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Josep Ramon Bosch, Josep Borrell, José Rosiñol, Miriam Tey, Manuel Valls y Alex Ramos / CG

Personalismos, irregularidades y la falta de estrategia debilitan a Societat Civil Catalana

La entidad asumirá un posible relevo de su dirección en una asamblea en enero, trastocada por las rivalidades en el campo constitucionalista

30.12.2018 00:00 h.
10 min

¿Diferencias políticas? Las hay. ¿Irregularidades? Algunos miembros han aflorado la falta de transparencia. Pero lo que ocurre en el seno de Societat Civil Catalana (SCC) es una mezcla de diversos factores, y uno de ellos, el principal según todos los actores consultados, hace referencia a los personalismos, a las diferencias de criterio, que se une a la falta de estrategia y a un momento político en que la entidad constitucionalista no encuentra su encaje, como también le ha comenzado a pasar a la ANC, la entidad independentista.

Esa es la realidad que explican los miembros de Societat Civil Catalana, que sufre su mayor crisis, desde su fundación en abril de 2014. Hasta ese momento, el independentismo no tuvo a nadie delante. Y las diferentes acciones de una entidad compleja, que se apoyaba inicialmente en el PP, y en Ciudadanos, y que buscó la complicidad del PSC, que la obtuvo más tarde, culminaron el 8 y el 29 de octubre de 2017, con dos grandes manifestaciones, que reconoció, --la primera-- el propio expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en el Parlament. Era la primera vez que el independentismo se encontraba de frente a una realidad: otra mitad de catalanes se oponía al proceso independentista y lo reflejaba en la calle. Los actos tuvieron como protagonistas diferentes rostros, entre ellos el de Josep Borrell y Manuel Valls. Fue el momento del triunfo de Societat Civil, vilipendiada y acosada desde su fundación por el independentismo.

Irregularidades

Pero la situación ha ido evolucionando. Societat Civil Catalana es el producto del esfuerzo de unas pocas personas, vinculadas en su inicio o próximas al Partido Popular, bien conectadas con Moncloa y la presidencia de Mariano Rajoy. Algunas de ellas, que se ha responsabilizado de la dirección, han sido ahora objeto de fuertes críticas internas, hasta el punto de que el pasado 19 de diciembre se produjo un cisma, con la sustitución de su presidente, José Rosiñol, con la caída también de Ferran Brunet, Miriam Tey y Sixto Cadenas.

¿El argumento? “Tomar acuerdos y decisiones al margen de la junta”, con irregularidades contables, que se califican de “irregularidades administrativas".

José Rosiñol presidente de Societat Civil Catalana (SCC)  / EFE

El presidente sustituido de la entidad, José Rosiñol

Pero, ¿se han producido denuncias ante los juzgados? No. Esos reproches no se han considerado tan graves. “Con voluntad, se podían haber solventado, pero ha pesado más la cuestión personal”, aseguran las fuentes consultadas. Se trata de una afirmación que no obedece a un sector determinado. Es el producto de las distintas conversaciones que han mantenido con Crónica Global.

Entonces surge la cuestión política. El nuevo responsable es Àlex Ramos, un médico vinculado al PSC. También figura en ese sector crítico Xavier Marín, otro socialista, en este caso un hombre veterano del socialismo catalán, curtido en mil batallas. ¿Es un golpe de mano, entonces del PSC, aprovechando la nueva coyuntura con Pedro Sánchez en el Gobierno? “Para nada, el PSC, de hecho, no tiene ningún interés en tener a una persona vinculada en la presidencia de Societat Civil, ni tampoco quiere desestabilizar la entidad, que ha hecho un gran trabajo y lo puede seguir haciendo”, señalan fuentes socialistas, pero que corroboran dirigentes de la entidad que nada tienen que ver con el partido que dirige Miquel Iceta.

El PSC, fuera de los problemas internos

Las relaciones de Societat Civil Catalana con dirigentes del PSC han sido y son buenas, y también con el PP, con intercambios recientes con el propio Pablo Casado. Nadie quiere cargarse la entidad, aunque es evidente que la situación es diferente a la de hace un año. “Es cierto, por ejemplo, que Rosiñol no quiso participar en el acto del 12 de octubre, y que los más jóvenes se fueron para formar S’ha acabat, (universitarios, encabezados por Josep Lago y María Domingo)”. Se entendía que Rosiñol buscaba un camino más transversal, con peticiones para entrevistarse con los dirigentes de la ANC. Esa especie de “tercera vía” no gustó entre los sectores más duros, que siguen reclamando un combate más claro y contundente con el independentismo.

