Laboratorio de tafonomía en Canadá

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Vida

Irina, la catalana que trabaja en una de las 13 granjas de cadáveres del mundo: “Quiero donar mi cuerpo para futuros científicos”

"Ves lo vulnerables que somos una vez hemos fallecido, me parece precioso sentir que confían en ti", explica

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Los laboratorios de tafonomía, o granjas de cadáveres, son espacios de investigación de la descomposición humana post-mortem. Apenas hay 13 reconocidos en todo el mundo. Y en uno de ellos, en Canadá, trabaja la catalana Irina Badell. “Me encantaría donar mi cuerpo para futuros científicos”, confiesa en una conversación con Crónica Global.

Su principal objetivo es encontrar nuevos métodos para determinar cuánto tiempo ha pasado desde el fallecimiento de una persona, ya que todavía no existe una manera para hacerlo con exactitud.

Dos áreas

Estos laboratorios o granjas de cuerpos “están divididos en dos partes”, explica Badell, doctoranda en descomposición por la Universidad de Trent, en Peterborough, Canadá.

Centro Research on Experimental and Social Thanatology

Centro Research on Experimental and Social Thanatology

“En el exterior se encuentran los cadáveres humanos, donde se dejan descomponer de forma natural", continúa. En el interior, por otra parte, se encuentra el laboratorio en sí, donde analizan los datos, muestras y fotografías.

¿Qué se estudia?

El estudio permite numerar las fases de descomposición al identificar sucesos como la caída de piel y pelo, o el hecho de que los huesos sean visibles o no. Esta escala ayuda a determinar cuánto tiempo lleva un cuerpo sin vida.

También se estudian el suelo y las bacterias, presentes tanto en la tierra como en los cuerpos, y cómo afectan a la descomposición.

Mapa del centro REST[ES]

Mapa del centro REST[ES]

En estos centros se identifican y estudian todas las variables que afectan al cadáver, como la temperatura o la precipitación.

Además, cabe destacar que cada cuerpo pasa por un proceso diferente y se descompone de forma distinta.

Inteligencia artificial

“La inteligencia artificial y los métodos de machine learning son muy buenos para encontrar patrones en la gran cantidad de datos que obtenemos”, explica.

Le dan datos como la temperatura diaria en un periodo concreto, la humedad y la precipitación. Gracias a estos elementos y a la fase numérica de descomposición, la tecnología encuentra correlaciones. Como, por ejemplo, la temperatura. Cuanto más alta sea, también lo será el número de descomposición, expresa.

Herramienta clave para la policía

Asimismo, esta investigación permite entrenar a las unidades humanas y caninas de la policía para que puedan leer y buscar restos humanos.

A pesar de que los estudios en las granjas de cuerpos han tenido una gran influencia en los avances de investigación de los cuerpos de seguridad, los datos no están publicados porque la información forma parte de casos judiciales restringidos.

Aun así, los datos internos evidencian que sí ha habido un beneficio tangible para las investigaciones policiales, asegura Badell. Sería interesante, añade, que hubiera estadísticas publicadas, ya que ayudaría a que haya más donantes y a que más gente entrara en la investigación.

Muestras poco representativas

Pero hay mucho camino por recorrer. En la granja de Quebec, por ejemplo, todos los cuerpos estudiados son de gente blanca. Esto se debe a que no se puede garantizar el transporte de cuerpos que hayan fallecido a más de 50 kilómetros de la granja y a que la población de alrededor es predominantemente blanca.

“En la granja de Quebec, hay varias poblaciones que no se ven representadas en los datos”, comenta la doctoranda. Como, por ejemplo, gente indígena o negra. Además, la mayoría de cuerpos estudiados son hombres de más de 50 años. En la granja de Michigan, en cambio, hay más variedad de edades, sexo y etnicidades.

Pocos centros

Cabe destacar que Badell estudia en colaboración con REST[ES], un espacio exterior de alta seguridad dedicado al estudio físico, químico y biológico de la descomposición humana en Quebec, Canadá.

Esta es una de las 13 'granjas' que existen en el mundo. En Estados Unidos hay 10, las otras se encuentran en Australia y Países Bajos.

Cómo trabaja la granja canadiense

La granja de Quebec abrió en 2020 y, al ser nueva, son más “estrictos” al aceptar cuerpos. En otras, explica Badell, hay cadáveres con heridas abiertas, amputaciones o que hayan sido operados antes de fallecer. Estos son factores que afectan al proceso de descomposición, y las granjas más longevas pueden admitirlos porque ya han establecido bases en su investigación.

Otra diferencia es que en la granja canadiense los cuerpos se encuentran en posición supina sobre la tierra, desnudos y bajo una especie de jaula que evita la intervención de grandes depredadores, solo de insectos y arácnidos, que alteren el proceso de descomposición.

En cambio, en otros laboratorios de tafonomía hay cuerpos con y sin ropa, además de que algunos cadáveres no están “protegidos” por la jaula.

En el laboratorio de Canadá reciben tres o cuatro cadáveres al año y aspiran a poder aceptar un rango más variado de cuerpos en el futuro.

Colaboración científica

Los centros de tafonomía, explica la doctoranda, colaboran muy a menudo y comparten la información para asegurar el avance continuo de la investigación.

Se trata de un sector muy feminizado. Actualmente en la granja canadiense son todo mujeres. Badell lo relaciona a un estudio que concluyó que las científicas muestran más interés en los campos de investigación aplicada.

Vocación post-mortem

Badell estudió Biología Humana e hizo un periodo de prácticas de genética forense en Polonia, donde el Gobierno ha invertido mucho dinero en identificar restos de las fosas comunes de la segunda guerra mundial.

Estuvo allí un año y se dio cuenta de que esa era su pasión, lo que la llevó a hacer un máster en Ciencia Forense para encontrarse ahora estudiando una tesis titulada Metilación del ADN como marcador para la estimación del intervalo post-mortem en el clima continental húmedo de Canadá (Dfb).

La doctoranda Irina Badell en las instalaciones REST[ES]

La doctoranda Irina Badell en las instalaciones REST[ES]

“Me encantaría donar mi cuerpo a una granja para educar a futuros científicos”, comparte. Badell cree que la motivación de la gente que da su cuerpo a la investigación es poder ser útiles incluso después de la muerte. Confiesa que es una sensación muy poderosa al ver que loscadáveres vulnerablesconfían en ella para contribuir al progreso científico.