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La exconsejera de Presidencia, Meritxell Budó, junto al consejero de Salud, Josep Maria Argimon / FOTOMONTAJE CG

Argimon, al límite entre la presión de Budó y la gestión sanitaria

El consejero de Salud, avalado por Laura Borràs, no esconde su fatiga en un departamento lastrado por la falta de planificación, y donde la exconsejera de Presidencia impuso a su equipo

7 min

Josep Maria Argimon no esconde que se siente incómodo en el cargo. Y aunque su gestión como consejero de Salud es bien valorada, lo cierto es que los rumores sobre un posible relevo se han disparado. Dos son los motivos de esa fatiga: la presión de Meritxell Budó, que ha colocado a su equipo en el sottogoverno del departamento y una gestión económica complicada que los fondos Covid, de momento, amortiguan. Política y gestión se cruzan de forma adversa para Argimon (Barcelona, 1958).

Fuentes sanitarias explican a Crónica Global el difícil papel del conseller en un negociado donde no ha podido crear su propio equipo. Portavoces oficiales de la Consejería han rehusado valorar “rumores” sobre un posible relevo por parte de Budó, cuyo desembarco en los principales puestos del organigrama causó sorpresa en Salud cuando Argimon fue elegido para el cargo el pasado mes de mayo a propuesta de Junts per Catalunya (JxCat).

Diferentes responsabilidades

Argimon había tenido distintas responsabilidades dentro del sistema de salud catalán. Entre septiembre de 2012 y enero del 2016 fue el director de la Agència de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya (AQuAS), y fue aquí cuando comenzó a sufrir los sinsabores de la política. El director del AQuAS y promotor del proyecto VISC+ se vio involucrado en un espinoso asunto de cesión de datos sanitarios anónimos a centros de investigación públicos, que le valieron duras críticas por parte de la oposición parlamentaria, especialmente por parte de la CUP. El proyecto se remontaba al mandato de Boi Ruiz, pero se mantuvo para desespero de los antisistema.

Posteriormente, fue nombrado subdirector del Servei Català de la Salut (CatSalut), hasta que en junio de 2018 accedió a la dirección gerente del Institut Català de la Salut (ICS). Compaginó este cargo desde julio de 2020 con la Secretaría de Salud Pública, que ocupó después de que Joan Guix dejara el puesto por motivos de salud, hecho que dejó su sitio vacante durante tres meses en plena pandemia.

“A Argimon no le gusta la política. Y sufre los enfrentamientos existentes en Junts per Catalunya. Solo cuenta con el apoyo de Laura Borràs, mientras que Budó ha colocado a todo su equipo. Si él se va, ella solo tiene que dar un pasito”, explican las citadas fuentes sanitarias.

El golpe de efecto de Borràs

Se refieren al golpe de efecto que, durante la campaña electoral, dio Laura Borràs, quien enfrentada al sector integrado por la old Convergència, como Budó o Damià Calvet, aseguró que propondría a Argimon como consejero si lograba tener responsabilidades de gobierno.

Josep Maria Argimon, secretario de Salud Pública de la Generalitat, junto al vicepresidente de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonès
Josep Maria Argimon, secretario de Salud Pública de la Generalitat, junto al presidente de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonès / EP

Borràs no las tuvo, pues muy a su pesar --según confesó ella misma-- quedó fuera del Govern y asumió el cargo de presidenta del Parlament. Por el contrario, el nombre de Argimon (JxCat) se mantuvo como candidato --que pasaba a hacerse cargo de un departamento dirigido por ERC--, aunque durante las negociaciones para formar gobierno también apareció el nombre de Budó, exconsejera de Presidencia y licenciada en Farmacia.

Finalmente, los duros de Borràs se impusieron, pero no parece que al epidemiólogo Argimon le entusiasmara, a pesar de ser definido como "una persona ambiciosa" por algunos allegados. Y menos cuando, a los pocos días, Budó desembarcó en el departamento junto a personas de su máxima confianza. La exconsejera es actualmente secretaria de Atención Sanitaria y participación, pero colocó como secretaria general, es decir, número dos de Salud a Meritxell Masó, que había ocupado ese puesto en la Consejería de Presidencia. Asimismo, la jefa de gabinete de Argimon es Montserrat Morante, afín a Budó. Y al frente de la dirección de Servicios --no existe propiamente una gerencia en la consejería, pero este negociado es lo más parecido--, está Josefina Valls, exdirectora de Servicios de la Consejería de Gobernación. “Argimon tiene pocos apoyos en las direcciones generales”, aseguran las citadas fuentes.

"Ser consejero es aburrido"

“Ser consejero es aburrido”, dijo Josep Maria Argimon en un programa matinal de TV3, lo que despertó las alarmas y algún que otro reproche en las redes sociales. ¿Sinceridad o frivolidad? Lo cierto es que Argimon --que durante meses fue el "Fernando Simón" catalán-- ha comunicado bien la incidencia del Covid en Cataluña y cuando se ha equivocado,, lo ha admitido.

Pero una cosa es la disciplina estrictamente sanitaria y otra, la gestión económica en un departamento que todavía no se ha recuperado de los recortes aplicados durante el gobierno de Artur Mas. Los fondos Covid han amortiguado esas carencias, que se traducen en falta de planificación. Ayer, la Generalitat se comprometía a aumentar en 5.000 millones el presupuesto de Sanidad durante los próximos cinco años, destinar un 25% del mismo a la atención primaria e incrementar en 80 millones el presupuesto de la red de salud mental a lo largo de la legislatura. Todo ello en el marco de un Plan de Govern sin presupuestos para 2021. Habrá que esperar a 2022 para comprobar si, finalmente, se aprueban unas nuevas cuentas. Pero en el departamento existe bastante pesimismo al respecto.