El castillo al que Dalí solo podía entrar con invitación previa, Púbol

El castillo al que Dalí solo podía entrar con invitación previa, Púbol TURISME CATALUNYA

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El castillo al que Dalí solo podía entrar con invitación previa: 15 habitaciones en una fortaleza del siglo XIV llena de arte

La fortificación milenaria forma parte del Triángulo Daliniano de la Costa Brava

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Regalar un castillo es algo que solo está a la altura de los más ricos e ilustres, como Dalí. El catalán lo hizo.

El pintor ampurdanés se hizo con una fortaleza medieval del siglo XIV que entregó directamente a su musa, Gala. Lo que no esperaba es lo que pasaría después. O sí.

Es conocida la particular relación entre la musa y el artista; lo que no todos saben es hasta qué punto condicionaba su vida.

El catalán, un artista global que se hizo de oro gracias a su arte, fue reconocido en vida, se codeó con las estrellas de Hollywood y era el invitado más deseado de las fiestas de la época. En cambio, para entrar a su propio castillo debía pedir permiso.

Permiso para entrar

Sí, para entrar al angosto patio central del castillo de Púbol, Dalí no solo tenía que cruzar la puerta enclavada en sus gruesos muros; también tenía que avisar a Gala si iba y ver si ella le permitía el acceso.

Tan curioso como cierto: el dueño de la propiedad tenía prohibido el acceso a la misma a menos que mediara una invitación por escrito de su esposa y musa, Gala. Y él tenía que hacer lo mismo si quería ir: pedirlo y esperar respuesta.

Castillo-refugio

¿Se lo esperaba eso el pintor? Fuentes conocedoras de la pareja aseguran que fue el acuerdo al que llegó el catalán con su musa.

Algunos no lo entienden; otros consideran que, si fue un regalo y que si Dalí concibió el castillo como un espacio de refugio personal para Gala, ella podía disponer de él cómo, cuándo y cuánto quisiera.

Fuente del Castillo Gala-Dalí

Fuente del Castillo Gala-Dalí PATRIMONI DE CATALUNYA

Y así fue. Púbol fue un lugar de descanso y retiro para Gala. Allí vivió desde principios de los años 1970 hasta su muerte en 1982, recibiendo a su esposo solo cuando ella lo deseaba.

Y, tras su muerte, Dalí convirtió el castillo de Púbol en un nuevo espacio dedicado al arte. Dalí intervino cada rincón: techos abovedados con frescos, escaleras helicoidales falsas y muebles antropomórficos.

Cómo es el castillo

Solo hace falta entrar y verlo: la piedra gótica contrasta con detalles barrocos y neomedievales, creando un ambiente proustiano de melancolía y misterio.

Y luego está la cripta de Gala. Situada en la antigua sala de diezmos. Desde la muerte de su musa, Dalí la convirtió en mausoleo subterráneo. Allí la sepultó, sí, y luego decoró el espacio con lirios y todo tipo de simbolismo romántico.

Eje del triángulo

Hoy el Castillo de Púbol recibe el nombre de Castillo Gala-Dalí y es el tercer vértice del Triángulo Daliniano de la Costa Brava, junto al Teatro-Museo de Figueres y la Casa-Taller de Portlligat.

Su historia, en cambio, se remonta a un milenio atrás. Los primeros documentos de la fortaleza datan del siglo XI. Aunque desde entonces, y antes de Dalí, fue cambiando.

Castillo de Púbol

Castillo de Púbol Wikipedia

El castillo alcanzó su forma actual en los siglos XIV y XV como palacio fortificado de la baronía de Púbol. Luego, el artista lo restauró profundamente tras adquirirlo en 1969.

Dalí adquirió la ruina por unas 300.000 pesetas para cumplir una promesa a Gala: un castillo propio donde ella reinara. Y lo hizo: ni él pudo entrar.

La llegada de Dalí

Dentro, Gala hizo y deshizo en sus 15 habitaciones, hoy convertidas en espacios visitables llenos de arte, muebles diseñados por el genio surrealista y objetos personales que revelan su faceta más melancólica.

No en vano, tras el fallecimiento de Gala, Dalí hizo de la fortaleza su taller, en el que estuvo trabajando entre 1982 y 1984. Aquí plasmó obras finales antes de su traslado a Figueres por problemas de salud.

Abierto a visitas

Abierto al público desde 1996 por la Fundación Gala-Salvador Dalí, el castillo es hoy una obra de arte en sí misma y un polo turístico. Atrae cada año a unos 50.000 visitantes, ofreciendo visitas guiadas o libres por sus 15 salas numeradas.

La visita unidireccional recorre el primer piso y los espacios exteriores y sorprende desde su primera sala hasta la última.

Elefante en el castillo de Púbol

Elefante en el castillo de Púbol PATRIMONI DE CATALUNYA

En el salón de escudos (sala 1), techos pintados con trampantojos y falsas arquitecturas juegan con la percepción. La sala de piano (sala 2) alberga un instrumento de cola rodeado de barroquismos textiles y antigüedades seleccionadas por Dalí.

Las habitaciones de Gala ocupan las tres salas siguientes. Una fue el dormitorio, con cama con baldaquín; el baño cuenta con una bañera ovalada y la biblioteca conserva volúmenes esotéricos. Aquí, Dalí diseñó muebles como el trono dorado y puertas falsas que son ya un misterio.

Las 15 habitaciones

La buhardilla (sala 7) sirve de espacio para exposiciones temporales y el comedor (sala 6) y otras estancias muestran pinturas y dibujos que Dalí creó para Gala, junto a esculturas y objetos cotidianos.

En el garaje (sala 13) se expone el mítico Cadillac negro con alas de murciélago de Dalí y vestidos de alta costura de Gala, incluidos algunos diseñados por el propio artista.

Castillo de Púbol

Castillo de Púbol Escapada Rural

Por último, los jardines y la piscina (salas 14-15) albergan bustos de Wagner, elefantes de patas largas y otras figuras mitológicas recurrentes en su obra. Y sí, el mausoleo donde yace Gala se encuentra en la sala 12.

¿Y qué tenía un castillo fortificado en el siglo XIV y abandonado durante décadas para que Dalí lo convirtiera en residencia señorial? El gótico, el romanticismo que sentía el catalán por esa época lo cautivó. Aunque luego él lo interviniera.

Más allá del castillo

No fue el único. Gala también le dio su toque con sus colecciones de arte y joyas. Era su ama y señora e hizo con él lo que quiso. Igual que, parece, pasaba con Dalí, a quien vedaba el acceso.

Aun así, Púbol es el símbolo del amor de la pareja. Un lugar lleno de arte e historia que hoy cualquiera puede visitar.