Parece Santorini, pero es Cataluña: Cadaqués

Parece Santorini, pero es Cataluña: Cadaqués CATALUNYA TURISME

Viajes

Parece Santorini, pero es Cataluña: casitas blancas, colores azules, más de 15 galerías de arte y tres museos en este pequeño pueblo costero de Girona

Este rincón de la Costa Brava es un espacio de relax y buena gastronomía

También te puede interesar: Ruta por los senderos secretos del Baix Camp: puentes, acueductos y minas en la tierra de Gaudí y Miró

Llegir en Català
Publicada
Actualizada

Noticias relacionadas

En el mundo de los viajes, las comparaciones son un recurso casi inevitable. Uno busca referentes familiares para describir lo nuevo.

Así se cuelgan etiquetas como “la Venecia catalana” o “el Nueva York catalán” para hablar de lugares como Empuriabrava o Vilella Baixa. Las redes también ayudan.

Así, mientras hasta ahora se decía que Cadaqués era la Ibiza catalana, por internet circulan vídeos que afirman que este pueblo costero de Girona parece Santorini.

Hay algunas similitudes, es cierto. Las fachadas de sus casas marineras, de un blanco impoluto con detalles en azul marinero, y su ubicación privilegiada frente al Mediterráneo son un buen punto de partida.

Un pequeño pueblo

A eso hay que sumarle que Cadaqués es un lugar completamente fotogénico, lleno de arte y que ha atraído a centenares de famosos, especialmente cuando Dalí lo tomó como base para su taller.

Algo de eso todavía se mantiene vivo. Para empezar, por su ubicación y su discreto tamaño. Aquí no llegan a vivir 3.000 vecinos, según datos del Institut d’Estadística de Catalunya (Idescat).

Un rincón apartado

En verano su población aumenta, es cierto, pero su imagen sigue siendo de postal. Además, es un refugio que, para muchos, se siente como una isla debido a su particular aislamiento geográfico.

Aquí solo se llega tras una larga carretera de curvas o una exigente caminata de horas. Eso o en barco, como pasa en Santorini.

Casas de Cadaqués

Casas de Cadaqués CANVA

Luego está la estética de Cadaqués, una gran carta de presentación. Sus calles estrechas y empedradas de pizarra, de origen medieval, conforman un casco antiguo laberíntico que invita al paseo pausado, como si fuera una isla griega.

El punto más elevado de este núcleo histórico es la Iglesia de Santa María de Cadaqués, desde cuya ubicación se obtiene una de las panorámicas más impresionantes de la bahía, alcanzando a ver la silueta de la isla de es Cucurucuc y el faro de Cala Nans.

Un cabo que inspira

Luego está el entorno. Cadaqués está en un golfo formado por el Cap de Creus, un trozo de tierra ganado al mar, con unos acantilados espectaculares y rocas con formas caprichosas que inspiraron a Dalí.

El genio surrealista encontró en una roca de la cala de Culleró la gran inspiración para El gran masturbador, uno de sus cuadros más reconocidos. Aunque no ha sido el único que ha visto otras formas en este rincón.

El triángulo cultural de Cadaqués

Hay algunos acantilados o islotes de la zona con nombres como “el camello”, “el águila” o “la tortuga”, por su parecido a estos animales.

Y con tanta gente inspirada y rincones evocadores, el arte se acumula en el lugar. Aquí hay cerca de una veintena de galerías y hasta tres museos, cada cual más interesante.

Cadaqués

Cadaqués TURISMO CADAQUÉS

Uno de ellos es el Museo Municipal de Cadaqués, un espacio público dedicado a preservar la memoria histórica y artística de la villa. Aquí hay recuerdos de Dalí, pero también de otros famosos que pasaron por el municipio, como Richard Hamilton o Marcel Duchamp.

También está el Espai Cap de Creus, el más alejado del núcleo urbano, situado en el faro del cabo. Aquí hay más conocimiento natural que artístico, pero no por ello resulta menos interesante.

El museo Dalí

Y, por último, el más conocido: la Casa-Museo de Salvador Dalí de Portlligat, un pequeño núcleo poblacional de Cadaqués que da nombre a la cala donde se encuentra este antiguo taller del pintor.

Esta fue la única residencia estable del artista ampurdanés. Aquí vivió y trabajó desde 1930 hasta la muerte de Gala en 1982.

Un espacio único

La casa fue concebida desde el principio como una obra de arte. Basta con ver esa estructura laberíntica creada a partir de una serie de barracas de pescadores que el genio surrealista fue uniendo y modificando.

Visitarla permite entrar en el universo más íntimo de Dalí, acceder a sus talleres y a su biblioteca y descubrir algunos de los objetos extravagantes que decoraban su vida diaria.

Casa-Museo Salvador Dalí

Casa-Museo Salvador Dalí MADE BY CADAQUÉS

Luego están las playas. La costa de Cadaqués ofrece una gran variedad de calas, desde la principal, con sus cantos rodados, hasta las más pequeñas y escondidas.

Entre las zonas de baño destacan Ses Ielles, Sant Lluís, Portlligat, Jonquet o Portdoguer, además de calas más aisladas como Culip, Portaló, Seca o Francalós, muy apreciadas por senderistas y navegantes.

Gastronomía variada

Y, por último, un atractivo con el que Santorini no puede competir con Cadaqués: la mesa. Publicaciones internacionales como National Geographic han señalado a este municipio como uno de los lugares donde mejor se come en España.

Aquí hay desde alta cocina hasta chiringuitos de gran nivel. Uno de ellos es el Marítim, un establecimiento abierto en 1935 que fue el epicentro de la gauche divine y refugio de personajes como Gabriel García Márquez, Umberto Eco o Kirk Douglas.

Balcón de una casa de Cadaqués

Balcón de una casa de Cadaqués CANVA

Por otro lado, los chefs Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas (del triestrellado Disfrutar) han abierto allí Compartir, un restaurante que ofrece cocina de proximidad centrada en el producto fresco y el concepto de platos al centro.

Aunque, para una experiencia más desenfadada, locales como el chiringuito Blue en la playa de Ses Oliveres o la tradicional Casa Anita ofrecen desde arroces con bogavante hasta las clásicas anchoas de L’Escala, siempre con el mar como telón de fondo.

Cómo llegar

El único problema de Cadaqués es que, si no se tiene barco, hay que tener estómago para superar la llegada en coche por la GI-614, una carretera famosa por sus numerosas curvas que serpentean a través de las montañas del Alt Empordà.

El viaje, de dos horas desde Barcelona y una desde Girona, merece la pena. Además, antes de llegar todo es línea recta. Primero se toma la AP-7 hasta la salida de Figueres; después se sigue por la N-II hasta el desvío hacia Roses y, entonces sí, llega el sinuoso camino hacia Cadaqués. Un trozo de Grecia en Cataluña, pero con una identidad propia como ninguna.