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Elisa de la Nuez, abogada del Estado y editora del blog Hay Derecho, durante la entrevista con 'Crónica Global'

De la Nuez: "Los independentistas han reaccionado como españoles de toda la vida"

Elisa de la Nuez, editora del blog 'Hay Derecho', señala que se debe fomentar la competencia para "fomentar la igualdad de oportunidades" ante la imagen que proyecta el "palco del Bernabéu"

12.08.2018 00:00 h.
11 min

Abogada del Esado, Elisa de la Nuez pronuncia con claridad, desgrana lentamente las palabras, pero se anima y coge ritmo. Se acelera cuando quiere contar algo que ve imprescindible que se sepa, por el bien del conjunto de la ciudadanía. Es secretaria general de la Fundación ¿Hay Derecho? que gestiona el blog del mismo nombre, del cual es también editora. Se trata de un éxito en la red, con análisis sobre el estado de la Justicia en España. Acaba de publicar, junto al notario Ignacio Gomá, el libro Contra el capitalismo clientelar (Península), en el que defiende una mayor competencia para que las pequeñas y medianas empresas pueda tener oportunidades frente a las grandes corporaciones que ganan contratos por su proximidad con las administraciones. De la Nuez, que no duda en defender la “independencia” del poder judicial, en una entrevista con Crónica Global, señala que en Cataluña los independentistas “han reaccionado como los españoles de toda la vida”, con un pronunciamiento, sin embargo, “posmoderno”, en alusión al posible delito de rebelión cometido por los dirigentes independentistas.

-- Pregunta: En Hay Derecho han abordado el llamado capitalismo clientelar. ¿Es un problema español notable?

-- Respuesta: Es un concepto que viene del inglés, y no es exclusivo de España ni mucho menos. Es una forma de hacer negocios que favorece a los agentes relacionados con el poder, con concesiones, contratos públicos, subvenciones o regulación. Y tiene que ver con el modelo territorial, con las CCAA, que tienen presupuestos muy grandes y que son más fácilmente capturables por las élites económicas locales por una cuestión de proximidad. Cuando se está más cerca, esa relación se produce con más intensidad. Y luego hay una cuestión importante que lo favorece, que es la falta de planificación, de criterio y de una dirección pública profesional y neutral. Si tienes un plan de infraestructuras y una evaluación rigurosa de las políticas públicas que se desarrollan, como en otros países de la Unión Europea las relaciones de poder influyen menos en ámbitos como el de la contratación pública o las concesiones, son menos fáciles que si no hay directrices o criterios serios. Puedes acabar convenciendo al político de turno de las bondades de construir un aeropuerto en mitad de la nada, por ejemplo, que vas a construir tú, por supuesto. 

-- En realidad, ese es el gran problema, que está relacionado con la financiación irregular de los partidos políticos.

-- Sí, en el capitalismo clientelar suele haber una aportación que fluye hacia los partidos. El capitalismo clientelar y la financiación irregular se los partidos se han relacionado estrechamente en España.

-- ¿Soluciones?

-- La solución siempre es profesionalizar. La ley de contratación pública que tenemos ahora es mucho mejor que la que había antes en ese sentido; esperemos que funcione. Se quejan mucho las empresas y los gestores públicos. Eso es bueno, es señal de que es más transparente y exigente y que fomenta más la competencia. Que tengas muchas empresas en un concurso, que fomentes la concurrencia y la competencia y que seas muy transparente y muy profesional, esa es la vía correcta y la ley va en esa dirección. Además está la posibilidad de revisar las decisiones de los órganos de contratación por tribunales administrativos especializados. Hemos mejorado también en la regulación de la financiación de los partidos. Y después está la parte privada: hay que fomentar una mayor conciencia en el sector empresarial español, en el sentido de que que el capitalismo clientelar es malo para todos. Y además nuestras empresas no lo necesitan, porque en concursos públicos internacionales muchas empresas españolas compiten y ganan sin acudir a esas prácticas.

-- ¿Existe, por tanto esa práctica del "palco del Bernabéu"?

-- Lo que permite el llamado "palco del Bernabéu" (o sus equivalentes autonómicos) es dar una imagen al problema de la proximidad al poder de muchos agentes económicos. Es cierto que en el palco del Bernabeu están todos demasiado juntos, personajes muy importantes de las Administraciones, empresarios privados y hasta jueces y fiscales. Pero esto en sí mismo no quiere decir nada, aunque a mí no me guste, siempre que las reglas y los procedimientos se respeten. Dicho eso, soy contraria a que autoridades importantes estén en el palco, porque no es estético, y las apariencias hay que cuidarlas. 

