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Gracias, Albert, y adiós Rajoy...

Las apuestas personales de Rajoy dejan al PP en tierra de nadie

La gestión de Rajoy en el conflicto catalán y la falta de liderazgo en el capítulo económico provocan un enorme desasosiego en el PP, temeroso de Ciudadanos

8 min

Nervios, aunque siempre hay una cierta confianza. El ascenso de Ciudadanos, la presión constante de Albert Rivera, que es capaz de animar al presidente Mariano Rajoy a hacer lo que sea para evitar la investidura de Carles Puigdemont, y, al mismo tiempo, le advierte de que deberá explicar muy bien los errores que cometa, y repite –como este mismo sábado-- que apoyará cualquier decisión del Ejecutivo, desespera a los dirigentes y cuadros medios del PP. Eso se une a la confusión que sigue generando Mariano Rajoy y el equipo de Soraya Sáenz de Santamaría, que no acaban de solucionar nada, y dejan al PP en tierra de nadie, a poco más de un año de las elecciones municipales y autonómicas, y sin tener aprobados los presupuestos de 2018, con el PNV esquivo y desafiante por la aplicación del 155 en Cataluña.

La insatisfacción comienza a ser seria, según las fuentes consultadas, porque Rajoy tampoco está liderando el buen momento de la economía, pese a la tensión política. Ni ha buscado, con ímpetu, con determinación, y jugando las piezas que estuvieran a su alcance dentro de la Unión Europea para dar un golpe en la mesa, como hubiera sido que Barcelona se hubiera hecho con la sede de la Agencia Europea del Medicamento. No se trataba de hacer ver que todo era culpa de los independentistas, sino de darle la vuelta, y exhibir que es el Gobierno español el que domina la situación.

Un mal menor, ya, y urgente

Las dudas surgen, precisamente, porque ya no se sabe quién domina el escenario. La decisión del Tribunal Constitucional de este sábado llega precedida de la posición del Consejo de Estado de no avalar el recurso ante el TC contra la sesión de investidura de Carles Puigdemont. Eso ha sido un varapalo que no se entiende en el seno del Gobierno de Mariano Rajoy. Aunque, como ocurre siempre en el PP, se apela al mal menor, a la necesidad de salvar los muebles y apretar ahora los dientes, siempre que se impida que Puigdemont sea el nuevo presidente de la Generalitat.

¿Por qué? Porque sería un volver a empezar, con el expresident pendiente de comparecer ante la justicia española, con la posibilidad de ser inhabilitado, pero con un serio riesgo para el Ejecutivo español de que los delitos de rebelión y de sedición puedan acabar en otra cosa bastante menor, según las fuentes consultadas.

Los jóvenes profesionales 'pasan' del PP

Eso lo ha intuido Puigdemont, que ha iniciado una batalla de alto riesgo para todo el Estado español, de desgaste, y que puede durar en el tiempo.

Nunca antes había ocurrido, y eso es lo que inquieta en el PP, en la sede de Génova, y en el Ejecutivo. En el mercado ha surgido un producto más competitivo, en el mismo flanco ideológico. Se llama Ciudadanos. Un empresario señala que en los despachos profesionales, en bancos de inversión, en el mundo en el que el PP ha tenido siempre una enorme entrada, los jóvenes de treinta y treinta cinco años no tienen ninguna duda: participan, votan a Ciudadanos y están pendientes de Ciudadanos. ¿Dónde? Principalmente en Madrid. ¿Qué le queda al PP? La población más mayor, y la que está muy ideologizada. El trasvase de votos es una cuestión de tiempo, más pronto que tarde.

El tándem con Sáenz de Santamaría hace aguas

Las encuestas que realizan los propios partidos y otros organismos siguen ofreciendo un dato incuestionable: el PP aguanta algo por encima de los 100 diputados. Tiene una base formidable en capitales de provincia, en circunscripciones donde los pocos diputados en juego se siguen repartiendo entre el PP y el PSOE, y con poca entrada de Ciudadanos, por falta de dirigentes locales con incidencia en el territorio. Pero eso no es consuelo. La presión de Albert Rivera, el líder de la formación naranja, comienza a hacer mella.

La cuestión es que es Rajoy, todavía, el único capaz de recomponer mínimamente la situación, en un partido que es el adalid de la jerarquía. El problema es que, nunca como ahora, se habían tomado decisiones prácticamente sin consultar, en un tándem con Sáenz de Santamaría que es muy cuestionado y que, además, comienza a hacer aguas. Si Rajoy decía en una entrevista en Onda Cero que no se podía presentar un recurso frente a “un anuncio”, horas después la vicepresidenta decidía presentarlo --contra la investidura de Puigdemont—, sin asegurarse que tendría el informe favorable del Consejo de Estado, que está presidido por José Manuel Romay Beccaría, uno de los padres políticos del mismo Rajoy.

Ciudadanos, a la busca de dirigentes locales

El cambio en el puesto de jefe de gabinete de Rajoy, de Jorge Moragas, enviado a Washington como embajador español ante la ONU, a José Luis Ayllón, que mantendrá sus tareas como coordinador del Gobierno con el Congreso, no variará las cosas, según las mismas fuentes del partido. De hecho, en toda la etapa de Rajoy se mantiene una constante: “La jefa de gabinete de Rajoy es Sáenz de Santamaría”. Se trata de un modo de tomar decisiones en el que apenas hay consultas, ni participación de otros miembros del Ejecutivo. Y si las cosas salen bien, hay aplausos, en caso contrario aparecen los duros reproches y las broncas internas.

El PP ahora se siente en “tierra de nadie”, porque ni avanza, ni asume con contundencia la dirección política en España, en particular en el caso catalán, que se le escapa de las manos otra vez, ni busca una salida estrictamente política, liderando una reforma del Estado y buscando apoyos sinceros en el PSOE. Tierra de nadie implica que está, ahora sí, a la expectativa de Ciudadanos, que puede doblegar seriamente al PP si en los próximos meses comienza a trabajar la captación de cuadros y dirigentes locales en toda España provenientes del PP.