La búsqueda de alternativas viables frente al turismo de sol y playa tradicional se intensifica a medida que avanzan los meses de verano y los termómetros alcanzan sus cotas más elevadas.
Aun así, los arenales de la costa mediterránea continúan aglutinando el mayor volumen de desplazamientos vacacionales, aunque cada vez existe una tendencia al alza que prioriza la montaña.
El descubrimiento de enclaves fluviales, cascadas y piscinas naturales es cada vez mayor. El ciudadano explorador ha descubierto que es posible mitigar los rigores del calor sin padecer las aglomeraciones de la costa. Algo que en Cataluña se da casi desde mayo.
Por eso, muchos catalanes no solo van a la montaña, sino que salen de su comunidad autónoma en busca de pozas y parajes distintos y menos conocidos. Eso sí, a una distancia prudencial.
Alternativa a la playa
Aragón se convierte así en una buena alternativa. Una de ellas, tal vez una de las más conocidas, está hacia el sur, en el Matarraña.
Allí se encuentra el Salto de la Portellada, una cascada que supera los 20 metros de altura y que vierte sus aguas en una amplia piscina natural de aguas clarísimas.
La Toscana aragonesa
Se encuentra en la mítica y olvidada Teruel, una zona rural y agrícola que a algunos les hace pensar en la Toscana debido a sus conjuntos de piedra y la suavidad de sus relieves. En cualquier caso, en verano este salto es espectacular.
La cascada se alimenta del río Tastavins, uno de los tributarios más significativos de la cuenca del río Matarraña. El río se precipita de forma abrupta desde una cornisa o plataforma de piedra compacta y erosionada por la fuerza del agua.
Salto de Portellada
El salto de más de 20 metros se vuelve especialmente vistoso cuando el agua adquiere tonos turquesa y verdes al reposar en la poza inferior.
Pero antes de esa cascada, el cauce del Tastavins ya ha esculpido una serie de formaciones singulares sobre la superficie de la roca caliza que merece la pena explorar. La abrasión provocada por los sedimentos y la corriente ha excavado marmitas de gigante, pequeñas oquedades y pozas menores, menos famosas y, por ello, más tranquilas.
La cascada
Es cierto que la poza del Salto de la Portellada es más conocida por su tamaño. Cabe más gente, pero también la temperatura del agua se mantiene notablemente baja, incluso en las jornadas de mayor insolación.
Además, su ribera es casi como una pequeña cala de la Costa Brava, donde pequeñas lenguas y depósitos de grava fina son utilizados como zonas para tomar el sol o descansar.
Un pequeño pueblo
Y si uno quiere conocer más, puede ir a La Portellada, el pequeño pueblo que da nombre a la cascada y que apenas cuenta con 200 habitantes censados. Eso no le resta belleza. Además, es un buen punto de partida para ir a ver el salto.
Y lo cierto es que no está tan lejos de Cataluña ni tampoco es tan difícil llegar como parece. Desde Barcelona, el trayecto dura alrededor de dos horas y media. La ruta más habitual es tomar la AP-2 hasta la salida hacia Gandesa.
Cómo llegar
La N-420 se toma en dirección a Valdealgorfa hasta desviarse por la N-232 hacia Valderrobres. Una vez en la capital del Matarraña, solo queda seguir las indicaciones por la carretera A-231 hasta La Portellada, donde está señalizado el acceso al salto.
Desde Tarragona, el viaje dura media hora menos. En ese caso, se va por la C-12 en dirección a Tortosa y Ascó hasta Gandesa, para enlazar con la N-420.
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