-- ¿Ese capitalismo clientelar afecta a la igualdad? 

-- Lo que hemos visto que genera el capitalismo clientelar es una asignación de recursos económicos ineficiente e injusta, porque se deja fuera a un tejido empresarial que no tiene acceso al poder, porque son pequeñas empresas o porque no tienen los contactos adecuados o porque no pueden hacer los favores que piden los políticos, y eso impide que ganen concursos públicos empresas que pueden ser las mejores. Es decir, ganan los contratos las empresas que tienen mejor acceso a las Administraciones, pero puede que no sean las mejores. La solución es fomentar la competencia para garantizar la igualdad entre empresas. Fomentar la competencia es fomentar la igualdad de oportunidades  para todos los agentes económicos ya se trate de concursos públicos, de subvenciones o de regulación. Y necesitamos para ello buenos organismos reguladores de la competencia. 

-- ¿Qué indica el éxito de una experiencia como Hay Derecho?

-- Ha sido muy interesante. Creo que había una necesidad en la sociedad española, que quería tener una referencia técnico-jurídica sobre diversas cuestiones de actualidad, muchas de ellas con repercusiones políticas . Hablamos de cosas como la separación de poderes o la neutralidad de las instituciones, que pueden parecer muy abstractas y complejas, pero el caso catalán, por ejemplo, ha puesto de relieve que para un ciudadano normal y corriente son temas importantes. Por ejemplo, ¿puede un ayuntamiento llenar de lazos amarillos un espacio público? El buen funcionamiento de las instituciones es esencial para el ciudadano de a pie. Como sociedad madura tenemos derecho a exigir unas instituciones más modernas, más independientes y más profesionales, ya hablemos de televisiones, de fuerzas de seguridad, de organismos reguladores o de empresas públicas. Como contribuyentes tenemos derecho a ser exigentes. 

-- Y en el caso catalán, precisamente, ¿hubo realmente rebelión?

-- Yo no soy penalista y he leído opiniones técnicas a favor y en contra, aunque me inclino por pensar que no. En todo caso, creo que lo que hemos presenciado ha sido el enésimo pronunciamiento del siglo XIX en el siglo XXI, no con los caballos entrando en el Parlamento, pero con el mismo propósito de derogar la Constitución vigente saltándose los procedimientos de reforma constitucional. En definitiva, como no tengo el consenso (ni los votos) suficiente para una reforma constitucional me salto todas las reglas. Esto es muy español, aquí los independentistas han reaccionado como españoles de toda la vida. Por eso es importante que haya una reforma de la Constitución, porque es necesario demostrar que puede hacerse por los procedimientos en ella previstos, y más allá de temas puntuales como el art. 135 si lo conseguimos será la primera vez que se haga. Tenemos reglas de juego sofisticadas, propias de una democracia avanzada, y no valen los atajos para saltárselas. No hay atajos si queremos hacer reformas en serio, tendremos que iniciar unos procedimientos muy complejos y que requieren mucho consenso y muchos votos. Esto es lo que hay y como ciudadanos de una democracia madura tenemos que aceptarlo. Pero sin pronunciamientos posmodernos de diseño.

-- ¿Qué le parece la decisión del presidente Sánchez de no judicializar más el problema catalán?

-- Pues que habrá que judicializar lo que corresponda y no lo que no proceda. Es decir, que si no se respetan las reglas del Estado de Derecho habrá que acudir a los tribunales, lo que no quiere decir que a la vez no haya que hacer política y proponer cambios que pueden ser muy necesarios. Dicho de otra forma, no se puede negociar con las reglas de juego, pero lo que sí se puede hacer es negociar para cambiar las reglas de juego. Pero por los procedimientos establecidos. ¿Qué es díficil? Pues claro, pero por eso son tan estrictos esos procedimientos y esas reglas, porque fue muy difícil alcanzar el consenso necesario para establecerlos. Parece razonable que para modificarlos necesitemos un consenso igual de amplio y un debate riguroso y en profundidad de los cambios que hay que abordar. Es lo que nos merecemos como sociedad y es lo que debemos exigir a nuestros gobernantes.