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El exconsejero de la Generalitat, Germà Gordó, en una imagen de archivo / EFE

Gordó se resiste a retirarse

El exconsejero revivió los viejos tiempos convergentes y movió, sin éxito, los hilos de una candidatura alternativa favorable al derecho a la autodeterminación en el congreso de Centrem

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Sentado en un sillón en el Hotel Hyatt Regency Barcelona Tower de L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona), Germà Gordó movía los hilos de la candidatura alternativa a Àngels Chacón. El exconsejero de la Generalitat intentó hasta el último momento controlar la enésima refundación de Convergència, el partido que pudo liderar si la justicia no le hubiera implicado en el caso 3%. No solo quiso aumentar su presencia en la ejecutiva de Centrem, sino imponer en su ideario político el derecho a la autodeterminación.

No lo logró. Como tampoco se salió con la suya cuando propuso que esta nueva formación se llamara Convergència... o Convergents. Y es que los viejos convergentes, como dice la canción, nunca mueren. Tampoco en Junts per Catalunya (JxCat), como se ha visto en el pacto entre Laura Borràs y Jordi Turull, donde convivirán las dos almas del partido: la más dura y la heredera de aquella CDC fundada por Jordi Pujol.

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Àngels Chacón, en el congreso de Centrem / EFE

Confluencia catalanista

Ocurrió el pasado fin de semana, durante el congreso celebrado para elegir a la ejecutiva de Centrem, una formación que es el resultado de las negociaciones de varios partidos que se conjuraron para crear una nueva confluencia catalanista, alejada de los populismos y de la unilateralidad impuesta por Carles Puigdemont. Conocida es la salida de Chacón del Govern de Quim Torra, donde ocupaba el cargo de consejera de Empresa, por rechazar el desafío secesionista. Igualmente sabida es la trayectoria de Convergents, el partido creado por Gordó (La Pobla de Segur, 1963) y Teresa Pitarch y que, junto a Lliga Democràtica y Lliures, propiciaron el surgimiento de Centrem.

Gordó, exconsejero de Justicia y exdiputado de Junts pel Sí, abandonó el PDECat tras ser imputado en varias causas judiciales relacionadas con el caso 3%, relativo al supuesto cobro de comisiones para financiar a CDC. Pero Gordó nunca ha renunciado a seguir en política. De hecho, el pasado fin de semana actuó como en los mejores tiempos de conspiraciones y maniobras convergentes. Quienes asistieron al congreso de Centrem aseguran que, desde su sofá, “enviaba emisarios para trasladar a Chacón sus exigencias”. Y estas eran que el equipo de Teresa Pitarch obtuviera un cargo más en la ejecutiva y que el ideario programático del nuevo partido incluyera el derecho a la autodeterminación. “O aceptáis o presentamos candidatura alternativa”, fue el mensaje de Gordó.

Chacón se planta

Pero Chacón se plantó. Fuentes del partido explican que la propia Pitarch participó durante tres meses en los trabajos de una ponencia en la que “se huyó del lenguaje procesista, de ahí que se incluyera una referencia a Cataluña y su derecho a decidir de forma libre y soberana su futuro”. Las mismas fuentes aseguran que Gordó intentó que Chacón quedara relegada a un cargo institucional, simbólico. Y que el partido llevara el nombre de Convergència o Convergents.

De hecho, la presencia de Gordó en el congreso sorprendió a los asistentes, pues los veteranos líderes catalanistas que negociaron la creación de Centrem consensuaron que darían un paso al lado. Así, el impulsor de la Lliga, Joan Ramon Bosch, hace tiempo que se mantiene al margen, mientras que Antoni Fernández Teixidó (Lliures) y David Bonvehí (PDECat) no acudieron al cónclave del pasado domingo. Sí lo hizo Gordó, que no estaba invitado. Pero la distancia que le proporcionaba ese sillón del hall del hotel no le impidió asistir a la victoria de Chacón, que obtuvo un 77% de los apoyos (153 votos) frente al 22% de Pitarch (35 votos). A pesar de los telemanejes de Gordó, Chacón no se mostró vengativa con Pitarch. Pero está claro que, como dijo aquel, “la vieja política no acaba de morir ni la nueva termina de nacer”.