expresiones catalanas

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Vida

La trágica leyenda que esconde el origen de esta popular expresión catalana que usas a diario

Un relato recogido por el folclorista Joan Amades detalla la historia mágica y desafortunada que dio vida a un dicho muy habitual

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El lenguaje actúa como un archivo vivo que almacena siglos de historia en pequeñas cápsulas de uso cotidiano. Muchas de las expresiones que se repiten diariamente en las conversaciones informales esconden relatos que el tiempo ha ido borrando de la memoria colectiva hasta dejarlos en el olvido. Son vestigios de un pasado oral que sobreviven camuflados en la rutina de los hablantes sin que estos reparen en su procedencia real.

Nadie se detiene a analizar el peso histórico de sus palabras cuando describe una emoción intensa o una situación inesperada en medio de una charla. Estas construcciones lingüísticas funcionan por automatismo y eficacia comunicativa, ignorando que detrás de su aparente sencillez existe una narrativa compleja. El origen de lo que decimos a menudo supera en interés al propio significado que le otorgamos hoy.

Herencia oral

Una de estas frases destaca por su enorme carga visual y su frecuencia de uso en el territorio catalán. Referirse a la acción de "quedar-se amb un pam de nas" implica describir un estado de absoluta perplejidad o decepción ante un evento.

Primer plano de la nariz de una mujer

Primer plano de la nariz de una mujer PEXELS

Su traducción literal, "quedarse con un palmo de narices", mantiene intacta esa potencia gráfica. Se emplea cuando las expectativas de éxito se truncan de golpe y el sujeto se encuentra con un rechazo o un fracaso que lo deja paralizado y sin capacidad de reacción.

Relato antiguo

Esta construcción no obedece a un capricho anatómico ni a una metáfora aleatoria surgida de la nada. El destacado etnólogo Joan Amades i Gelat documentó su procedencia en la obra 'La rondalla i el proverbi', otorgándole un contexto narrativo específico.

Anciana risueña

Anciana risueña

La historia nos traslada a una leyenda protagonizada por una anciana que vivía en completa soledad. La mujer, de edad muy avanzada, carecía de ayuda para las tareas domésticas y sentía que las fuerzas la abandonaban progresivamente en su día a día.

Fatiga crónica

Existían tres labores concretas que la anciana detestaba profundamente por el esfuerzo físico que requerían. Le angustiaba tener que caminar para buscar agua a la fuente, sufría al romper la leña para el fuego y se agotaba estirando el hilo al hilar.

Su suerte cambió drásticamente una mañana cualquiera mientras cumplía con la primera de sus obligaciones. Al llenar sus cántaros en el manantial, un pez de color rojo brillante saltó del chorro de agua y quedó atrapado a merced de la mujer.

Pacto mágico

El animal, viéndose en un peligro inminente, habló con voz humana para negociar su salvación inmediata. Prometió a la anciana concederle tres dones a su libre elección si le perdonaba la vida y lo devolvía a la corriente.

La mujer aceptó el trato sin dudarlo y pensó en remediar sus tres grandes tormentos. Pidió que las tinajas fueran y vinieran solas de la fuente. También deseó que, al golpear cualquier objeto, este se rompiera para la leña o se estirara un palmo para el hilo.

Deseos concedidos

El pez otorgó los poderes solicitados y desapareció rápidamente en la profundidad del agua. Al instante, las tinajas llenas comenzaron a moverse por sí mismas en dirección a la casa, flotando mágicamente ante la mirada atónita de la protagonista.

La anciana sintió una alegría inmensa ante tal prodigio y, en un gesto de júbilo totalmente espontáneo, se propinó una fuerte palmada en el muslo. En su euforia, olvidó por un segundo la naturaleza literal de su segundo deseo.

Error fatal

Al tocarse la pierna con fuerza, el hueso se rompió en el acto tal y como había pedido para la leña. El dolor fue agudo e instantáneo, transformando la celebración en una desgracia inmediata que la hizo caer al suelo.

El llanto desconsolado se apoderó de ella mientras las lágrimas rodaban por su rostro arrugado. Una de esas lágrimas se detuvo justo en la punta de su nariz, causándole un cosquilleo muy molesto en medio de su sufrimiento.

Castigo eterno

La mujer alzó la mano instintivamente para secarse esa lágrima y se tocó la nariz. En ese preciso momento se activó la segunda parte del hechizo relacionado con el hilo de hilar, que debía estirarse al contacto.

La nariz creció inmediatamente un palmo de longitud, deformando su cara de manera grotesca. La magia solicitada para facilitar su vida terminó por arruinarla: obtuvo lo que pidió, pero se quedó, literalmente, con un palmo de nariz.