Logo de la empresa que gestiona la mina de Súria / LUIS MIGUEL AÑÓN (CG)

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Vida

El Bages se planta ante ICL: arranca una gran movilización contra la minera tras décadas de explotación

Las plataformas Revoltes de la Terra y Boicot ICL congregan a miles de personas este fin de semana para exigir responsabilidades ambientales y denunciar la connivencia institucional con la corporación

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La comarca del Bages se prepara para vivir este fin de semana una de las movilizaciones de carácter ambiental y social más importantes de los últimos años.

Desde este pasado viernes 17 de abril, y hasta el domingo 19, los colectivos Revoltes de la Terra y Boicot ICL han orquestado unas jornadas ininterrumpidas de protesta contra Israel Chemical Limited (ICL), la corporación minera que explota los yacimientos de potasa de Súria y Sallent.

La hoja de ruta de los convocantes busca finalmente expulsar a la compañía del territorio y reclamar una regeneración integral del entorno para revertir el impacto ecológico de su actividad extractiva.

Una acampada multitudinaria

La organización prevé agrupar a más de 4.000 personas en una acampada que servirá como centro logístico y reivindicativo.

Este volumen de asistencia supondría superar con creces los 3.000 manifestantes que Revoltes de la Terra logró reunir hace justo un año en Mont-roig del Camp, cuando paralizaron los planes de la empresa surcoreana Lotte Energy Materials.

El pistoletazo de salida se dio este viernes a las 17:00 horas con dos pasacalles reivindicativos que discurrieron simultáneamente por los municipios de Santpedor y Sallent.

Instalaciones de Iberpotash en Súria

Instalaciones de Iberpotash en Súria EUROPA PRESS

La ubicación exacta del gran campamento base se mantuvo bajo estricto hermetismo y no se desveló públicamente hasta las 19:00 horas del mismo viernes. En declaraciones a Crónica Global, fuentes de Boicot ICL explican que esta medida de seguridad operativa "es para asegurar que se puede llegar bien y que se puede realizar".

El momento álgido del fin de semana llega este sábado al mediodía, cuando la acampada culminará con una manifestación masiva.

El impacto que atraviesa Cataluña

La sombra de la mina se proyecta sobre Súria y Sallent, pero el malestar contra la multinacional israelí trasciende con creces las fronteras de estos municipios.

La actividad extractiva ha provocado la salinización de la cuenca del Llobregat, extendiendo la degradación ambiental río abajo y afectando a campos y ecosistemas.

Desde la organización señalan a este medio que la protesta atraerá a ciudadanos de diversos puntos de la geografía catalana: "Es una problemática que afecta a una buena parte de Cataluña, porque el Llobregat la atraviesa y, por tanto, hay mucha gente que se siente interpelada".

Historial de pleitos

La justicia da la razón a las denuncias ciudadanas y certifica el desastre medioambiental provocado por la gestión de la minera.

En 2015, la justicia manresana constató la degradación de ríos, pozos y acuíferos en la comarca, un fallo al que se sumó la anulación por parte del Tribunal Supremo de la autorización ambiental otorgada por la Generalitat en Sallent.

Depósito del Cogulló de residuos de las minas de Iberpotash en Sallent, Barcelona

Depósito del Cogulló de residuos de las minas de Iberpotash en Sallent, Barcelona EUROPA PRESS

A este historial se añade el impacto de El Cogulló, una montaña de 40 millones de toneladas de residuos salinos en Sallent que la justicia obligó a restaurar en un plazo máximo de 50 años mediante una sentencia histórica del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) en 2019.

Complicidades esenciales

Ante la inacción empresarial, la Agencia Catalana del Agua (ACA) ha tenido que desembolsar cerca de 200 millones de euros de dinero público en las últimas tres décadas para intentar mitigar la salinización del río Llobregat, principal arteria de abastecimiento del área metropolitana de Barcelona.

Un gasto astronómico que contrasta frontalmente con la fianza minera que exige el Govern a la compañía, estimada en apenas dos millones de euros, una cantidad cincuenta veces inferior al coste real de la limpieza territorial.

El río Llobregat, a su paso por Sant Joan Despí

El río Llobregat, a su paso por Sant Joan Despí CEDIDA

Más allá del daño ecológico directo, las plataformas denuncian la intrincada red de alianzas e infraestructuras que sostienen el modelo de negocio de ICL.

La minera mantiene contratos estratégicos con Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC) para la exportación de potasa desde Súria y opera una terminal logística de siete hectáreas en pleno Puerto de Barcelona.

Los portavoces de Boicot ICL son tajantes respecto al papel de la administración: "Es muy importante señalar la complicidad de la Generalitat con todo esto, porque al final están cediendo las vías, son cómplices en el puerto y están participando en todo este desastre".

Sombras corporativas

La movilización llega en un momento de intenso escrutinio sobre las prácticas de ICL Iberia, cuya facturación en España superó los 320 millones de euros en 2023.

La desconexión entre el relato corporativo de la empresa, que prometió una minería del siglo XXI con su millonario Plan Phoenix, y la realidad del territorio se ha acentuado recientemente con la gestión de los recursos hídricos.

En pleno contexto de emergencia por sequía extrema en Cataluña, trascendió que la ACA garantizó a ICL un volumen anual de 12,8 millones de metros cúbicos de agua procedentes del Llobregat y el Cardener. Esta cifra implica que la minera podrá acaparar un volumen equivalente a 2,5 veces el consumo total de la ciudad de Manresa.

Residuos con riesgo

A esto se suman las revelaciones de Crónica Global sobre las alarmantes fisuras de su supuesta transición ecológica.

El promocionado sistema Zero Liquid Discharge (ZLD) instaurado en Súria, diseñado para evaporar las aguas residuales, ha generado un nuevo problema: una sal residual que concentra alertantes niveles de bromo.

ICL produce anualmente unas 100.000 toneladas de este desecho sólido que ha encontrado una lucrativa salida comercial a través del mercado mayorista, apoyándose en distribuidores internacionales como el grupo Salins.

Análisis de laboratorios independientes revelaron a este digital que dicha sal, vendida en grandes superficies para el mantenimiento de piscinas, presenta concentraciones de bromo de hasta 450 miligramos por kilo (ppm).

Este elemento, al reaccionar en las máquinas de cloración bajo el sol, puede transformarse en bromato, un compuesto clasificado como potencialmente cancerígeno.

El reto laboral

La compañía es el motor económico directo e indirecto de muchas familias del Bages, lo que genera tensiones lógicas entre el activismo en defensa del medio ambiente y la preservación de los puestos de trabajo.

Las plataformas organizadoras son conscientes de esta fractura social y dicen pretender evitar que la necesaria transición ecológica recaiga sobre los hombros de la plantilla minera.

Por ello, durante los tres días de acampada, el debate político y estratégico para tender puentes con el sindicalismo ocupará un lugar central en la agenda.

Cuestionados por Crónica Global sobre los acercamientos con los trabajadores de la multinacional, desde Boicot ICL confirman que ya han dado los primeros pasos para buscar puntos de encuentro: "Desde el inicio de la campaña hemos intentado hablar con el sindicato. Poco a poco intentaremos limpiar estos vínculos, porque creemos que lo más importante es poder habitar la comarca y, por eso, es importante hablar con ellos".