'Influencers', la (in)felicidad colectiva

'Influencers', la (in)felicidad colectiva

Vida

'Influencers', la (in)felicidad colectiva

El ser humano aprende desde edades tempranas a comportarse de una forma socialmente aceptable, a evaluar y ser evaluado, a imitar patrones, a buscar referentes

15 noviembre, 2022 00:00

El ser humano aprende desde edades tempranas a comportarse de una forma socialmente aceptable, a evaluar y ser evaluado, a imitar patrones, a buscar referentes.

Para el psicoanalista Alfred Adler, “ser humano significa sentirse inferior”. Sin embargo, nos importa, y mucho, cómo nos ven los demás. Deseamos tener éxito, subir peldaños en la escala social y cuanto más subimos, nos sentimos mejores que los que vienen por detrás, más orgullosos y más seguros. 

Influyentes e influenciables

El psicólogo clínico Miguel Guerrero insiste en que el fenómeno social de identificarse con un líder al que desconoces no es nuevo, y que ya en la antigüedad las personas mataban por un faraón o emperador que no habían visto en su vida. Así, somos influyentes e influenciables desde que el mundo es mundo. Lo que cambia con el paso del tiempo, insiste Guerrero, es el referente al que decidimos seguir.

Podría decirse que internet y las redes sociales han propiciado la llegada de un nuevo referente tan amado como cuestionado por miles y miles de personas en todo el mundo. Se trata del influencer, una figura que según algunos expertos puede convertirse, más que en un espejo en el que reflejarnos, en un techo de cristal que nos impida crecer vendiendo una “falsa felicidad” que sus seguidores no conseguirán jamás, por más recursos que destinen a alcanzarla. Los nuevos referentes digitales seducen a los usuarios mostrando cuerpos de infarto, un tren de vida inalcanzable o amores propios de cuentos de hadas, entre otras cosas. Sin embargo, ¿hasta qué punto querríamos parecernos a ellos?, ¿podemos idealizarlos hasta el punto de compararnos y sentirnos inferiores?, ¿puede su éxito derribar nuestra autoestima?

Logo de Instagram / PIXABAY

Logo de Instagram / PIXABAY

Un fenómeno desconocido

Pedro Rojas es profesor universitario y socio fundador de The Plan Company, una agencia de márketing digital que contrata influencers para empresas. Rojas, conocido en redes sociales como @SeniorManager, asegura que “la felicidad no existe”, al menos, como los influencers pretenden hacernos creer. Así, sostiene que esta “felicidad perpetua” afecta a muchos seguidores, especialmente adolescentes, que se preguntan por qué no consiguen parecerse a ese ideal por más que se esfuercen. “Como lo mismo, me pongo la misma ropa o incluso viajo al mismo lugar, pero ni siquiera soy capaz de sacar la misma foto”, explica Rojas.

Sin embargo, según el experto en redes, esta frustración puede obedecer al desconocimiento generalizado que hay sobre la figura del influencer. De hecho, hasta las propias empresas que los contratan muchas veces generan pérdidas por no saber en qué deben fijarse. “Ni es más influencer el que más seguidores tiene, ni puedes contratar a una señorita con un cuerpo escultural para potenciar la venta de bikinis”, explica. Por una parte, insiste Rojas, las marcas deben saber que el grueso de seguidores de estas jóvenes serán hombres que no usan bikinis y que, por supuesto, no recomendarán a sus mujeres que los compren. Por otra, los usuarios deben ser conscientes de que el mensaje que venden estos perfiles en redes no es real, "nunca lo es", concluye.

Una cuestión cultural

Para la psicoanalista Margarita Álvarez Villanueva, estas figuras virtuales podrían haber llegado como consecuencia de la caída de grandes ideales simbólicos en el siglo XX, que orientaban y regulaban la vida de las personas. Esto, sostiene, hace que, sobre todo los jóvenes, traten de poner algo más acorde con los ideales de la época en ese lugar vacío de la referencia. Así, "lo que antes pasaba por la relación con un otro presencial, ahora pasa con frecuencia por la relación con alguien virtual". Insiste Álvarez en que la virtualidad de las redes sociales, su inmediatez y su facilidad de conexión y desconexión “facilita el surgimiento de fenómenos de amor, admiración y odio hacia personas que no forman parte de nuestra vida y a las que amamos repentinamente, u odiamos, seguimos y dejamos de seguir, en un instante”. Muestra de ello, la cada vez más numerosa lista de haters, esos odiadores virtuales dedicados a descargar su ira contra todo aquél que que le moleste en la red, muy a menudo, influencers conocidos.

Aun así, coinciden Álvarez y Guerrero en que la repercusión de esta figura en el receptor de su mensaje responde, en gran parte, a una cuestión cultural. Ambos descartan demonizar ni alabar la figura del influencer, ya que aunque todo depende de la “ética de su mensaje”, también de la personalidad del seguidor. Cuando “te venden el mensaje de que todo es posible, que puedes si quieres y que esto o aquello puedes tenerlo” sin esfuerzo, “cualquier adolescente vulnerable puede creer que es un fracasado y un inútil”. En cambio, explica Guerrero, si escuchas a Ibai Llanos diciendo “tíos, que lo que yo hago y a lo que yo gano llega uno entre varios millones”, la cosa cambia.

El 'streamer' Ibai Llanos /INSTAGRAM

El 'streamer' Ibai Llanos /INSTAGRAM

Fin de una era

Sea como sea, es bastante habitual escuchar a un niño u adolescente decir “de mayor quiero ser influencer”. Esto, sostiene Rojas, cada vez será algo más inalcanzable porque vivimos en el “fin de esa era” en la que cualquiera cogía una cámara y se hacía con un puñado de miles de seguidores en un abrir y cerrar de ojos. “Eso sucedía antes con Instagram”, advierte. Ahora, “un influencer debe convencer a través de vídeos, y eso ya no es tan fácil”. Según Rojas, la gallina de los huevos de oro se cansó y para hacerte un hueco en el mundo virtual debes dominar TikTok, y "a eso ya no se atreve cualquiera".

Una versión que contrasta con la de Álvaro Blanco, director de Native MG, consultora de Influencer Marketing y Personal Branding y para quien sigue siendo posible convertirse en uno de estos referentes en la red. ¿Cómo? A base de constancia. “Claro que hay que crear un buen contenido, de calidad, diferente, pero hay que ser constantes en el tiempo. Hay que pensar que ser influencer es una maratón, y prepararte para ella porque, de lo contrario, es una fama efímera”. Al igual que Guerrero, el director de Native MG destaca que aunque “existen quienes muestran un tipo de vida alejado de su día a día y realidad, hay otros cuyo discurso es más cercano y orgánico, no tan impostado”. Así, para ser un buen influencer, coinciden, “hay que vivir en la realidad y no en una burbuja en donde a veces se puede confundir el valor del trabajo o del dinero y fomentar egos innecesarios”. Eso, ayudará a los seguidores a ser conscientes de que todo éxito requiere de esfuerzo, de horas de trabajo y de sacrificar muchos minutos de tu vida personal, con tu familia, para dedicarlos a miles de personas que están al otro lado de la pantalla a las que no conoces y quienes podrán amarte u odiarte con la misma intensidad. Dicho de otra forma, nadie da un duro a cuatro pesetas.