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Alumno de FP dual en el taller Esteban Costa / CEDIDA

Caos en la FP: "Hemos ido a la privada para que nuestro hijo no sea un 'nini'"

La falta de plazas públicas de formación profesional deja a una generación de adolescentes a las puertas del paro y el abandono escolar

6 min

Caos a 20 días para la vuelta a las aulas. Así retratan las familias entrevistadas por Crónica Global la situación a la que se han visto abocadas ante la falta de plazas públicas de formación profesional (FP). Muchas han optado por matricular a sus hijos en centros privados, aunque se lamentan del sobrecoste que acarrea para la economía doméstica.

"No todo el mundo puede pagar 400 euros mensuales. Nosotros hemos podido afrontarlo, pero estamos a la espera de que entre en las plazas extra que se han anunciado", confía Isabel. Esta madre de Terrassa (Barcelona), que además ha organizado una plataforma para alzar la voz ante la Administración, ha matriculado a su hijo en un centro privado, pero está a la expectativa de que acceda a las 4.215 plazas convocadas a contrarreloj por la Generalitat.

"Habrá muchos 'ninis'"

Por ahora, la Consejería de Educación no ha explicado cómo distribuirá ni asignará este refuerzo aprobado tras la crisis abierta por el auge de inscripciones. Además, este contingente no cubrirá la enorme demanda de este curso. Según datos oficiales, más de 10.000 aspirantes se quedarán en septiembre a las puertas de un ciclo medio. Otros 14.000 tampoco podrán entrar en un grado superior. Un escenario inédito fruto, según las familias, de la imprevisión de las autoridades educativas.

"El año pasado ya se vieron con las inscripciones de la ESO las consecuencias del boom de natalidad de 2008. Entonces se abrieron nuevas líneas en los institutos, pero ahora no ha ocurrido lo mismo con la FP. Muchos hemos ido a la privada para que nuestros hijos no sean ninis, pero el año que viene habrá muchos otros", asevera Torrijos. Además, prevé un repunte del "abandono escolar", ya que muchos jóvenes no podrán estudiar exactamente aquéllo que habían pensado en un primer momento.

Alternativa truncada

Con la misma salida de emergencia ha contado Nieves, cuyo hijo se quedó fuera de las listas de auxiliar de enfermería. "Nos tuvimos que buscar la vida y encontrar un centro privado en la otra punta de la ciudad. Mensualidades de 250 euros, los libros cuestan 70 euros... es un gasto con el que no contábamos", reconoce.

¿Y la posibilidad de reengancharse al bachillerato? Esta madre no lo considera una buena alternativa para muchos alumnos. Además, tampoco concuerda con el empeño de la Administración por promocionar la FP. "Los grados medios son tan válidos como el bachillerato. Además, hay chavales para los cuales el enfoque de un ciclo puede ser más provechoso, porque es menos memorístico y más práctico", argumenta.

No es cuestión de nota

Lo que se necesita, resume, son "medidas para que esta opción sea viable". Es decir, más grupos. "Aumentar las ratios tampoco es la solución", apostilla. La falta de información es otra de las quejas de muchos afectados, que no han percibido un interés por parte del Govern para solventar este frente abierto para más de 10.000 familias.

"En nuestro caso escogimos hasta 10 centros. No sabíamos cómo funcionaba, pero nos planteábamos la FP​ como una solución ideal. Tampoco es verdad que vaya por nota de corte: mi hija tenía una nota buena, pero se ha quedado fuera", advierte Montse, residente en Barcelona. En su caso, la adolescente quería cursar un ciclo de cuidados auxiliares como puente para llegar a la facultad de veterinaria.

Un año de impás

La escasez de plazas públicas ha frustrado estos planes, que ahora deberán pasar por la privada para hacerse realidad. "Tenemos esperanza de las vacantes, porque se ha quedado a solo tres posiciones de lograr entrar. Como mínimo podemos decir que no se quedará sin estudiar", suspira esta madre. Otros no han tenido tanta suerte. Pere no ha logrado encontrar un ciclo para su hijo cerca de Sant Pere de Ribes (Barcelona), al que tampoco le ha sido fácil hallar un empleo.

"No puede trabajar todavía porque tiene 17 años y en muchos sitios no quieren menores porque no pueden hacer las mismas horas. Tampoco puede estudiar el ciclo que quería en la privada por la edad", se lamenta. "Mi hijo es el primero que está enfadado", añade. Una situación con la que deben lidiar centenares de padres y madres en Cataluña sin que, de momento, la Generalitat haya puesto sobre la mesa ninguna solución para una generación entera de adolescentes.