Publicada

Nunca se puede decir dónde empieza y termina algo; el inicio puede ser su final en función de la perspectiva. Aun así, si uno baja desde Barcelona puede decir que Cunit, ya en Tarragona, es el lugar donde nace la Costa Daurada.

Lo hace de la mejor manera posible, con un despliegue de ocho playas con forma de media luna en un tramo de 10 kilómetros. Todo en un pueblo repleto de historia.

La explicación de tanta playa es fácil. Entre finales de los años 70 y principios de los 80 se construyeron siete espigones de contención que transformaron por completo la línea de costa.

Su función era clara: frenar la erosión y domesticar el mar. El efecto, sin embargo, fue más allá de lo previsto.

Cambio de cara

Las corrientes quedaron divididas y el litoral adoptó una forma escalonada, creando pequeñas calas semicirculares de arena fina.

Cada tramo de playa quedó separado del siguiente, generando la sensación de que el municipio no tiene una sola playa, sino una sucesión de ellas.

Cómo son las playas

Gracias a estos sistemas de contención se puede disfrutar de más de 10 kilómetros de arenal continuo dividido en espacios más recogidos.

Eso también ayuda a que sus ocho playas cuenten con aguas generalmente tranquilas y poco profundas, lo que ha convertido a Cunit en un destino muy frecuentado por familias.

Palmeras de una de las calas de Cunit PENEDÈS TURISME

Pero Cunit no es solo playa. Si uno se aleja unos metros de la línea de costa, el municipio revela un pasado mucho más antiguo de lo que su apariencia actual sugiere.

En los alrededores del municipio se han localizado restos arqueológicos que se remontan a la prehistoria, con evidencias de ocupación humana en distintos puntos del término municipal.

Cuevas y prehistoria

Destacan enclaves como la Cova de l’Avenc o el yacimiento del Fondo del Roig, que permiten confirmar que este territorio ya estaba habitado miles de años antes de convertirse en destino de veraneo.

Pero la historia lo atraviesa sin duda. A los restos de hace más de 3.700 años se suman las ruinas romanas y el inconfundible trazado medieval de Cunit.

Castillo, iglesia y memoria medieval

Y es que, a pesar de ser hoy un municipio eminentemente costero, Cunit conserva también huellas de todas las épocas.

En la parte alta del núcleo urbano se encuentran los restos de su antiguo castillo, del que se conserva principalmente su estructura y su posición estratégica sobre el territorio.

Plajas de Cunit Turisme de Cunit

Muy cerca se alza la iglesia de Sant Cristòfol, construida en el siglo XVIII, pero con elementos que conservan la huella de etapas anteriores, incluyendo restos de tradición románica como la sacristía y algunos ábsides.

Ambos elementos recuerdan que este punto del litoral no siempre fue un espacio de ocio, sino también un enclave de vigilancia y organización del territorio interior.

Historia silenciosa

El contraste es una de las claves de Cunit. Por un lado, un frente marítimo totalmente adaptado al baño, con playas separadas, tranquilas y accesibles.

Por otro, un interior discreto que conserva restos arqueológicos, trazas medievales y una historia que no siempre es visible a primera vista. Todo ello en el punto donde termina el Garraf y empieza la Costa Daurada.

Cómo llegar

Desde Barcelona, el acceso más directo es por la autopista AP-7 en dirección sur o por la C-32, enlazando posteriormente con la C-31 hasta el entorno del municipio. El trayecto dura aproximadamente entre 45 minutos y una hora, dependiendo del tráfico.

Desde Tarragona, el viaje es igualmente sencillo, siguiendo la AP-7 o la N-340 en dirección norte, con un tiempo aproximado de media hora.

Noticias relacionadas