanos comparten la opinión con el sector sanitario y el Gobierno. De hecho, hay detractores, con argumentos que desmontan los entendidos. Porque, recuerdan los médicos, el cubrebocas “sirve para protegernos a todos”.

En este escenario de pandemia ha surgido, al menos, un movimiento contrario al uso de mascarillas. Personas que rechazan su empleo obligatorio, a pesar de que sin ellas aumenta el riesgo de contagio (por no hablar de las multas derivadas). “Si sencillamente eres de los que no entienden por qué hay que ponérsela a la fuerza y, encima, no crees que eso puede ser bueno para algo, entonces tal vez te interese leer esta hoja, en la que se dan algunas razones contra la mascarilla obligatoria”, reza un artículo de la web de Ediciones El Salmón & Revista Cul de Sac (ver aquí)​, una editorial y revista alicantina que se posiciona en contra de los cubrebocas.

“La mascarilla sirve para protegernos a todos”

El manifiesto incluye las razones para estar en contra de estos elementos que, según las autoridades, nos protegen del contagio del Covid-19. Sin embargo, “el uso de la mascarilla es una protección tanto para uno mismo como para los demás. La mascarilla sirve para protegernos a todos”, desmonta el médico Javier Padilla a este medio durante una entrevista telefónica.

“El virus no solo se transmite por las gotitas de saliva que expulsamos al hablar y que se ven, sino también por aquellas gotas mucho más pequeñas que se quedan en el aire. Por eso, es imprescindible el uso de mascarillas”, dice Padilla: “Además, nadie es capaz de garantizar la distancia de seguridad todo el tiempo y de forma adecuada”.

Mascarilla obligatoria
Panfleto contra la mascarilla obligatoria / EDICIONES EL SALMÓN

No se produce hipoventilación; el dióxido se expulsa

Uno de los principales argumentos para rechazar su uso y que es secundado por muchas personas es que “las mascarillas impiden que eliminemos correctamente el anhídrido carbónico que exhalamos, haciendo que ese desecho nocivo vuelva a entrar en la sangre a través de los pulmones”. Es decir, “pueden ser perjudiciales para la salud” por inhalar el aire que deberíamos exhalar. ¿Se sostiene esta afirmación?

“Eso es mentira, porque el dióxido de carbono sí que sale a través de la mascarilla. No se produce una hipoventilación. No hay ningún tipo de problema para la respiración si estamos utilizando una mascarilla adecuada. Hay cientos de profesionales sanitarios que llevan años desempeñando su jornada laboral con mascarillas. Pero la solución es muy sencilla: quien no quiera utilizarla, que se queda en su casa”, aclara Padilla.

¿Las mascarillas alimentan el clima de miedo?

“Utilizar correctamente una mascarilla exige el cumplimiento constante de una serie de instrucciones bastante engorrosas (cambiarla cada cuatro horas, lavarse las manos antes y después de tocarla...) que nadie o casi nadie observa. Cada cual lleva la mascarilla como buenamente puede. (…) Demuestra que la función de la mascarilla no es sanitaria, sino político-religiosa: no se trata de mirar por la salud, sino de que se cumpla el ritual de adhesión y de obediencia”, argumentan los detractores.

Padilla vuelve a responder: “Si uno no se pone la mascarilla y el resto sí, se está beneficiando del trabajo de todos. Todos preferimos estar sin mascarilla, pero ahora mismo tenemos que llevarla por el bien de todos y para protegernos”. “No tenemos que abordar ni señalar a quien no quiere utilizar la mascarilla, debemos intentar dialogar”, añade.

La mascarilla transmite cuidado y protección

La mascarilla cubre la mitad de la cara, dificulta la comunicación con otras personas y es un mecanismo de defensa que recuerda el contagio de la enfermedad. Los antimascarillas juegan con estos argumentos. El cubrebocas, expone el colectivo, “alimenta así la idea de que somos peligrosos los unos para los otros, dejando señalado como egoísta a quien no se somete, de forma que los obedientes puedan volverse contra él”.

Pero el médico vuelve a replicar, a modo de conclusión: “Es un elemento de protección. Sé que, si mi compañero lleva una mascarilla, no me va a contagiar. La mascarilla transmite cuidado y protección, tanto para mí como para el resto; no miedo”.