Pero eso no se traduce en un conflicto de siglas. Rosiñol está cercano a las tesis del PP. Sin embargo, su personalismo, la falta de comunicación con la junta, sus decisiones respecto a las finanzas de la entidad, son las que han despertado el malestar interno. Y Àlex Ramos y Xavier Marín recogieron el testigo, pero sin el aval del PSC, que no se siente concernido con esas decisiones internas. Sin embargo, buscaron apoyo en el PSC, que no quiso ofrecerlo.

El expresidente del Parlamento Europeo y ex ministro socialista Josep Borrell, durante la presentación de Sociedad Civil Catalana en Lérida

Josep Borrell, en un acto con Societat Civil Catalana

Existen otras cuestiones, que nadie ha podido comprobar y que las fuentes consultadas rechazan. Y es que el propio Rosiñol trabaja para la empresa Manifiesto, una agencia de comunicación que sirve a la propia entidad. Rosiñol tiene un sueldo a través de Manifiesto. Y los datos que ha conocido el sector de Ramos no encajan con sus previsiones. La facturación de 584.000 euros en 2017 de Manifiesto creció en 2018 hasta los 620.000 euros. Los pagos a la empresa representan el 51% del total de gastos de Societat Civil en 2017 y el 60% en 2018. Y se detecta, como explicó Crónica Global, una transferencia de 21.000 euros al mes a Manifiesto, sin que se hubiera informado de ello a la junta de la entidad.

Eso ha provocado especulaciones e interpretaciones. Una de ellas hacía referencia a la posible ayuda de Societat Civil a la campaña de Manuel Valls. Muchos de los dirigentes de la entidad apoyan a Valls, ven con simpatía su candidatura a la alcaldía de Barcelona. De hecho, fueron personas que fundaron la entidad, como Josep Ramon Bosch, las que consideraron que se podía contar con Valls con una plataforma transversal del constitucionalismo.

La operación Valls

Pero fue Albert Rivera quien se adelantó para ofrecerle la palataforma de Ciudadanos, invalidando la propuesta original. Sin embargo, todas las fuentes consultadas niegan cualquier trato de favor a Valls. “Y si se hubiera producido, y se pudiera comprobar ya se habría denunciado, al minuto uno”, señalan dirigentes de los distintos sectores que conforman Societat Civil. Y si es un problema el sueldo de Rosiñol, “que se diga claramente cómo se financia su sueldo, y con toda transparencia se muestre que es la entidad quien se lo paga”.

La cuestión es que Rosiñol sí es atacado y criticado con fuerza por su forma de llevar las cosas, al margen de si está cercano al PP o no, si el PSC quiere influir o no, o si Ciudadanos no entiende esa posición “tibia” de querer aparecer ahora como el mediador entre todos los actores que protagonizan el conflicto catalán, provocado por el proceso independentista.

SCC, un problema, más que una solución

El 17 de enero se celebrará la asamblea de Societat Civil Catalana, en la que se desea “recomenzar de nuevo”, sin Rosiñol, “pero también sin Ramos”. Se buscará una renovación que aporte frescura y transparencia a la entidad que más y mejor ha presentado batalla contra el independentismo, aunque las cosas hayan cambiado y gobierne en la Moncloa el socialista Pedro Sánchez.

El problema es que ahora Societat Civil Catalana aparece tocada, y no es su mejor momento político. El PSC combate el independentismo, pero busca una salida posible; Ciudadanos está embarcado en una lucha por lograr la Moncloa, y el PP intenta erosionar todo lo que puede a Cs con el cambio de gobierno en Andalucía.

Como también le ocurre a la ANC --Esquerra quiere una salida política que le permita gobernar mientras que la Crida de Puigdemont no termina de arrancar-- Societat Civil Catalana es ahora un problema más que una solución para conseguir acuerdos políticos. Si es que, en algún momento, llegan.

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