Gabriel Rufián / EFE

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Vida

Gabriel Rufián, político, sobre su infancia: “Lo peor de criarse en una familia de izquierdas es que no molas”

El diputado explica que haberse criado en un ambiente marcadamente progresista —“de izquierdas a izquierdas”— implicó asumir una etiqueta que, durante la niñez y la adolescencia, no resultó sencilla de llevar

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Gabriel Rufián ha compartido en distintas ocasiones reflexiones íntimas sobre sus orígenes y la manera en que estos han moldeado su identidad pública. En una conversación con Jordi Évole, el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya profundiza en cómo la ideología aprendida desde la infancia condiciona la forma en que uno es percibido socialmente.

El diputado explica que haberse criado en un ambiente marcadamente progresista —“de izquierdas a izquierdas”— implicó asumir una etiqueta que, durante la niñez y la adolescencia, no resultó sencilla de llevar. Con franqueza, resume aquella sensación con una frase contundente: “¿Qué es lo peor de criarse en una familia de izquierdas...? Que no molas. No molas para los otros. No molas, eres un rollo”. A su juicio, esa identidad lo situaba fuera de los códigos de popularidad dominantes entre sus iguales, proyectando la imagen de alguien excesivamente serio o rígido.

Sin embargo, esa misma educación le proporcionó una conciencia social temprana y profunda. Reconoce que vivir atento a las desigualdades genera un “dolor” persistente, especialmente al incorporarse al mundo laboral y comprobar de primera mano ciertas injusticias.

En ese contexto, vincula su carácter contestatario con su historia personal: “Yo siempre he tenido un problema con la autoridad... tiendo a buscar siempre el conflicto con quien está por encima de mí”. Esa inclinación a cuestionar el poder ayuda a entender su estilo directo y su papel crítico frente a las élites en el Congreso de los Diputados.

Sus recuerdos personales enlazan con su diagnóstico del presente. Considera que se ha producido un giro cultural inquietante: si antes “lo que molaba era tocar la guitarra y hacer discursos marxistas”, ahora percibe que “está de moda ser facha, ser racista o ser machista”.

Define esta situación como “jodida” y “chunga”, y sostiene que el primer paso para revertirla consiste en desmontar la idea de que esas posturas son valientes; para él, responden más bien a actitudes de “cobardes” y de “bully”.

En esta línea, defiende que la izquierda debe reapropiarse del concepto de “familia”, despojándolo de lecturas excluyentes. A su entender, proteger la vivienda, garantizar una escuela pública sólida y asegurar empleos dignos constituye la auténtica manera de “proteger a la familia”.

Con una actitud que busca dejar atrás excesos gestuales del pasado, afirma en Lo de Évole que hoy su herramienta más eficaz es la ironía: “Ríete del ataque que te hagan, nunca te enfades y sonríe”, como estrategia para neutralizar el odio sin reproducirlo.